Economía

Alza en costo de alimentos asfixia hogares nicaragüenses

El costo de la canasta básica supera en más de 6600 córdobas al salario mínimo más alto vigente en Nicaragua

El costo de la canasta básica del mes de abril, supera en más de 6600 córdobas, al más alto de los diez salarios mínimos vigentes en Nicaragua, que es el que reciben los trabajadores de la construcción, los establecimientos financieros y los seguros. La brecha se eleva hasta casi 12,500 córdobas, si se le compara con el más bajo de todos, que es el que se paga en el sector agropecuario.

Aunque la brecha entre ambos indicadores es motivo de discusión perenne entre trabajadores y empleadores, la combinación de una canasta básica que sube de precio a una velocidad mayor a la que se corrigen los salarios mínimos, impulsada por un alza imparable de la tasa de precios al consumidor, que llegó a 4.05% en abril, se traducen en una angustia constante para las cabezas de familia que deben resolver el día a día, sí o sí.

Esa sensación de asfixia económica golpea más a quienes menos tienen. CONFIDENCIAL habló con dos amas de casa y un trabajador subempleado, quienes narraron las dificultades que deben sortear para tratar de frenar el deterioro de su nivel de vida, mientras observan cómo es cada vez más difícil poder llevar dinero a casa.

Si bien los tres grandes ítems de la canasta básica (‘alimentos’, ‘productos de uso en el hogar’, y ‘vestuario’) reportaron alzas en el primer cuatrimestre del año, el componente que engloba los ingredientes necesarios para servir tres platos de comida al día a la familia, es el que más preocupa a las amas de casa, en especial, al comparar cómo se ha elevado ese renglón en lo que va de 2022.

Al cierre de diciembre de 2021, una familia necesitaba 11,096.45 córdobas para adquirir la canasta de 23 productos (cuatro alimentos básicos, cuatro tipos de carne, cereales, lácteos, huevos, y ocho perecederos distintos), pero al terminar el mes de abril se requerían 11,976.6 córdobas para comprar la misma cantidad de lo mismo, lo que implica un aumento de 880.15 córdobas, o sea, 7.9% más.

El economista Marco Aurelio Peña, especialista en Desarrollo Económico, no considera que el 4.05% de inflación acumulada al mes de abril que reporta el Banco Central de Nicaragua (BCN), sea “galopante”, pero sí reconoce que “castiga el poder adquisitivo de los nicas, porque los salarios nominales no registran alzas que sean proporcionales con el aumento de los precios”.

Huevos y frijoles cocidos para sobrevivir

La historia de Geovannia coincide con lo declarado por Peña. Esta ama de casa, madre de dos hijas adultas, es graduada en ingeniería, pero como no encontró trabajo en su profesión, en algún momento comenzó a hacer manualidades, y como le iba aceptablemente bien para complementar los ingresos de su esposo, no volvió a buscar trabajo en lo suyo.

En la última visita que hizo a la pulpería de la esquina la semana pasada, encontró que la libra de frijoles, que costaba 20 córdobas, había subido a 24; que el mejor arroz ya había llegado a 20 córdobas, mientras que el de más baja calidad estaba en 15; que por un litro de aceite de barril le pedían 80 córdobas, y que el queso ya ofrecía un respiro: 75 córdobas la libra, en vez de los 80 a 90 en que llegó a cotizarse.

Aunque no es su caso, refiere que ve cómo algunos de sus vecinos compran diez córdobas de frijoles cocidos y dos huevos para sobrevivir un día más.

“Mi hija menor –que trabaja en una empresa privada– recibe una provisión en su trabajo, y la compartimos con otra hija, mi suegra, y un vecino que está en necesidad”, relata.

Las cosas no son para nada distintas si decide comprar en un supermercado, pensando que logrará generar algún ahorro, porque “antes, una gira al súper nos salía en 2500 córdobas. Ahora, con solo comprar algunos elementos básicos, llegás fácilmente a 1200 o 1500 córdobas, así que lo que hacemos es comprar menos de lo que necesitamos”, explica.

Su habilidad para las manualidades, que le permitía generar un ingreso adicional, es una actividad que está en declive, porque “desde el año pasado recibo menos solicitudes para mis productos”, pues la gente a veces prefiere comprar adornos chinos, que son más baratos; y también porque no tienen mucho para gastar en decoraciones. “Prefieren hacer una fiesta sencilla, siendo que no hay tanto dinero para destinarlo a celebraciones”, explicó.

El economista Peña señala que el aumento de la inflación se considera “un impuesto para el ciudadano de a pie”, que tiene que destinar un porcentaje cada vez mayor de su ingreso para comprar la cesta de consumo… si un litro de leche sube de 30 a 40 córdobas, el IVA que se le pagará al Gobierno tendrá que calcularse contra un precio de mercado mucho mayor, y ese aumento de la recaudación ocurre en detrimento del nivel de vida de los ciudadanos”, denunció.

Comida, en vez de perfumes y cosméticos

Elena es otra madre de familia, como Geovannia, solo que ella tiene tres hijos pequeños (los dos mayores, de 9 y 5 años de edad, están ya en la escuela), y no tiene un compañero con quien compartir el peso de mantener el hogar.

Ir de compras a las pulperías de su barrio es una fuente de angustia constante, en especial al constatar que lo único que ha bajado de precio es el queso, que ya puede comprar a 70 córdobas la libra, aunque eso es notablemente más caro que una libra de pechuga de pollo, que cuesta 56 córdobas, mientras que por una libra de frijoles le piden 24 córdobas.

Si la opción es comprar huevos, debe decidir si va al mercado y desembolsa de una vez 135 córdobas para comprar la cajilla de treinta unidades, o paga seis córdobas por huevo en las ventas cercanas a su casa. Dado que el litro de aceite ya casi llega a 90 córdobas, se está decantando por darle a sus hijos maduro cocido, en vez de maduro frito; frijoles cocidos, en vez de frijoles fritos, o buscar otras formas de preparar el pollo, aunque admite que hay comidas –como el arroz– que no puede dejar de freír.

Febrero tuvo su propio motivo de preocupación, cuando llegó el momento de visitar las tiendas y los tramos del mercado Iván Montenegro, para comprar los uniformes y útiles escolares de sus hijos, además de los zapatos de cada uno, hallando que el pantalón que antes compraba con 250 córdobas, ahora costaba 280. Lo mismo pasó con las camisas, las camisetas, las mochilas, y los cuadernos, que un año antes salían a 19 córdobas si se compraban por docena, pero ahora salen a 32 córdobas, si se adquiere la misma cantidad.

Después que dejó de vender perfumes y cosméticos “pues la gente no tiene dinero para eso, porque tienen que priorizar la comida”, Elena se dedicó por entero a atender la venta de frutas y verduras que puso en su casa, donde a veces vende 80 córdobas en un día, aunque hay otras jornadas que cierran con ventas por 500 a 600 córdobas, aunque “lo normal es que sean 300”.

Cualquiera que sea el monto vendido en el día, de ahí tiene que pagar los pasajes para llevar –y traer– a los niños al colegio, comprar los alimentos del día, y pagar el préstamo que recibió de una empresa de microfinanzas. Más los intereses.

El problema es cuando uno de sus niños se enferma, como hace un mes en que su niña tuvo neumonía, porque “las medicinas están caras”, y aunque en el hospital le dieron algunos de los medicamentos que recetó el doctor, “tuve que comprar algunas por mi cuenta para nebulizarla y mantener su tratamiento, y ahora le doy vitaminas para fortalecerla. Lo que hago es cuidar mejor a los niños, para que no se me enferme ninguno”, relata.

Lo que vive Elena es una advertencia de la posibilidad de que lleguen tiempos peores, porque el aumento de los precios “es uno de los elementos principales que podría generar recesión… tanto en Nicaragua como en el mundo”, explica el nicaragüense Julio Sevilla, profesor de Negocios de la Universidad de Georgia, Estados Unidos.

Cuando comenzó a aflojar la pandemia se esperaba que se desacelerara la inflación, pero eso no ocurrió porque la agresión de Rusia a Ucrania elevó los precios de la economía global, comenzando por el petróleo, cuyo precio podría volver a subir. Pagar más por un barril de petróleo frena el dinamismo económico, porque “el dinero que podría quedar en el país para mover la economía, saldrá para pagar a los exportadores”, recordó el catedrátrico.

Sin protección, ni pago de horas extras

Según el informe ‘Estado de la Economía y Perspectivas’ a mayo de 2022, publicado por el BCN, el Índice Mensual de la Actividad Económica (IMAE), registraba en febrero un crecimiento interanual de 4.7%; al cerrar el primer trimestre, la tasa de desempleo se ubicaba en 4.2%, mientras crecía en 20,601 el número de afiliaciones a la seguridad social.

Una vez más, las estadísticas que publica el BCN –o cualquier dependencia del Gobierno de Nicaragua– no parecen tener relación con la realidad que vive la mayor parte de los nicaragüenses.

Es el caso de Léster, un hombre que todavía no llega a los treinta años, del mismo modo que no llegó a completar la secundaria, y que tiene que trabajar “en lo que salga”, si quiere proveer a sus cuatro hijos, aunque sea lo básico.

“Metí papeles en varios lugares: busqué un puesto en el área de mantenimiento de una zona franca que hay en Las Brisas (Managua), y también en proyectos de construcción, pero en ninguno me aceptaron. La respuesta es que no hay presupuesto, o que están haciendo recortes de personal”, relata.

Hace algunos meses logró que lo contrataran por varias semanas en un proyecto de la Alcaldía de Managua –ejecutado por un contratista privado– para meter tubería de agua potable en barrios de la capital, ganando 300 córdobas por día trabajado, sin contrato ni seguro social. Con hora de entrada, pero no de salida.

“Si te dejan trabajando de noche, con costo te dan la cena, y cuando llega el día de pago, le pagan primero a los que son más cercanos a ellos, porque tienen tiempo de trabajar juntos, pero a los que somos contratados de forma ocasional no nos pagan horas extras, y siempre somos los últimos en recibir el pago. Si te hacen trabajar domingo, tampoco pagan horas extra, o cuando mucho, cien córdobas de más. Si reclamás, te dicen ‘si te gusta, bueno, y si no podés irte’”, denunció.

Estos contratistas no cumplen las medidas de seguridad laboral, porque no entregan chalecos reflectores para trabajar de noche, “incluso cuando se labora junto a maquinaria pesada”. Tampoco proveen cascos, guantes, gafas protectoras, mascarillas. “En la mayoría de los casos, uno tiene que llevar sus propios equipos de protección personal, y una camisa extra para protegerte del polvo o del sol”, relata.

En su caso, la alternativa es salir con un carretón a comprar material reciclable para venderlo a las chatarreras. “Antes salía a vender helados, pero ahora piden más requisitos, además que cada vez se vende menos. A veces, con suerte, uno puede ganar 500 córdobas al día, pero si te va mal, solo 100 a 200 después de asolearte todo el día, caminar kilómetros y kilómetros, y correr el riesgo de que te asalten, o que se descongele el producto”, enumera.

El economista Peña recuerda que en las encuestas hechas en el país, la ciudadanía identificaba al desempleo como el problema principal, por encima incluso de la política. En contraste, “el Gobierno dice que no hay por qué preocuparnos por el desempleo, pues aseguran que ni siquiera en tiempos de crisis -ni durante la recesión de 2018 a 2020- se llegó al 10%”, señala irónico.

“Eso no es congruente con la percepción de los nicas sobre su propia realidad económica, aunque si hicieran esta encuesta ahora, la gente se quejaría más de los precios. El Gobierno dice que el PIB crecerá entre 4.0% y 5.0%, como si todo estuviera bien, pero lo que vemos es que la gente sigue saliendo del país por miles”, añadió el experto.

Aunque prefiere seguir buscando trabajo en su propia tierra, Léster no descarta emigrar para ver si en otro país, encuentra lo que el suyo ya no le ofrece más: oportunidades.


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