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Las mujeres de Cacaotica: “Yo soñaba un día con tener un proyecto de cacao”

Migrantes

Un emprendimiento binacional en Upala: una plantación en manos de mujeres


Upala, Alajuela, Costa Rica-. “Yo soñaba un día con tener un proyecto de cacao”, cuenta Vicenta González, una mujer migrante nicaragüense referente dentro de la comunidad de Upala, la ciudad transfronteriza ubicada al norte de la provincia de Alajuela, en Costa Rica, y que limita con Nicaragua. 

González es originaria de Rivas y emigró a Costa Rica hace más de cincuenta años y, desde entonces, se asentó en la comunidad de Villa Hermosa, a orillas del río Niño que desemboca en el lago de Nicaragua. “Cuando vine esto era un bosque completo, no había carreteras y viajábamos en bote para cruzar de un lado al otro, para comercializar el cacao que, desde ese entonces, era el grano de oro de la zona”, relata.

Vicenta González prepara confites de la marca Cacaotica. “Acá trabajamos de forma artesanal y con productos orgánicos, nuestros productos”, comenta. Foto: Katherine Estrada Téllez.

Aunque a lo largo del tiempo la producción de cacao ha sufrido daños por el cambio climático y enfermedades como la monilia que causan pérdidas importantes en la plantación, González no dejó de soñar con hacer realidad su proyecto y, junto a su pareja, compró una finca, donde actualmente vive y donde ideó un proyecto para mujeres. 

“Las mujeres acá muchas veces sufren violencia por no tener ni siquiera para ir a sacar la bolsita de leche al centro (de la ciudad), por lo que quería tener un espacio donde las mujeres vengan y se ganen un día de trabajo y puedan llevar el sustento a su casa, sin depender de nadie más que de ellas mismas”, describe. 

Para 2015 el proyecto empezó a tomar forma. González, junto con un par de mujeres más, dieron vida a AMECUP, la Asociación de Mujeres de las Comunidades de Upala, conformada por nicaragüenses y costarricenses para trabajar en la producción de cacao. 

Un “trueque” de ingredientes y saberes 

En ese entonces, eran cinco mujeres binacionales que se reunían para pensar en cómo trabajar el cacao. “Al inicio no sabía hacer más que pinolillo- narra Vicenta-, pero otra compañera dijo que su abuelita le había enseñado a hacer confites y así empezamos, una puso la leche, otra el cacao, otra el azúcar”, recuerda.

Y fue así, a partir de ese “trueque” de ingredientes y saberes, que estas mujeres emprendieron y le dieron vida a la marca Cacaotica, nombre que hace referencia a Costa Rica, el país donde residen. 

Jabón y shampoo en barra hechos de cacao, uno de los productos innovadores de Cacaotica. Foto: Katherine Estrada Téllez

Comenzaron haciendo caramelos tradicionales, luego incursionaron en la elaboración de la mazorca de cacao, una pasta en forma de mazorca que se utiliza para rallar en algunos alimentos. También hacen cacao en polvo, el vino de cacao, la mantequilla y han innovado con la creación de productos ingeniosos como el té de cacao combinado con cúrcuma, jengibre y canela.

Las “Cacaoticas de AMECUP”, como son conocidas en Upala, comenzaron a darse a conocer y atraer contactos para capacitarse a través del Instituto Nacional de Aprendizajes (INA),  del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad de Educación a Distancia (UNED), lo que les ha permitido obtener más herramientas y aprendizajes para mejorar sus productos.

Además de hacer productos comestibles de cacao, comenzaron a hacer productos cosméticos como shampoo, jabón, aceites y cremas hidratantes. “Estas capacitaciones, nos han ayudado a mejorar la producción y darle valor agregado al cacao, conocer de comercialización, ventas y mejor administración”, señala Dara Argüello, miembro de Cacaotica desde hace dos años.

Dara Argüello es la integrantes más joven de la Asociación. “Queremos que Cacaotica de AMECUP reúna a más mujeres de las comunidades”, indica. Foto: Katherine Estrada Téllez

Una plantación en manos de mujeres 

La plantación de AMECUP cubre alrededor de tres hectáreas de tierra y se ubica a orillas de la casa de González. El cacao se cosecha en estas tierras desde hace 90 años y su producción, actualmente, está bajo el cuidado exclusivo de las mujeres. 

La Asociación está conformada por 10 socias, sin embargo, las que trabajan activamente en el cacaotal son seis: una parte se dedica al cuidado de la plantación y otras a la producción. Ellas siembran, limpian la maleza, reconocen enfermedades en las mazorcas o en el árbol, podan, abonan y se encargan de la cosecha de los cultivos. 

Preparando la tierra para realizar abonos. “Cuando son proyectos de fortalecimientos claves de la plantación, nos involucramos todas”, menciona una de las integrantes. Foto: Katherine Estrada Téllez

“La mayoría conocía de la producción de cacao a través de las enseñanzas de sus padres o abuelos, y otras hemos aprendido en el camino”, describe Argüello, quien se encarga de la parte administrativa, de ventas y comercialización. 

Entre las socias se turnan para ofrecer los productos en ferias y eventos. Cada viernes en el centro de Upala se realiza una feria donde diversos emprendimientos del lugar ofrecen sus productos. 

El toldo de “las Cacaoticas” es el número 59 y esta semana está a cargo de Marisela Gutiérrez, una de las fundadoras de la Asociación. “Estamos hoy aquí con muy pocos productos, ya que estamos con el problema de la (baja) producción del cacao”, cuenta.

Las mujeres han experimentado altos y bajos a raíz de la pandemia de la covid-19. “Nos ha perjudicado no solamente en la comercialización, sino también en la producción, ya que hemos tenido que botar el cacao que no se vende”, continúa Gutiérrez. 

Marisela acomoda los productos que lleva a la feria en Upala Centro. Foto: Katherine Estrada Téllez.

A pesar de estas limitaciones “las Cacaoticas de AMECUP” aprenden de las dificultades.  “Entre todas las mujeres nos inyectamos de energía positiva para no desistir y seguir”, apunta Marisela. 

Las tardes de café

Una vez al mes, las socias de Cacaotica tienen una tarde de café. Frente a la casa de González se ubica un rancho que se ha convertido en ese espacio seguro donde las mujeres pueden hablar de sus problemas. “Acá nos escuchamos sin juzgar y nos apoyamos entre todas”, dice González, promotora en la prevención de violencia desde hace varios años. 

Parte del grupo de mujeres de Cacaotica.”Nosotras, aún con nuestros hijos en brazos, no dejamos de venir”, comenta una de las integrantes. Foto: Katherine Estrada Téllez.

“Las tardes de café nos han servido para identificar y llamar por su nombre las diversas situaciones de violencia que hemos normalizado acá en la comunidad”, indica Argüello. Los encuentros también que les han servido para el fortalecimiento y desarrollo de algunas habilidades y, en especial, para empoderarse a sí mismas. “A veces no reconocemos nuestro valor y nuestros derechos”, relata.  

La Asociación busca demostrar que las mujeres juegan un papel importante en la sociedad, en la economía y en el desarrollo de las comunidades, en especial las transfronterizas, como es el caso de Upala. “Acá las oportunidades para tener algún emprendimiento o, incluso, algún trabajo digno, son muy pocas, es por esto que sostenemos con mucho amor y entusiasmo el proyecto y queremos abarcar a más mujeres de la comunidades de Upala”, expone Argüello.  

Como una experiencia enriquecedora describe González los siete años en que se han mantenido a flote el emprendimiento de Cacaotica. “Nos han minimizado un poco porque somos grupos de mujeres. Creen que no tenemos ese potencial para salir adelante, nos han hecho creer que no podemos desarrollarnos y sí, sí podemos”, concluye González, satisfecha de ver uno de sus sueños hecho realidad. 

 


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