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Así es el jardín colgante más grande de Costa Rica, ¡y está hecho por nicaragüenses!

Migrantes

Está ubicado en La Carpio, en Fundación SIFAIS y fue hecho por doce mujeres, la mayoría nicaragüenses


Más de mil plantas ornamentales sembradas en macetas hechas de botellas plásticas recicladas conforman el jardín colgante más grande y alto de Costa Rica. Instalado en un patio de luz a lo largo de una rampa que cubre los cuatro pisos de un edificio, y con siete metros de altura, puede apreciarse en la sede del Centro de Integración y Cultura Cueva de Luz de la Fundación SIFAIS.

El jardín está ubicado en La Carpio, un populoso barrio de San José, en Costa Rica, conformado en su mayoría por personas de nacionalidad nicaragüense y familias binacionales. La obra fue hecha por doce mujeres, la mayoría nicaragüenses, que viven en la comunidad.  

El proyecto, que tomó seis meses para su culminación, tiene el nombre “SiProambiente” y fue implementado por SIFAIS para incentivar en la comunidad la cultura de protección ambiental y de reciclaje.

“Empezamos pidiendo a los vecinos los envases. También íbamos a los bares a buscar (botellas) y la gente comenzó a cooperar, nos decían, tome, aquí está esta bolsa (de botellas recicladas), la vecina, el vecino, el panadero, el pulpero”, cuenta Mayelis Alvarado, una de las doce mujeres que participaron en la elaboración del jardín.

Las mujeres tuvieron el apoyo de empresas privadas y la orientación de especialistas en el tema para la elaboración del jardín. Limpiaron y transformaron las botellas plásticas en coloridas macetas, mientras que las plantas ornamentales fueron donaciones, al igual que la tierra. 

En el taller de SIFAIS, durante la elaboración del jardín colgante, que tomó seis meses. Foto: Cortesía

Gracias a una alianza que realizó SIFAIS con el Ministerio de Trabajo, las mujeres tuvieron un subsidio económico temporal  por invertir su tiempo de forma productiva. “Nos daban 200 (mil colones),  pero  teníamos que dar 70 (mil colones) para comprar los materiales de ahí mismo y nos venían quedando 130 000 colones. Este dinero lo pudimos reproducir, lo reutilizamos también”, explica Alvarado.

A finales de mayo, el jardín iba cobrando forma. Las botellas se fueron transformando en recipientes atractivos, las plantas colocadas en cada una de las macetas decoradas y las participantes se fueron sintiendo cada vez más satisfechas. “Pudimos ver que las mujeres somos capaces de hacerlo”, describe Alvarado.

La creación del  jardín colgante fue para las mujeres de la Carpio también un ejercicio de conciencia. “Este proyecto era para ayudar al ambiente, también ayudarnos a nosotras mismas y motivar a otros que también puedan reutilizar lo que es el plástico… Ahora les  enseñamos a los niños lo que es el reciclaje, cómo cuidar el ambiente, las plantas, la naturaleza”, dice Alvarado.

Un atractivo para la comunidad 

Una vez lista e inaugurada en julio pasado, la obra fue aplaudida por los usuarios de SIFAIS y por la comunidad. Familias y parejas llegan a conocerlo y a tomarse fotos, pues se convirtió en un atractivo visual y turístico dentro de La Carpio.

“Donde están las plantas ahorita, era un espacio vacío. Las plantas que había eran muy  poquitas y con colores muy opacos. Ahora es notable el cambio, porque las plantas tienen unos colores muy lindos y son un montón”, describe Carolina Cruz, quien labora en SIFAIS desde hace dos años. 

Para los pobladores de la comunidad, el jardín es una novedad y un ejemplo a replicar.  “He notado que varias casas tienen sus matitas sembradas con material reciclado, como se hizo en este proyecto”, cuenta David Espinoza, quien ha vivido en La Carpio desde hace 19 años y no había visto algo similar. 

Esta es la placa del jardín colgante más grande de Costa Rica, ubicado en La Carpio. Foto: Cindy Regidor

Lo mismo piensa Ericka Valle y, su esposo, Lorenzo Umaña, quienes son vecinos de SIFAIS y tienen más de 28 años viviendo en la comunidad. Visitaron por primera vez el jardín y quedaron encantados. “Además de ser un lugar hermoso, las plantas dan energía”, asegura Valle. 

“Las casas aquí en La Carpio tienen un espacio muy limitado. Nosotros no tenemos patio, mi casa está todo encerrado, no nos entra sol, claridad, y poner plantitas colgadas en la pared es una idea muy buena”, dice Umaña. Luego de la visita y de tomarse unas cuantas fotografías y videos en el lugar, salen motivados para hacer algo similar en su casa. 

A los habitantes de La Carpio les entusiasma la idea de replicar esta idea que le ha dado vitalidad a una comunidad que no posee parques ni espacios públicos para la plantación de árboles. “Participé en algo productivo. Ahí va a estar mi nombre. Voy a hacer historia. Esto es parte de una historia para mí”, dice, orgullosa de su trabajo, Alvarado.

Las creadoras del jardín colgante más grande del país brindan, además, el servicio ecológico a empresas e instituciones que quieran instalar uno como este en sus patios, corredores o espacios abiertos.

 


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