Economía

Crisis golpea a sectores medios y pequeñas empresas turísticas

La resiliencia de los emprendedores: “Quiero seguir cerca de mi familia, y prefiero buscar otro emprendimiento para volver a comenzar aquí”

Las crisis consecutivas que ha vivido Nicaragua desde 2018 se han cebado en las empresas, en especial, las más pequeñas, afectando tanto a la clase media que busca oportunidades en el emprendimiento, como entre el personal de oficina que depende de esas iniciativas para obtener un empleo.

Cuando el mundo entero sufrió distintos niveles de parálisis a partir de 2020, con el inicio de la pandemia de covid-19, Nicaragua estaba entrando a su primer año de depresión económica, producto de la crisis política que estalló en 2018, a la que le siguió una de tipo socioeconómico, que se extendió hasta 2020, y representó el cierre de miles de empresas, y con ello, la destrucción de centenares de miles de empleos.

Esa pérdida de empleos –y con ello, la disminución del consumo privado– golpearon muchas actividades de la economía nacional, en especial al turismo: si en 2017, el país recibió a casi 1.9 millones de turistas, ese número había caído hasta los 312 000 en 2021, lo que representa un descenso del 83.2%, según datos publicados por el Banco Central de Nicaragua (BCN).

El primer golpe que sufrió la actividad turística fue significativo (534 000 visitantes, o -28.7%) en 2018, y si los datos muestran una ligera recuperación del 2.9% en 2019, la pandemia vino a dar un mazazo del que aún no se recuperan los empresarios turísticos, toda vez que en 2020, el país recibió 919 600 turistas menos que en 2019, lo que representa un descenso de 67.2%.

De forma adicional, la decisión de varias aerolíneas internacionales de no volver al país hasta que se flexibilizaran las estrictas medidas con las que el Gobierno de Daniel Ortega supuestamente quería frenar el contagio de covid-19 (mientras en paralelo organizaban todo tipo de actividades masivas invocando cualquier excusa), impidió que la industria aérea ayudara en la recuperación de ese sector.

CONFIDENCIAL habló con dos pequeños empresarios que tuvieron que cerrar sus negocios, al verse imposibilitados de seguir operando en el país. Uno de ellos, al ser víctima de la represión política. El otro, simplemente porque la crisis causada por el SARS – CoV – 2, hizo inviable seguir trabajando.

Sin tiempo para arreglar nada

En el año 2000, Alfredo Gutiérrez fundó Gutiérrez Tours, una turoperadora destinada a atender al entonces creciente número de turistas que llegaban al país. Su dueño relata a CONFIDENCIAL –desde el exilio en Estados Unidos– que estuvieron dos décadas en el mercado promoviendo el destino Nicaragua, atendiendo fundamentalmente a viajeros de Estados Unidos (80%), así como de Inglaterra y España, entre otros.

Dado que eran una microempresa, lo más que llegó a tener fueron siete empleados, “en las épocas de mayor movimiento y estabilidad”, básicamente porque su labor es subcontratar a empresas del circuito turístico: hoteles, transporte acuático terrestre y aéreo, guías, reservas privadas, taxistas, grupos de danza, restaurantes, bares, etc., y articular un paquete para venderlo a los emisores mayoristas, que lo revenden a sus clientes.

Casi dos décadas después, en 2017, cuando su actividad política ya era más notoria, Gutiérrez fundó una compañía vinculada a la construcción, a la que llamó Piedra Arte de Nicaragua. Recuerda que “trajimos tecnología y ‘know how’ argentino, para fabricar piedras artificiales para la fachaleta de construcciones verticales como casas, oficinas o edificios. El negocio estaba comenzando a madurar, cuando estalló la Rebelión de Abril de 2018”.

La zozobra causada por la decisión de Daniel Ortega y Rosario Murillo de frenar a balazos los ímpetus de libertad de la ciudadanía nicaragüense, derivó en un frenazo que afectó a muchos negocios, incluyendo los dos de Gutiérrez, que debió cancelar varios tours que ya estaban contratados y pagados por adelantado.

Cuando los noticieros internacionales comenzaron a mostrar la crueldad de la masacre perpetrada por el régimen, el empresario comenzó a recibir llamadas de sus socios extranjeros preguntando por la situación en el país, y aunque se dieron unos días de margen para ver si las aguas se calmaban, al final pidieron la devolución del dinero, lo que dejó a la pequeña empresa sin margen ni ningún tipo de operación.

En el caso de Piedra Arte, recuerda que en marzo de 2018 tenían una pequeña base de clientes que daban estabilidad a la empresa, en referencia a un contrato de compraventa que ya habían firmado con una urbanizadora, y otro que estaban a punto de firmar en abril, pero “ambas decidieron suspender temporalmente sus pedidos, en un momento en que ya habíamos invertido para comenzar a cumplir lo contratado”, recuerda.

Antes que terminara abril, la urbanizadora con la que ya habían firmado, les notificó que dejaban sin efecto el contrato, lo que generó pérdidas porque ya habían invertido para acumular inventario. La otra empresa también les notificó que ya no habría acuerdo, “porque no había ambiente para seguir con los proyectos”, refirió.

Ante esa realidad, a finales de mayo tuvieron que desmontar la fábrica y enviar al personal a retiro. Recuerda que hicieron otro intento a mediados de junio, disminuyendo costos fijos para fabricar por pedido, hasta que la crisis económica que surgió como resultado de la crisis política, hizo que sus emprendimientos fueran inviables.

Lo siguiente sería el atentado contra su integridad física, cuando un francotirador le disparó en la Marcha de las Flores y después contra su familia, cuando llegaron a su casa a disparar con fusiles AK, la noche del ataque a la parroquia de la Divina Misericordia, por lo que decidió exiliarse en Estados Unidos, donde tuvo que trabajar como ayudante y como albañil; y en pintura y limpieza de casas, aunque ahora administra una empresa de construcción.

Al irse, no hubo tiempo para cerrar sus empresas, ni para pagar deudas, o llevarse el capital que tenía en las cuentas bancarias, porque “no pude hacer trámites de cierre, así que todo quedó en el aire”, asegura.

Una apuesta muy arriesgada

En octubre de 2019, mientras cada actor de la economía nicaragüense buscaba cómo seguir operando en una situación de recesión económica, Benjamín Delgadillo y su cuñada María Lourdes decidieron fundar la turoperadora Exclusive Nica Explorer, “para mostrar la otra parte de León, porque los turistas conocen solo el Cerro Negro, la Catedral y las playas”, relató.

No fue una decisión tomada a la ligera, sino una en la que aprovecharon no solo el hecho que María Lourdes es licenciada en Administración Turística y Hotelera, sino que también se apoyaron en el conocimiento de profesores y expertos universitarios para diseñar y ofrecer el mejor producto posible.

De ahí nació una operadora turística dedicada a mostrar el bagaje cultural de la ciudad, en contraposición a aquellas que programan rápidas visitas a los museos, aunque reconociendo el potente reclamo que significa la propuesta de hacer sandboarding (surfear sobre arena) en el Volcán Cerro Negro, así como hacer un tour por la Catedral, o visitar las hermosas playas del Pacífico leonés.

El resultado fue que a inicios de diciembre comenzaron a recibir bastantes llamadas, pese a que, formalmente, la economía estaba en recesión, y a punto de entrar en depresión. La razón para esa demanda por sus servicios es que “nuestra oferta cultural gustaba”, lo que los llevó a atender a turistas israelíes, colombianos, chilenos y nicaragüenses, en este caso, nicas que los contrataron por su cuenta, aunque también ofrecieron paquetes para el personal de las empresas.

Todo eso cambió a partir de marzo de 2020, cuando la pandemia les quitó lo que habían logrado construir. “La llegada del covid – 19 nos fue quitando lo que teníamos”, dice Delgadillo, y aunque pensaron que podrían contar con el apoyo financiero que ofreció el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), a través de la banca nacional, prontamente aprendieron que eso no sería así.

“Pensamos que esos recursos nos ayudarían a levantarnos, así que pedimos 10 000 dólares, pero aunque esos préstamos eran sin garantías, los bancos nos las pedían como si fuéramos grandes empresas, lo que llevó a que muchos cerráramos”, refiere.

En su caso, esperaban conseguir ese monto para comprar un vehículo de segunda mano que les permitiera visitar empresas fuera de León, además de adquirir material para acampar, para deslizarse en la arena, y contratar publicidad, pero les pedían propiedades que pudieran dejar en garantía; y que el vehículo fuera muy reciente, pero “esos cuestan más de los USD 10 000 que estábamos pidiendo”, rememora.

A pesar de esa frustración, decidieron seguir trabajando por su cuenta, usando sus propios recursos, y aunque lograron contratar algunos tours, tuvieron que cerrar en 2021.

Ahora, él trabaja en un restaurante propiedad de su familia, y ella como ejecutiva de ventas en una empresa ferretera. Aunque centenares de miles de nicaragüenses han puesto su esperanza en las oportunidades que ofrecen las economías de otros países, Delgadillo no se plantea salir de Nicaragua porque “quiero seguir cerca de mi familia, y prefiero buscar otro emprendimiento para volver a comenzar aquí”.


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