Migrantes

Mascotas migrantes, compañía sanadora ante el duelo del desplazamiento

Las mascotas suelen convertirse en integrantes de la familia que ocupan un lugar especial de cariño y compañía. Emigrar y abandonarlas forzosamente, representa para muchos una decisión dolorosa que se niegan a tomar , por lo que algunos —quienes tienen las posibilidades económicas y de tiempo para hacerlo— deciden llevárselas consigo, para apaciguar el dolor del desarraigo y a pesar de las complicaciones que a veces implica el viaje.

“Mi vida no sería la misma sin él, volvió a nosotros en el momento indicado. Es un perro guardián”, expresa Amy Chávez, sobre su perro Kuma.

Zimba es un gato compañero y hemos creado bastantes nexos de comunicación. Sabe reconocer muy bien cuando algo está pasando”, asegura José Montoya.

“Siempre ha estado conmigo en todos los cambios que he hecho en estos últimos diez años y ha acompañado casi toda la vida de mi hijo, de once años”, rememora Olama Hurtado, al comentar la relación que tiene con su perrita Leila.

Los tres son nicaragüenses que migraron por diversas razones a Costa Rica, pero que, al dejar su país, hicieron todo lo posible para reunirse nuevamente con sus mascotas.

Kuma, un perro migrante resiliente

Kuma, de 10 años de edad, junto a Amy Chávez, su dueña, en el parque Metropolitano La Sabana en San José, Costa Rica. Foto: Alejandra Padilla.

Hace cinco años, con mal estado de salud y poco peso, deambulaba Kuma por las calles de Managua, cuando Amy y su novio lo encontraron mientras rescataban animales en situación de calle junto a un grupo de amigos. “Pesaba solo siete kilos”, recuerda Amy.

Tras ser rescatado, Kuma fue operado de un tumor, recibió quimioterapia e inició su proceso de recuperación bajo el cuidado de Amy, cuyo corazón fue conquistando poco a poco, hasta convertirse en parte fundamental de su vida.

Luego de un año juntos, tuvieron que separarse de manera imprevista. En 2018, Amy y su novio emigraron a Costa Rica, a causa de la crisis sociopolítica que estalló en Nicaragua ese año. Kuma no pudo emigrar con ellos y quedó bajo el cuidado de la hermana de Amy. “Lo tuvimos que dejar. Fue súper triste”, confiesa la joven.

Tras darse cuenta de que se quedarían en el nuevo país por tiempo indefinido, lo primero que decidieron fue traer a Kuma a vivir con ellos. Fue así como luego de meses de preparación y 16 horas de viaje en automóvil, Kuma se reunió nuevamente con sus dueños, en julio de 2019.

Zimba, un gatito sin miedo al cambio

Zimba en su nuevo hogar en San José, Costa Rica. Foto: Alejandra Padilla.

José Montoya adoptó a Zimba en Nicaragua a través de “Garritas Team”, una iniciativa que se dedica al rescate y rehabilitación de animales abandonados. “Estaba bastante mal, se había golpeado su ojito cuando lo abandonaron”, recuerda José con tristeza. 

José cuidó a Zimba hasta que se recuperó completamente. Cuatro meses después de la llegada de Zimba, José y su novia se vieron obligados a exiliarse en Costa Rica, tras sufrir asedio policial por su activismo político. “No teníamos con quien dejarlo, así que nos lo trajimos con nosotros”, comenta el joven. Hoy, Zimba experimenta junto a sus dueños los retos y dificultades de adaptarse a un nuevo país.

“Zimba ha sido increíble. Ha cambiado de espacio frecuentemente, pero, a pesar de eso, se ha adaptado bien. Siempre me acompaña cuando trabajo”, comenta José con entusiasmo.

Leila y Max, “dos mascotas parte de la familia”

Leila junto a su dueña, Olama Hurtado, en su casa de habitación en Costa Rica. Foto: Alejandra Padilla.

Este 2 de septiembre Leila cumplió diez años de compartir junto a su dueña Olama Hurtado, quien la considera parte de su familia. “Ha estado en todos esos momentos, buenos y malos”, expresa mientras carga a la perrita en sus piernas.

Hace un año, Max, de raza labrador, se unió00 a la familia, mientras estaban en el proceso de refugiarse en Costa Rica. “Max tenía tres meses cuando cruzamos la frontera. Era un cachorrito”, recuerda Hurtado, para quien dejarles atrás nunca fue una opción. “Ellos han sido un gran apoyo en el proceso de adaptación”, agrega, sin obviar las responsabilidades que conlleva tener mascotas, especialmente en un país donde los servicios relacionados con el cuido de estas, tienen un mayor costo en comparación con Nicaragua. 

“El travieso Max” tiene un año de edad y ha vivido la mayor parte de su vida en Costa Rica. Foto: Cortesía.

En Costa Rica, Max, Leila y sus dueños, han encontrado nuevas oportunidades. “Las mascotas migrantes también han encontrado en Costa Rica un montón de espacios, como los parques de perros, que facilita mucho el tener una mascota saludable, no solo físicamente, sino también emocionalmente”, asegura Olama.

¿Las mascotas ayudan a sobrellevar el duelo migratorio?

La psicóloga costarricense Melissa Quiroz afirma que las mascotas representan un recurso emocional importante para superar el duelo que conlleva migrar, por distintas razones:

  • Ayudan a nivelar el estrés

Quiroz señala que está comprobado científicamente que las mascotas ayudan a disminuir los niveles de estrés de sus dueños, al incrementar la producción de “las hormonas de la felicidad”, cuando comparten tiempo de calidad juntos, tales como: serotonina, oxitocina y dopamina. 

  • Sentido de pertenencia

Además, “la mascota también pasa a ser, en el caso de que la traigan desde su país de origen, un vínculo con su país, con su familia, generando un sentido de pertenencia, que cuando a las personas les toca migrar, se ve afectado”, explica la especialista. Igualmente, las mascotas ayudan a contrarrestar “el sentimiento de soledad”, añade.

  • Facilitan la adaptación al nuevo país

El tener una mascota genera en el dueño “un sentido de responsabilidad que lo motiva a cuidar a esta mascota e incluso salir de su casa para pasear, aunque no quiera. Todo esto genera un impacto. La persona puede conocer más lugares y personas”, asegura la psicóloga.

Para las mascotas, migrar también representa un proceso de estrés y ansiedad. El médico veterinario, Santiago Gaona, recomienda contar con un espacio físico que reúna las condiciones para que la mascota pueda satisfacer sus necesidades básicas. “Hay que darles espacio, tiempo, soledad y, principalmente, buscar estrategias con veterinarios para afrontar este momento”, explica.

Melissa Quiroz, psicóloga costarricense, junto a su mascota. Foto: Alejandra Padilla.

Además, Gaona recomienda cumplir con los trámites legales correspondientes para trasladar a una mascota a otro país. En el caso de Nicaragua, se debe contar con un certificado de salud que extiende el veterinario y un documento de exportación emitido por el Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria.

Alejandra Padilla

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