Emergencia Coronavirus

Diez momentos que marcan los dos años de la pandemia de covid-19 en Nicaragua

Pese a que el Gobierno de Ortega minimizó la llegada del SAR-CoV-2 y su impacto en Nicaragua, la covid-19 ha dejado su huella en estos dos años

Hoy se cumplen dos años desde la confirmación del primer caso positivo del SAR-CoV-2 en Nicaragua. El inicio de una tragedia humanitaria que el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha minimizado y ocultado abiertamente. A pesar que la huella de la covid-19, entre quienes se enfermaron y quienes perdieron a sus seres queridos, es innegable.

En cifras oficiales la pandemia dejó un acumulado de 18 688 personas contagiadas, de estas 13 855 se recuperaron y 228 fallecieron. Estas estadísticas son las más bajas de la región, pero a la vez las más cuestionadas. El Observatorio Ciudadano, que lleva un conteo independiente, calcula que en estos dos años de pandemia hubo 32 110 casos y 5988 muertes sospechosas del virus. Mientras, los estudios de sobremortalidad estiman entre 14 800 y 33 4000 muertes atribuibles al nuevo coronavirus.

La covid-19 que en Nicaragua también se tradujo en amenazas y represalias contra los sanitarios que opinaron sobre el comportamiento e impacto en la población. Mientras, desde el Estado se impuso el hermetismo y opacidad, que a dos años no han permitido hacer una “valoración exhaustiva” del manejo de la pandemia, según afirmó la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Estos son los diez momentos que resumen el paso de la covid en el país.

Ortega recetó “Amor en tiempos del covid”

Cuatro días antes de que se confirmara el primer caso positivo de SAR-CoV-2, el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó a médicos y personal de Salud encabezar una marcha bautizada: “Amor en tiempos del Covid-19”. Esta fue el preludio del mal manejo de la pandemia en Nicaragua, que meses después se caracterizó por la renuencia de Ortega por cerrar fronteras, declarar cuarentas o imponer medidas restrictivas, para no afectar la economía del país, que venía fracturada por la crisis social y política desde 2018.

“En medio de esta pandemia no se ha dejado de trabajar, porque aquí si se deja de trabajar, el país se muere, y si el país se muere, el pueblo se muere”, dijo Ortega el 15 de abril de 2020, en su primera cadena televisiva realizada durante la emergencia sanitaria y tras 34 días de ausencia.

A dos años, poco se conoce sobre el impacto de la pandemia en Nicaragua de forma oficial. No hay reporte sobre la ocupación de camas con pacientes covid, ni hay registros oficiales sobre el impacto por departamentos, género o sexo.

Un grupo de trabajadores del Ministerio de Salud de Nicaragua durante la marcha “El amor en los tiempos del covid-19”. EFE/Alberto González

La primera ola y la negación

Nicaragua vivió su primera ola de covid-19 sin que las autoridades alertaran qué estaba pasando. Los casos comenzaron a subir al mes de que se identificó el primer caso, el 18 de marzo de 2020, y las muertes se dispararon en mayo y junio de ese año, sin que hubiera una alerta nacional o medidas extremas para evitarlas.

El primer indicio del impacto de la covid-19 fue el inusual incremento de fallecidos por neumonía atípica, una de las causas que después se supo, que el Minsa usó para clasificar los muertos por covid-19 y así reducir las estadísticas. En consecuencia, el Gobierno ordenó suspender la publicación de las cifras de muerte divulgadas en los boletines epidemiológicos.

En los tres meses que duró esta primera ola, ocurrida entre mayo y julio de 2020, el Minsa reportó 112 fallecidos, la mitad de los muertos oficiales acumulados en dos años. Pero hubo más muertos, en esos meses cientos de personas fueron enterradas de forma exprés en la noche o la madrugada. Según estudios de sobremortalidad, la cifra de decesos superó los 6000.

La sobremortalidad

En Nicaragua, los estudios de sobremortalidad han servido para aproximar a la población a conocer el impacto real de la pandemia ante el vacío de información y la poca credibilidad que tienen las cifras del Ministerio de Salud (Minsa), quienes reportan el improbable de un muerto semanal desde octubre de 2020.

El último cálculo de sobremortalidad hecho a nivel nacional fue realizado por CONFIDENCIAL, basado en cuatro causas de muertes relacionadas a la covid-19: infartos, diabetes, neumonía e hipertensión y se estimó que durante los primeros 21 meses de pandemia hubo más de 14 800 muertes atribuibles, pero fueron clasificadas por estas otras causas. Esta cifra se eleva a 20 264 si se incluyen otras once “comorbilidades” que también se multiplicaron en ambos años de pandemia, según el Mapa de Salud del Minsa.

Pero el cálculo de esta tragedia, no reconocida por el Estado, es aún mayor, según estimó recientemente un estudio del Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, Estados Unidos. Ellos calculan un exceso de mortalidad de 33 400 fallecimientos atribuibles a la covid-19 entre 2020 y 2021.

Vista de un “entierro exprés”, en un cementerio de Managua, durante el primer brote de covid-19 en Nicaragua, en 2020. Foto: Confidencial

La imposición de un muerto semanal

Nicaragua lleva 17 meses consecutivos reportando un fallecido semanal a causa de covid-19. Una cifra improbable estadísticamente, que no varió ni cuando el país sufrió la segunda ola de la pandemia, ocurrida entre agosto y octubre de 2021, que dejó más contagiados y hospitalizados que la primera.

En opinión del investigador israelí, Ariel Karlinsky, quien ha recopilado y analizado el exceso de mortalidad a nivel mundial, el reporte de muertos en Nicaragua es una falsificación. “Parece que alguien toma los datos verdaderos pero los reduce, por lo que (los contagios)  parecen datos reales, pero los datos de las defunciones no tienen lógica”, aseguró a CONFIDENCIAL.

La persecución a los médicos

Durante los dos años de pandemia, el Minsa ejecutó una serie de despidos, restricciones y represalias contra los médicos. En el primer año, las autoridades cancelaron los contratos de 31 sanitarios, el denominador común de estos fue que firmaron cartas públicas donde pedían equipo de protección personal. A muchos de estos todavía no les han pagado sus prestaciones laborales.

En 2021, la presión hacia el personal sanitario se incrementó. El Minsa citó a más de una docena de médicos para amenazarlos con quitarle sus licencias y recordarles la existencia de la Ley de Ciberdelitos o Ley Mordaza. A los doctores y periodistas, el Gobierno de Ortega los acusó públicamente de hacer “terrorismo pandémico”.

Siete médicos interponen individualmente su demanda de reintegro. Foto: Cortesía

Ante las amenazas y presiones, que coincidieron con la ola de arrestos a opositores, muchos médicos se exiliaron y otros callaron. A la fecha, quienes opinan lo hacen desde el anonimato para protegerse. El Gobierno también canceló la personería jurídica de al menos 15 organizaciones médicas que tenían entre siete y 40 años de trayectoria.

La promoción de aglomeraciones

En Nicaragua nunca hubo restricciones de movilización ni la imposición de mascarillas como sí ocurrió en el resto de naciones. Más bien, las autoridades promovieron durante los fines de semana más de 4500 actividades entre actividades recreativas, culturales, religiosas y deportivas, que no se detuvieron ni cuando las dos olas de covid alcanzaron los picos más altos de contagios, hospitalizaciones y muertes.

Incluso, el Gobierno de Ortega ordenó a las alcaldías realizar por su cuenta celebraciones religiosas a pesar que la Iglesia Católica decidió posponerlas para no exponer a la población al contagio. Esto ocurrió, con las fiestas patronales de Santo Domingo y San Jerónimo que fueron organizadas por las alcaldías.

carreras Diriamba, Actividades del régimen Ortega Murillo
Carreras, caravanas, ferias y fiestas populares ha promoviendo el Gobierno a pesar de la pandemia de la covid-19. Foto: Tomada de El 19 Digital

La vacunación que llegó tarde

Nicaragua enfrentó el rebrote de covid-19 provocado por las variantes de preocupación sin tener a su población inmunizada. Mientras, el resto de naciones se dotaron con vacunas anticovid, el país pasó durante los primeros diez meses del 2021 como la segunda nación de América con menos personas vacunadas.

Ante la escasez de vacunas, más de cien mil nicaragüenses viajaron a los países vecinos en busca de dosis. Mientras, otros cientos esperaron afuera de los hospitales destinados como puestos de vacunación, desde un día antes para ser vacunados.

La espera acabó en el último trimestre del 2021 cuando el país recibió más de nueve millones de dosis procedentes de donaciones y compras directas. Después de este abastecimiento, el Minsa ejecutó una jornada intensa de vacunación con la cual ya logró vacunar al 60% de los nicaragüenses, pero según reveló CONFIDENCIAL, los habitantes de la Costa Caribe -los más pobres del país- son los que tienen el menor porcentaje de  población vacunada.

La segunda ola

La segunda ola de covid-19 golpeó a Nicaragua en 2021 y lo hizo más fuerte que la primera. El rebrote llegó en agosto y se extendió durante septiembre y octubre, rebasando la capacidad de varios hospitales públicos, con un incremento de contagios que ni el mismo Ministerio de Salud (Minsa) pudo ocultar.

En esos meses, los reportes del Minsa y el Observatorio superaron, por separado, los récords semanales de contagios que se registraron durante la primera ola de 2020. Las hospitalizaciones se dispararon al punto en que el Hospital Alemán Nicaragüense tuvo que dedicarse exclusivamente a “pacientes covid” y amplió el número de camas a 500.

Y mientras el Minsa calló sobre el colapso de las hospitalizaciones, la población que enfermó se desbordó en busca de tanques de oxígeno para los pacientes que luchaban desde casa. Según médicos de hospitales públicos, muchos pacientes murieron esperando turno para conectarse a  un ventilador.

Minsa calla ante variantes del SAR-CoV-2

Antes de que la segunda ola de covid-19 alcanzará su pico máximo, el personal médico de varios hospitales del país reportaron casos sospechosos de la variante delta. Entonces los contagios ya iban en aumento, pero todavía no superaban el brote de 2020. Sin embargo, el Minsa –que desde mayo tenía el equipo para buscar las variantes– no alertó a la población sobre la circulación de esta cepa.

Fue hasta el 16 de noviembre, cuando la ola ya había pasado, que el Minsa informó a la OPS sobre la circulación de las variantes de preocupación alfa, beta, gamma y delta. Esta última habría detonado la segunda ola.

A pesar de esta experiencia, que pudo haber evitado la muerte de cientos de nicaragüenses, el Minsa tampoco informó sobre la circulación de la variante ómicron. Fue nuevamente la OPS quien confirmó la presencia de esta cepa en una de sus conferencias de prensa semanales.

Lenta ejecución presupuestaria a pesar de la crisis sanitaria 

El segundo año de la pandemia cerró con una lenta ejecución presupuestaria, a pesar de la escasez de vacunas y del golpe de la segunda ola. Según informó el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, hasta septiembre de 2021, se disponía de 5014.7 millones de córdobas destinados a la pandemia de la covid-19, pero hasta entonces solo el 20.5% se ejecutó.

La lenta ejecución fue acompañada de pocos avances en los acuerdos de transparencia que el Gobierno estableció con los organismos multilaterales de financiamiento. En los cuales se comprometió a revelar cifras en tiempo real sobre contagios y muertes, letalidad, pruebas PCR realizadas y sus resultados, gastos relacionados a la pandemia, actualización de salas y boletines epidemiológicos.


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