Economía

Nicaragua después del 7N: Irse o quedarse “con las botas puestas”

Desde el 18 de abril de 2018 el rumbo de Nicaragua y la vida de miles de ciudadanos cambió para siempre. Tras la brutal represión y matanza que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó contra la población que empezó a manifestarse por todo el territorio nacional, la crisis sociopolítica y económica ha afectado a cientos de miles de hogares. La pandemia y la falta de respuesta del régimen, sumada a la reciente farsa electoral y al desconocimiento de la comunidad internacional, aumenta la incertidumbre, mientras los ingresos cada vez ajustan menos para los gastos.

¿Cómo ven los nicaragüenses su vida en el futuro inmediato? Un universitario, una ingeniera emprendedora, un taxista, un microempresario y una trabajadora del Estado cuentan qué esperan ante la continuidad de Daniel Ortega en el poder, tras su reelección para un cuarto período presidencial consecutivo, en unas votaciones controladas por el Frente Sandinista y sin competencia electoral, tras las que además persisten la persecución política del régimen.

En este reportaje especial de CONFIDENCIAL, también conversamos con economistas y expertos en finanzas sobre qué hay detrás de las cifras de supuesto crecimiento económico y las promesas oficiales; y escuchamos a comerciantes y consumidores sobre el costo de la vida en Nicaragua, además de consultar a nuestros lectores cuál es el panorama que ven para el país y cuáles son sus planes.

Estudiante universitario: “Lo mejor que podría pasarme es ganar una beca e irme lejos a prepararme”

“David” estudiaba en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) en 2018, y tras el estallido social tuvo que dejar sus estudios en Managua. En su casa le tenían prohibido salir, pero aun así se involucró en algunas protestas. “A veces me escapaba, pero mi mamá tenía horror que le dijeran que me habían asesinado”, recuerda. 

Ante la represión y masacre contra los jóvenes y estudiantes, “David” decidió quedarse en su casa, en Diriamba, Carazo, y desde ahí participó en marchas, en puestos médicos y una que otra vez en las barricadas y tranques levantados por toda la ciudad.

“El día de la Operación Limpieza fue espantoso. Amanecimos bajo balas y como pudimos algunos huimos de la ciudad. Por veredas me tuve que ir a Costa Rica”, describe.  Ahí estuvo hasta diciembre de 2019 y en enero de 2020 decidió volver a Nicaragua. “Siempre con temor, pero por dicha mi rostro no fue muy visible en las protestas”, explica. 

Al regresar, “David” volvió a estudiar en otra universidad pública, y en otra ciudad. No quiere dar detalles porque teme que lo expulsen. Además, estudia inglés por su cuenta. “Inicié clases de inglés para quizás ganar dinero y trabajar en un call center, pero ahora también lo veo como una oportunidad para irme a buscar la vida fuera del país. No hay mucho que hacer en Nicaragua, si tomamos en cuenta que se vienen mínimo cinco años más de dictadura”, argumenta. 

Con franqueza, admite que no se volvió a vincular a los movimientos universitarios de Carazo a los cuales perteneció, porque tres años después del estallido social, los protagonistas “tienen miedo y están muy dispersos”. 

"Quisiera ganarme una beca e irme lejos a prepararme para tener un mejor futuro que en este país no tendré"

"David", estudiante universitario.

“Muchos se han ido del país a trabajar, dejaron sus estudios y ahora se dedican a ganarse la vida como pueden. Algunos, muy pocos, están estudiando en Nicaragua o en el extranjero. En mi caso quisiera ganarme una beca e irme lejos a prepararme para tener un mejor futuro que en este país no tendré, insiste. 

Para “David”, en Nicaragua “no hay futuro”, por la represión y el Estado policial que enfrenta la población. “Vemos que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo se engaña sola, pero mantiene sometida a la población por la fuerza. Es triste, pero por ahora nos toca quedarnos callados y sobrevivir”, lamenta.

Ingeniera y emprendedora: “Me voy a España a trabajar con la esperanza de volver a Nicaragua”

Este diciembre, “Judith” espera salir de Nicaragua y viajar a España. Estará donde unos familiares que se fueron desde hace varios años; mientras su pareja se quedará en el país con un empleo temporal y “sacando adelante” el emprendimiento que montaron en 2017: una pequeña distribuidora de productos tecnológicos en Managua. 

Hasta hace seis meses tenía un empleo fijo en el que “ganaba bastante bien”, pero la situación económica “ha empezado a desmejorar” y antes de gastarse todos sus ahorros, prefiere “buscar otro rumbo”.

Esta joven originaria de Masaya es ingeniera y actualmente trabaja brindando consultorías. Se ha desempeñado en “muchas empresas” de minería y construcción para ganarse la vida. 

Entre 2012 y 2014 trabajó en un proyecto estatal. “Sentía que era una buena oportunidad, pero después llegó el momento en que se nos empezó a invitar, aunque sabíamos que era una orden, para participar en reuniones políticas”, recuerda. 

Casi todos los fines de semana la obligaban a participar en entrega de paquetes alimentarios a adultos, discapacitados, enfermos. “A todos les teníamos que repetir el discurso de que esta era una ayuda por la restitución de sus derechos (…) y otras consignas partidarias”, afirma. 

Por eso renunció y buscó oportunidades en empresas privadas, donde la mayoría de contratos son temporales o por consultorías de seis meses, a veces renovables. 

“A pesar de todo seguimos teniendo la esperanza tonta de que la situación cambie”.

"Judith", ingeniera y emprendedora.

Ella y su pareja, ambos ingenieros, venden accesorios para computadoras y otros productos de tecnología. “Nos iba muy bien, pero empezaron a bajar las ventas. Lo mantenemos porque tenemos bastante inventario, pero muchos clientes se nos han ido”, lamenta. 

En 2018, “Judith” se involucró en las protestas ayudando a los universitarios que se alzaron contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. “Recogía donaciones de familiares y amigos en el extranjero para ayudarles, incluso buscándoles casas de seguridad para resguardarse”, cuenta.

Detalla que su familia “está dividida” porque, aunque todos eran sandinistas, desde las protestas una gran parte “abrió los ojos” tras la brutal represión del régimen contra los manifestantes. 

Ella cree que “las cosas se van a poner más duras, en todos los sentidos, pero en especial en la parte económica”. Dice que junto a su pareja esperarán para ver “si las cosas mejoran o empeoran”, para valorar si ambos se van de forma definitiva. 

“A pesar de todo seguimos teniendo la esperanza tonta de que la situación cambie”, menciona.

Trabajadora del Estado: “No podemos ni quejarnos porque nos vuelan la cabeza”

“Mariela” es trabajadora del Instituto Nicaragüense del Seguro Social (INSS) de Granada desde hace más de una década. Aunque ella nunca opinó a favor de ningún partido político, asegura que ha tenido que “aguantar” que el Gobierno de Daniel Ortega “haga lo que quiera en la institución”

“Nos convocan cuando quieren a salir a marchar, a caravanas, a visitas casa a casa. Con sol, con lluvia, de noche o de madrugada. Hay un irrespeto tremendo y un abuso de los trabajadores públicos”, critica.

Explica que lo más reciente lo vivió el día de las votaciones, cuando fue “arengada” para que saliera a votar. Lo hizo temprano y tuvo que mandar su foto de prueba con el dedo manchado. Asegura que su familia ha sido sandinista, pero confiesa que ella está “harta”

“Mariela” asegura que no renuncia porque “uno no tiene donde ir, por miedo también de que te señalen de traidora o de que le hagan algo a tu familia”. “No podemos ni quejarnos de nada porque nos vuelan la cabeza”, denuncia. 

Comenta que tiene varios parientes trabajando para el Estado y aunque “ellos sí creen en Daniel Ortega”, a veces “son críticos” porque les cansa “el abuso y la confusión Estado-partido”.

“En las casas con la familia uno cuestiona y critica, porque todos sabemos que hay muchas cosas que están haciendo mal y que las elecciones fueron un circo porque ya estaba todo amarrado, pero nadie se atreve a decir nada en el trabajo o en la calle porque hay orejas (espías) por todos lados”, explica. 

Por ejemplo, días antes de los comicios, nos advirtieron que ellos tenían vigilancia y sabrían por quién votaríamos. “Siempre hay advertencias de qué hacemos, qué ponemos en redes, si nos sumamos o no a compartir lo que nos mandan a decir. Los trabajadores vivimos presionados todo el tiempo, no nos juzgan tanto por el trabajo que hacemos, sino por lo leales que quieren que seamos al FSLN”, lamenta.

“Quisiera poder renunciar, pero supongo que me gana el miedo, porque eso podría significar mi perdición”.

"Mariela", trabajadora del Estado.

Entre algunos trabajadores, asegura “Mariela” impera “la obediencia absoluta” y el “silencio total” cuando reciben órdenes partidarias en lugar de laborales y se imagina que eso seguirá pasando. 

No sabe si Nicaragua ni ella misma “podrá aguantar cinco años más del Gobierno de Ortega y Murillo”. Pero tampoco tiene muchas opciones porque no tiene dinero para irse del país junto con su familia. “Quisiera poder renunciar, pero supongo que me gana el miedo, porque eso podría significar mi perdición”, advierte.

Taxista: “Con Ortega aferrado al poder, Nicaragua solamente puede ir para peor”

Desde hace dos años, “Guillermo” perdió su empleo. Trabajaba como cajero en un banco y ahora se dedica a manejar un taxi en Estelí. Asegura que le dolió mucho cuando lo despidieron.

“Nunca me habían corrido de ningún lugar, pero en esa ocasión nos fuimos casi todos, porque primero redujeron el personal de la sucursal y después la cerraron de forma definitiva”, recuerda. 

Manejar un carro no estaba en sus planes, pero el dueño de un vehículo le vendió “barato” el taxi y la concesión.

“Me dijo que vendía el taxi porque la gasolina subía cada semana y ya no soportaba, así que pensé que me estaba metiendo a un mal negocio, pero era mejor intentarlo que quedarme en casa gastando la liquidación”, explica. 

“Guillermo” siente que le ha ido “bien”. “Al menos saco para comer y sobrevivir junto con mi abuela y mi hermano, a quienes tengo a cargo”, expresa. Insiste que el alza de los combustibles lo “afectó por muchos meses” y aunque ahora el régimen congeló los precios, cree que “será una medida temporal que en cualquier momento revierten”. Y teme que vengan alzas mayores. 

“Este país va mal desde que Daniel Ortega está aferrado al poder y solo puede ir para peor. Es increíble como no se dan cuenta de lo mal que va todo, yo lo que más temo es un bloqueo internacional como el que vivió ya Nicaragua o como Cuba”, reflexiona. 

Sin embargo, admite que por su abuela, por ahora, no se puede ir del país. “Mi hermano es joven y él quiere trabajar fuera, pero yo le digo que aguante un poco. No sabemos qué va a pasar”, explica.

“Guillermo” tiene como su principal regla en el taxi no hablar de política. Aunque hace unos años era algo de lo que conversaba incluso en bares, ahora evita hacerlo “porque hay espías por todos lados”. 

Sin embargo, está consciente de que lo que se cometió el 7 de noviembre fue un “fraude descarado” y ya se esperaba la reacción de desconocimiento de muchos países. “Eliminaron a todos los candidatos opositores y eso es algo de lo que están conscientes los mismos sandinistas, pero muchos siguen ahí por necesidad de un trabajo”, opina. 

“Este país va mal desde que Daniel Ortega está aferrado al poder y solo puede ir para peor. Es increíble como no se dan cuenta de lo mal que va todo, yo lo que más temo es un bloqueo internacional como el que vivió ya Nicaragua o como Cuba"

"Guillermo", taxista después de perder su empleo en un banco.

Comenta que las palabras que más escucha de los pasajeros del taxi son “incertidumbre”, “pobreza”, “miedo”, “terror” … Y él agrega: “cambio”.

Microempresario ferretero: “Me quiero quedar en Nicaragua con las botas puestas”

“Fabián” tiene 54 años. Desde hace 20 años tiene una pequeña empresa ferretera con dos sucursales. Una en Managua y otra en Ciudad Sandino. Dice que estaban trabajando “relativamente bien” hasta 2018, “cuando el país se sumergió en una crisis eterna”. 

En la ferretería principal, pasaron de tener trece empleados a diez; y ahora solo quedan seis. Mientras, la sucursal de Ciudad Sandino la tuvo que “cerrar”. “Fabián” detalla que la volvió a abrir “pidiendo una licencia de cuota fija” y de cinco trabajadores ahora solo quedan dos. 

“Llegué a un arreglo con mis colaboradores y es que por ahora no los puedo incluir en la Seguridad Social. Ellos aceptaron, pero estoy haciendo lo posible para pagarles el aguinaldo y sus vacaciones”, afirma. 

Su empresa distribuye a minoristas en toda Nicaragua. “Desde que inició la crisis sociopolítica y económica en 2018, sumado a la pandemia del covid-19 (en 2020), he perdido unos 30 clientes a nivel nacional”, detalla. 

Sumado a eso, “la recuperación de la cartera es muy lenta” y para su propietario “es más riesgosa”. 

Para “Fabián”, todo esto refleja que el país vive una “incertidumbre terrible” por la condena internacional, el desconocimiento y la salida de la Organización de Estados Americanos (OEA). “No se sabe qué pasará, y más que ganar en la empresa, en lo que pienso es garantizar el día a día, poder mantener el trabajo a mis compañeros”, expresa. 

“Mi idea es no dejar a la gente en la calle, pero con estos vaivenes no sabés qué impuestos te van a querer cobrar, porque de algún lado buscarán sacar dinero y los empresarios siempre somos afectados”, argumenta. 

“Mi idea es no dejar a la gente en la calle, pero con estos vaivenes no sabés qué impuestos te van a querer cobrar, porque de algún lado buscarán sacar dinero y los empresarios siempre somos afectados”.

"Fabián", microempresario ferretero

“Fabián” dice que ese sentimiento de “temor” lo viven muchas personas que trabajan en el área ferretera. 

“Aunque la situación está mal, nunca se me ha ocurrido irme del país, porque no me gusta el sistema de vida en otros países. Yo he dicho que me quiero quedar en Nicaragua y morir con las botas puestas”, apunta. 

Sin embargo, “Fabián” agrega que “no se sabe hasta dónde podremos aguantar” lo que ocurre. “Es lamentable que se haya hecho tanto por el país y este Gobierno destruya todo. Ojalá –manifiesta– y no tengamos que aguantar cinco años más de pobreza y represión”.

¿Qué opinan los lectores de CONFIDENCIAL sobre el futuro de Nicaragua con Daniel Ortega?

Un sondeo de opinión elaborado por CONFIDENCIAL, entre los más de 5000 lectores suscritos a las Alertas Informativas de WhatsApp, revela que los tres principales escenarios para Nicaragua tras la reelección de Daniel Ortega y Rosario Murillo son: más pobreza (88.89%), migración masiva (80.56%) y el aumento del costo de la vida (76.39%).

Además, enumeraron que habrá más represión y desempleo y también bloqueo económico y escasez de productos.

El sondeo de opinión también preguntó a los lectores ¿qué piensa hacer (o cuáles son sus planes) para los próximos meses? El 51.43% respondió que se quedará en Nicaragua resistiendo, un 28.27% sacará a sus hijos o familiares del país, mientras un 24.26% quiere migrar para trabajar y poder ayudar a su familia. Un 1.43% no especificó qué hará en los próximos meses.

Un crecimiento económico de "rebote"

Después de desplomarse durante tres años consecutivos (-3.4% en 2018, -3.7% en 2019 y -2.0% de 2020), la economía nicaragüense rebotará de forma excepcional, para crecer 8.0% en 2021… y quizás un poco más, de acuerdo con pronósticos oficiales e internacionales. Sin embargo, en los siguientes tres o cuatro años el crecimiento se mantendría alrededor del 2.0%, corrigiendo la “anomalía” de un crecimiento que en parte luce tan alto debido a las caídas consecutivas de los años anteriores.

A finales de octubre de 2021, el Banco Central de Nicaragua (BCN) elevó su previsión de crecimiento del producto interno bruto (PIB), para 2021, para fijarlo entre el 6% y el 8%. Luego, a mediados de noviembre, el presidente del Consejo Directivo del BCN, Ovidio Reyes, declaró, con base en el comportamiento del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), acumulado a septiembre, que “ya está garantizado un crecimiento de 6.9%”.

Si se cumple la previsión para este año, el producto interno bruto (PIB), medido en dólares, se elevaría a los 13 631.2 millones, acercándose a algún momento de 2017, cuando cerró en 13 786.0 millones. El problema es que, mientras el oficialismo asegura que la economía crece a esos ritmos, el empleo en Nicaragua no muestra una tendencia similar.

Crecimiento económico con desempleo y subempleo

El economista nicaragüense Enrique Sáenz señala que “ordinariamente, un mayor crecimiento se traduce en generación de más empleo y mejoras en el ingreso real, tanto de empresas como de trabajadores, lo cual debería repercutir favorablemente en el bienestar de la población”, pero “cuando escarbamos más en las estadísticas oficiales, constatamos la siguiente aberración: el crecimiento económico… genera más desempleo y subempleo,  mayor deterioro salarial y carestía de la vida”.

El Informe de Estado de la Economía y Perspectivas 2021 trata de explicar esa dicotomía, al admitir que “durante el 2021, el empleo se estabilizó presentando una tasa de desempleo moderada. Después de haberse observado una tasa global de participación laboral en ascenso a fines del segundo semestre del año pasado, durante 2021 esta regresó al promedio, indicando que el mercado laboral aún no ha finalizado su ajuste y que la pandemia podría estar incidiendo tanto en la oferta como en la demanda laboral”.

El texto supone que “las personas estarían priorizando la actividad del hogar en la medida que se consolidan las condiciones sanitarias, mientras que… los negocios estarían mejorando la eficiencia y limitando las contrataciones a aquellas indispensables, motivando a una sustitución de factores. Las nuevas formas de trabajo desde el hogar, envíos y uso de nuevas tecnologías remotas, entre otras, están ejerciendo efectos en la recomposición del empleo, al punto que la actividad económica está creciendo a mayor velocidad que la participación laboral”.

Consultado, Sáenz señala que la lectura de ese texto le lleva a preguntarse cómo es que las nuevas formas de trabajo a distancia establecen una disparidad entre las tasas de crecimiento económico y las de generación de empleo, si las actividades que más crecieron fueron minas y canteras, además de construcción, que son actividades de presencia física.

El alza nuestra de cada día: El costo de la vida en Nicaragua

Canasta básica sigue al alza en Nicaragua, pese a congelamiento del precio de hidrocarburos; en los hogares no alcanza para la comida ni para el gas

Dos semanas antes de las votaciones del 7 de noviembre, en las que Daniel Ortega se reeligió sin competencia para un cuarto período presidencial —con el que al cabo sumaría 20 años consecutivos en el poder—, su régimen anunció con bombos y platillos el congelamiento del precio de los hidrocarburos en Nicaragua, con la promesa de disminuir el impacto de los combustibles en el precio de la canasta básica, que ya es impagable para decenas de miles de familias. Pero el efecto prometido sigue pendiente en los bolsillos de una población que no ajusta para llegar a fin de mes o cubrir el gasto del día.

El último informe del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), publicado en octubre, indica que la canasta básica en Nicaragua continúa subiendo de precio. La cesta familiar, que incluye 53 productos de primera necesidad, alcanzó ese mes los 15 512 córdobas (unos 440 dólares), que supera en 188 córdobas (más de cinco dólares) el costo registrado en septiembre, cuando su precio fue de 15 324 córdobas.

Cuando corre la segunda semana de diciembre, el INIDE sigue sin publicar el costo de la canasta básica de noviembre. Sin embargo, en las calles la población se queja de que el congelamiento de los precios de los derivados del petróleo no ha disminuido el precio de la cesta ni ha detenido su aumento de precio. Además, economistas nacionales sostienen que el efecto (si llega a sentirse) tardará en ocurrir.

La razón es sencilla: el congelamiento del precio de los hidrocarburos se hizo en uno de sus precios más altos, después de 20 incrementos semanales. Así, el precio promedio de la gasolina súper en la capital quedó en 42.02 córdobas por litro (más de 4.5 dólares por galón); el de la gasolina regular en 40.90 córdobas por litro (más de 4.4 dólares por galón); y el del diésel en 36.52 córdobas por litro (más de 3.9 dólares por galón).

“Aunque los precios estén congelados, de nada sirve si están altos”, valora una especialista en finanzas que prefiere no ser identificada para evitar represalias del régimen orteguista, que desde finales de mayo ha encarcelado a decenas de líderes políticos, cívicos, empresarios, y también profesionales independientes.

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córdobas (unos 440 dólares) es el costo de la canasta básica estimado en octubre, según el último reporte oficial publicado por el INIDE.

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productos de primera necesidad incluye la canasta básica en Nicaragua.

Entre los 53 productos de la canasta familiar están los alimentos básicos como arroz y frijoles, azúcar y aceite; carnes, lácteos, huevos, cereales y perecederos, que representan un 67% del costo de la cesta. El resto de la canasta incluye artículos para el uso en el hogar e higiene personal (como detergentes, papel higiénico, pasta dental y similares), un estimado para el costo de transporte, gas butano, energía eléctrica, agua potable y alquiler (900 córdobas, que son 25.5 dólares) y un estimado inferior al 12% para ropa y calzado.

La especialista agrega que en esta temporada de fin de año, cuando se pagan los aguinaldos en las empresas privadas y el sector público, el comercio informal en Nicaragua también tiende a subir los precios de forma arbitraria, imponiendo un mayor peso sobre la economía de las familias, incluidos los alimentos.

No alcanza para el combustible ni para el gas

La crisis económica tras la represión del régimen contra las protestas ciudadanas en 2018 afectó el emprendimiento de “Mario”, a quien el incremento en el precio de los combustibles terminó obligándolo a buscar otro rumbo. “Mario” vendía camas al crédito en todo el país, pero después de 2018 varios clientes entraron en mora y era difícil recuperar lo invertido. 

Para cobrar, consumía 4500 córdobas quincenales en combustibles, y aún así no lograba recuperar el dinero que le debían. 

Con la intención de ahorrar, cambió su camioneta por una moto, pero aunque bajó la factura del combustible a 700 córdobas, no recuperó las deudas.

“Ya congelaron el precio cuando llegó a un pico de 42 córdobas. Eso no me beneficia en nada, porque sigo pagando un montón”, se queja “Mario”, quien luego retrasó el tiempo entre cada cobranza para seguir intentando reducir sus gastos, y finalmente decidió encargarle a su hermano que cobre el dinero que falta, mientras ahora él busca un trabajo en otro país. 

En casa de “Rosa”, igual hacen malabares para comprar el tanque de gas butano de 25 libras, cuyo precio el régimen congeló cuando alcanzaba los 457.25 córdobas (aproximadamente 13 dólares).  “Tengo que cocinar menos para poder pagar el gas”, relata la mujer sobre cómo intenta alargar la duración del tanque.

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córdobas por litro (más de $4.5 por galón) quedó congelado el precio de la gasolina súper.

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córdobas por litro (más de $4.4 por galón) quedó congelado el precio de la gasolina regular.

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córdobas por litro (más de $3.9 por galón) quedó congelado el precio promedio del diésel.

El costo del agua potable y la energía eléctrica

Dentro del valor de la canasta básica, calculado por el INIDE en octubre, el costo de la energía eléctrica y el agua potable luce por debajo del promedio de consumo y por tanto de las facturas reales.

El INIDE establece un consumo de 100 KWH a un precio de 2.98 córdobas, equivalentes a una suma de 297.86 córdobas (8.44 dólares) para la factura de energía eléctrica, y un cálculo de 5292 galones (o algo más de 20 metros cúbicos) a un precio de 0.03 córdobas, para una factura estimada en 160.23 córdobas (4.54 dólares). Pero el precio de estos servicios básicos es constante.

Según las estadísticas del Banco Central de Nicaragua, de enero a septiembre de 2021 el costo del agua potable aumentó 0.26 centavos de córdoba por cada metro cúbico, situándose en 10.32 córdobas, muy por encima de los 7.92 que resultan de los 0.03 centavos por galón que fija el INIDE. 

Similar ocurre con el precio de la energía eléctrica, que según las mismas estadísticas del Banco Central, costaba 6.57 córdobas por kilovatio hora al mes en enero de 2021 y bajó a 5.98 córdobas en febrero, cuando se aplicó una disminución en la tarifa del 12.5%. Sin embargo, el precio de la energía está dolarizado en Nicaragua y con el deslizamiento de la moneda, en septiembre su costo por KWH ya había subido nuevamente hasta llegar a los 6.26 córdobas, un costo más de dos veces superior a los 2.98 córdobas establecidos por el INIDE.

Así, el país más pobre de Centroamérica tiene la tarifa eléctrica más cara de la región, por encima de Costa Rica (0.142 centavos de dólar), Panamá (0.143 centavos), El Salvador (0.207 centavos), Honduras (0.206 centavos) y Guatemala (0.179 centavos), según una encuesta de CNN en Español, publicada en septiembre, en la que el costo de la energía eléctrica en Nicaragua solo es superado por Alemania, con un costo de 0.35 centavos de dólar por KWH. Sin embargo, Alemania es una de las potencias económicas mundiales, de las que las cifras nicaragüenses están a cientos de miles de millones de distancia.

Redacción Confidencial

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