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“Cadena de corrupción” al amparo de la Policía

Expertos en seguridad advierten sobre deterioro de la Policía, aumento de violencia, la delincuencia e impunidad que se puede imponer en el país

Roberto Orozco, experto en seguridad y narcotráfico, aseguró que casos como el del expolicía, Diógenes Medina Martínez, apodado “El Yogui”, que se convirtió en delincuente al amparo de jefes policiales, demuestran al existencia de una “cadena de corrupción” en el seno de la institución que daña la imagen de profesionalismo de la Policía Nacional.

“No estamos hablando a nivel de Plaza El Sol, esto sucede en todos los departamento del país. Es visible, las personas conocen de este cobro de coimas que realizan los oficiales”, asegura Orozco, quien agrega que este sistema de corrupción es conocido por los jefes de las delegaciones.

Confidencial publicó el lunes un amplio perfil de “El Yogui”, en el que fuentes de la Policía y familiares del exoficial revelaron que Medina Martínez fue avalado por jefes de la institución para participar en una red de extorsión que pedía coimas a centros nocturnos e incluso a expendios de droga. Medina Martínez fue dado de baja de la Policía en 2004. Años después lideró una banda ilícita. Murió en un enfrentamiento con policías cuando frustraron un asalto contra un comerciante del capitalino barrio San Luis.

Una fuente policial afirmó a Confidencial que la cadena de corrupción involucra a tres pilares fundamentales de la institución: El jefe de unidad, de seguridad pública y posteriormente el de droga. El primero es el encargado de identificar a los oficiales que realizarán los cobros a los negocios formales e ilícitos. “El jefe de seguridad pública pasa la lista de los centros comerciales, clubes nocturnos, y el de droga, el de los expendios”, confió la fuente.

Orozco opina que lo realizado es algo muy común desde el tiempo de la guardia somocista. “De acuerdo a las normas policiales los establecimientos no deben estar abiertos después de las doce, pero dependiendo de la cantidad de dinero que den, les permiten amanecer o no. Se le conocía antes como el impuesto del coronel”, afirma.

Otra fuente policial aseveró a Confidencial que el cobro de coimas presuntamente se extiende a la Policía de Tránsito. “El jefe tiene su grupo, ellos saben que salen a la calle a detener a los vehículos con el objetivo de reunir dinero. Al final de la tarde llevan lo que reunieron y lo dividen, al jefe le queda la mayor parte”, asegura.

El mecanismo de selección de estos oficiales, según informaron las fuentes policiales, inicia desde que están en la academia, tal y como sucedió con “El Yogui”. “Son estudiados de acuerdo a sus actitudes y aptitudes, les echan el ojo a aquellos que son fieles, pero que tienen tendencia a la descomposición”, destaca Orozco, coincidiendo con las fuentes policiales.

El otro problema que permite que la corrupción exista, a juicio de Orozco, es la protección que la institución brinda a los oficiales que cometen actos ilícitos. En ocasiones es más conveniente que salgan del cuerpo de seguridad, pues de esta forma pueden actuar con mayor libertad.

“Existe una medida administrativa que no permite que sean juzgados. Solo les dan de baja y continúan siendo brazos de la corrupción. Para las autoridades es más valioso sancionar que admitir que existe un problema y llevarlos a la justicia. Prefieren manejar los trapos sucios desde adentro”, considera Orozco.

Orozco catalogó la situación de corrupción de la Policía como preocupante, pues el mensaje que envía a la ciudadanía es que la violencia va a aumentar, debido que la inseguridad proviene de la misma institución.

Demandan prevención y depuración

“Todavía hay tiempo para rescatar a la Policía. Debe de implementarse un  sistema de depuración cíclico, se debe fortalecer la actividad de Asuntos Internos e Inspectoría General, procesar judicialmente. La Policía no debe escatimar sobre su imagen, es más valioso que la institución esté limpia, que la corrupción esté a su expresión mínima. La  sociedad debe exigir a mandos policiales que depure a sus elementos corruptos, debe haber mecanismos de denuncia pública. Una auditoría social”, destaca Orozco.

Mónica Zalaquett, directora del Centro de Prevención de la Violencia (Ceprev), es más directa, considera que el gobierno de Nicaragua no debe aceptar el consuelo de que “no se está tan mal como en los demás países del área”, pues no sirve de nada adueñarse de esta idea, cuando la situación está empeorando y los métodos policiales no son los más óptimos, dijo.

“Hay que elaborar una estrategia de prevención de la violencia, como eje transversal que abarque etapas incluyendo actuación policial que sea preventiva y no represiva. Que se potencie el trabajo a nivel comunitario, la represión no va a ser efectiva, las políticas de mano dura, fomentaron violencia y no la evitaron, en los vecinos del área. Aquí debería haber más prevención y esfuerzos más coordinados”, finaliza Zalaquett.


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