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Dictadura anuncia cambios de mando en la Policía, pero calla sobre encarcelamientos

Reaparecen al comisionado general Pedro Rodríguez Argueta, mientras guardan silencio sobre el encarcelamiento del comisionado general Adolfo Marenco

La Policía del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo reapareció al comisionado general Pedro José Rodríguez Argueta, quien llevaba meses en las sombras y del cual se informaba que había sido detenido junto al comisionado general en retiro Adolfo Marenco Corea, exdirector de investigación e inteligencia de la Policía, quien sigue encerrado en El Chipote.

De acuerdo con la nota policial 001-2023, publicada este fin de semana, el comisionado general Rodríguez Argueta habría sido removido de su cargo como jefe de la delegación policial del Triángulo Minero y trasladado a la Dirección de Seguridad Pública Nacional.

A Rodríguez Argueta se le recuerda por su rol activo en la represión en el departamento de Carazo, donde fue jefe policial desde enero de 2018 hasta febrero de 2022. Ese año fue trasladado al Triángulo Minero por supuestos malos manejos en la institución.

Mientras tanto, la delegación policial del Triángulo Minero quedó a cargo del comisionado mayor Víctor Leonel Huerta González, quien desde hace meses aparece en medios oficialistas ocupando ese cargo. Anteriormente se desempeñaba como segundo jefe de la delegación policial de Chinandega.

La rotación en los mandos policiales también alcanzó al comisionado general Sergio Gutiérrez Espinoza, quien se desempeñaba como jefe de la delegación policial de Matagalpa y ahora asumirá la Dirección de Investigaciones Económicas, un cargo que dejó vacante el comisionado mayor Iván José Escobar Ramírez, quien esta semana pasó, en comisión de servicio externo, a director general de la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales (EAAI).

Mientras tanto, el comisionado general Luis Fernando Barrantes Jiménez, que se desempeñaba como jefe de la Dirección de Seguridad Pública Nacional, asumirá como Jefe de la Delegación Policial de Matagalpa.

Incertidumbre entre las filas de la Policía

La reciente detención del exsubdirector de la Policía Nacional, revela “fisuras” en el círculo de “confianza y lealtad” de Daniel Ortega y Rosario Murillo, valoró la socióloga Elvira Cuadra, en una entrevista con el programa Esta Noche.

Para la investigadora, el encarcelamiento de Marenco en la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), conocida como El Chipote, “marca un hito” en la relación de la pareja presidencial y la Policía, ya que les advierte a los demás mandos policiales que, lo ocurrido con el exsubdirector, “le puede suceder a cualquiera”.

Señaló que “el impacto (dentro de la Policía) es fuerte porque este tipo de situaciones golpea la moral de la institución. Aunque Marenco no tuviera ninguna relación directa con el resto de los efectivos, particularmente con los de primera línea”.

“Marenco es una persona clave porque manejaba información de una de las áreas más sensibles de la Policía, que tiene que ver con todo el tema de las investigaciones y la inteligencia, que incluye la vigilancia política, investigaciones económicas, crimen organizado, narcotráfico”, comentó la experta.

La destitución y arresto de Marenco ha coincidido con el ascenso de su segundo en la Dirección de Inteligencia, el comisionado general Zhukov Serrano Pérez, quien en noviembre pasado fue nombrado subdirector de la Policía.

Además, Ortega elevó el perfil del comisionado general en retiro de la Policía, Horacio Rocha López, al nombrarlo como ministro asesor en Asuntos de Seguridad del presidente. Con esta decisión, Rocha se convirtió en la máxima autoridad ante la Presidencia en temas de seguridad, y puede participar de las reuniones del consejo de ministros, donde se abordan los temas coyunturales del país y es presidida por la vicepresidenta Murillo.

Para Cuadra, estos movimientos en la cúpula policial responden a “una reconfiguración del círculo de confianza y de lealtad más cercano de los Ortega-Murillo”.

Dijo que estos “movimientos”, generalmente, se dan en los regímenes, como el orteguista, cuando estos enfrentan o está en curso “un proceso acelerado de erosión interna de su base de apoyo”.


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