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El mérito de la educación: Una joven doctora en Finanzas impartirá clases en Virginia Tech

Migrantes

Yessenia Téllez hizo todos sus estudios becada con excelencia académica: en la UCA y las universidades de Duke y Rice en Estados Unidos


Pulir para obtener brillo. El pulido es uno de los pasos para convertir un diamante en bruto en una piedra fulgurante. El proceso como tal requiere precisión, destreza y paciencia, explican blogs y sitios especializados que hablan de técnicas, de la presión y fricción adecuadas.

De pulir y pulir, de someterse a presiones y retos nuevos, aun los más abrasivos, y de tener paciencia para ver los resultados, sabe mucho Yessenia Téllez. Son principios que también aplican para forjar una carrera profesional destacada como la suya. 

A sus 34 años, esta joven nicaragüense está a tres meses de graduarse como Doctora en Finanzas de la Escuela de Negocios Jones de Rice University, en Houston, una de las mejores del mundo. 

Pero además, falta poco para que se integre a su primer trabajo. En agosto será profesora asistente de Finanzas en Pamplin College of Business de la Universidad de Virginia Tech. 

Son grandes logros. No cualquiera llega a formar parte del exigente y cerrado mundo de la academia estadounidense, históricamente colmado de personas privilegiadas. Por eso son aún más grandes para una mujer, joven, latina criada y educada en un país como Nicaragua. 

Yessenia se lo ha ganado a pulso, a punto de becas de excelencia académica, con las que poco a poco se fue acercando a su sueño: convertirse en investigadora y contribuir al cúmulo humano de conocimientos científicos. 

Desde Houston, Texas, Estados Unidos, donde actualmente reside, Yessenia repasa el camino que empezó en la Nicaragua post guerra de los 90, cuando de niña leía los periódicos y constantemente se preguntaba el por qué de la crisis económica, el por qué de la pobreza y de los apagones. Así nació la inquietud que la llevaría a convertirse en economista, en la búsqueda de esas respuestas. 

La inversión y el retorno

La familia de Yessenia en Nicaragua en los años 90: su mamá María Cristina Parrales, su hermana Diana Téllez, su papá Roger Téllez y ella. //Foto: Cortesía.

Responsabilidad, disciplina y trabajo duro fueron el capital inicial. A Yessenia y su hermana, sus padres les inculcaron esos valores desde muy pequeñas. Esta familia de clase media, del Barrio Altagracia en Managua, creyó siempre en la educación como una inversión cuyo retorno era seguro. 

“En mi familia se valora mucho la educación, mi abuelo era mecánico, reparaba camiones en el Ejército en la época de Somoza, mi abuela era ama de casa y llegó a sexto grado. De los siete hijos que tuvieron, cuatro se profesionalizaron y uno ve el salto en la superación de la línea de la pobreza cuando las personas alcanzan un mayor nivel educativo, acceso a mejores trabajos; y eso, a la vez, le da mejores oportunidades a la siguiente generación”, reflexiona.

Como parte de esa siguiente generación, Yessenia recuerda los esfuerzos de sus padres para darle esas oportunidades. Su papá, economista también, había quedado en el desempleo después de trabajar un tiempo en el sector público en los años 80. En un país cuyas oportunidades son sumamente limitadas en ese campo, decidió aprender el oficio de su padre, la mecánica. Pronto abrió un taller con su hermano y enseguida empezó también un negocio de importación de vehículos usados desde Estados Unidos, cuando recién se abría la economía de mercado en el país. Así logró mantener a su familia, mientras su esposa se dedicaba enteramente a la crianza de las dos niñas. 

De ambos aprendió lecciones que le han acompañado en la vida. De su padre, se le grabó que “en medio de la adversidad se deben buscar las oportunidades”. De su madre, la importancia de aspirar siempre a la excelencia. “No le podíamos llevar notas debajo de 85, 90. Ella decía: ‘no logré ir a la universidad, pero quiero que ustedes vayan”.

doctora nicaragüense, Yessenia Téllez
Yessenia Téllez fue alumna destacada desde niña, en el Colegio Madre del Divino Pastor. //Foto: Cortesía.

Siempre participaba en los concursos de ortografía, en las olimpiadas de matemáticas o de maestra de ceremonias en el colegio Madre del Divino Pastor. Sus padres notaban su esfuerzo y le daban más herramientas: su papá le ayudaba con las tareas de productos notables, con los casos de factorización de la Baldor; su mamá le pagaba al tutor del barrio para que le explicara la lección que no entendía. 

Una herramienta en la que decidieron invertir y sería determinante para el futuro de Yessenia fueron unos cursos de inglés. Era imposible pagar una escuela bilingüe en Nicaragua, pero costear lecciones en una academia para que aprendiera un segundo idioma era un sacrificio que había que hacer. 

Pulir y pulir…

Yessenia Téllez tomó no una, sino dos veces esos cursos hasta lograr un nivel que le permitiera el inglés a nivel académico. Hoy, después de haber cursado una maestría y un doctorado en esa lengua sigue perfeccionándola. Hace poco tomó clases de reducción de acento, cuenta. “He estado consciente de cuáles son mis debilidades y cómo puedo pulirlas. Profesionales perfectos no existen, uno con el tiempo va acumulando un bagaje”, agrega. 

Llegó el momento de ir a la universidad. Para la joven era muy claro lo que estudiaría: Economía Aplicada. Estudió becada durante toda la carrera y se graduó de la Universidad Centroamericana (UCA) como la mejor alumna de su graduación en 2008. 

El debate que no ganó, pero que le llevó a su primer trabajo. //Foto: Cortesía.

Desde antes de graduarse Yessenia ya había conseguido su primer trabajo. Tras haber participado en un debate televisado sobre “el porqué de nuestra situación social, política y económica”, precisamente la respuesta que buscaba desde niña, fue contratada como economista junior en Funides, la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, donde conoció a uno de sus principales mentores, Carlos Muñiz, ex presidente del Banco Central de Nicaragua. 

Empezó a dar sus primeros pasos en el mundo de la investigación, pero pronto se dio cuenta de que los recursos que le habían proveído en pregrado se iban quedando cortos. Miraba a su alrededor a la gente que admiraba profesionalmente y sabía que necesitaría pulirse más y más. Habría que hacer una maestría en el exterior, para empezar. 

Un antes y un después

La excelencia académica y las clases de inglés rindieron sus frutos: Yessenia logró ganar no una, sino dos becas para estudiar en el extranjero: Fulbright, otorgada por el gobierno de Estados Unidos, y otra ofrecida por la Organización de Estados Americanos (OEA). “No te van a dar la beca, esas son becas políticas”, “estás muy joven”, “no vas a lograr juntar dos becas”, le decían. 

“Esas becas fueron un antes y un después en mi vida. Me permitieron venir a Estados Unidos, a una universidad muy buena, a conocer el mundo, a probar si mi inglés de verdad servía”, comenta.

Fue así que terminó en Carolina del Norte, Estados Unidos, en Duke University, una de las más prestigiosas y exclusivas universidades del mundo. No fue fácil completar la maestría a sus 21 años, viviendo sola por primera vez en un país distinto, con la barrera del lenguaje y un modesto estipendio en un ambiente elitista. 

doctora nicaragüense, Yessenia Téllez
Yessenia Téllez en su graduación de la maestría de Duke junto a sus padres. //Foto: Cortesía.

“En la primera clase sentí que me dieron todo lo que había estudiado en cuatro años en la UCA. Yo llamé a mi casa llorando a mi mamá, a mi papá. Les dije que me sentía como un pez fuera del agua. Mi papá me dijo: ‘no te regresés, te quedás allí. Esto es una oportunidad, no tengas temor’. Le dije a mi consejero académico que yo creía que habían cometido un error al admitirme en la universidad. Él me dijo: ‘Esta es la primera vez que te está retando algo. Te admitimos por tu potencial, debes ejecutarlo y desarrollarlo’. Como una piedra preciosa, pero la piedra no está pulida. Prácticamente esos dos años me pulí mucho”, recuerda y reflexiona. Podía pasar hasta 12 horas en la biblioteca, tomó clases con ingenieros, de probabilidad, estadística, ecuaciones diferenciales, algebra lineal.

En el mundo de las finanzas 

Como parte del compromiso adquirido con las becas, tras concluir sus estudios Yessenia regresó a Nicaragua y empezó a buscar empleo en 2011. 

Como muchos jóvenes profesionales se encontró con escasas oportunidades, un ambiente politizado y ofertas salariales bajas para su calificación. Finalmente se abrió una puerta inesperada: sin conocerla más allá de su hoja de vida profesional, en Banpro grupo Promerica, el gerente general y director ejecutivo Luis Rivas le dio la oportunidad de entrenarse durante seis meses en Banca hasta convertirse en vicegerente de Finanzas.

¿Qué sigue?

“Fue un proceso enriquecedor como economista. Descubrí un mundo que yo no conocía, cómo se da el manejo de una institución financiera, el impacto que tiene en el desarrollo de un país. Estaba fascinada, pensé que me iba a quedar allí, pero pasó la curva de aprendizaje y me pregunté ‘¿Ahora qué sigue?’”, cuenta.

“La gente me decía, ‘¿cómo vas a dejar tu trabajo para irte de nuevo a estudiar? ¿no te cansas de estudiar?’”, cuenta entre risas. Desde muy joven Yessenia anhelaba convertirse en doctora y poder enseñar en grandes universidades. 

doctora nicaragüense, Yessenia Téllez
Yessenia Téllez en su despedida cuando renunció a su puesto en Banpro. //Foto: Cortesía.

Volvió a buscar una beca y así llegó a Houston, Texas, a Rice University, donde estudió por seis años, dedicada a completar una tesis en el área de economía del hogar, economía de la empresa e intermediación financiera. 

Yessenia continuará investigando y escribiendo con toda la rigurosidad exigida en ese mundo, espera publicar en unos años en las grandes revistas financieras de Europa y Norteamérica, y le gustaría que su legado profesional incluya aportes al entendimiento del fenómeno económico en países en vías de desarrollo, como Nicaragua.

Una economía “de sobrevivencia”

La niña que quería entender la pobreza, la crisis y lo que ocurría en su país, hoy es una profesional que comenta con conocimiento y preocupación sobre la situación económica, entrando a su cuarto año consecutivo de crisis. Observa que la de Nicaragua es una economía de “sobrevivencia”, en que los salvavidas son las remesas que envían los migrantes nicas a sus familiares y el financiamiento de organismos internacionales. 

“Si se quiere ver un cambio estructural en el largo plazo, ese cambio no va a venir desde la parte económica o financiera, sino desde la parte política, que haya estabilidad política y que la incertidumbre logre ser resuelta. Tenemos que ponernos de acuerdo en lo que creemos que es importante para el país. Se debe priorizar un fortalecimiento del sistema institucional, el Estado de Derecho. Cuando eso esté, la parte económica va a ir mejorando gradualmente”, advierte.

Por ahora, el futuro profesional de la joven doctora en Finanzas no está en Nicaragua. En agosto empezará su trabajo como profesora en Virginia Tech, en una plaza sumamente cotizada por la generación saliente de profesionales con doctorados en Finanzas o Economía. 

Por cada vacante en grandes universidades o entidades financieras internacionales pueden haber entre 100 y 200 personas compitiendo. Yessenia aplicó a 60 puestos de trabajo en Estados Unidos, Canadá, México, Chile, Noruega, España, Suecia, Francia, en un año en que, por la pandemia, se han reducido en casi 40% las plazas disponibles en el mundo en ese campo. 

Cuenta que en el proceso de selección se sintió valorada y no cree que haya entrado “por cuotas”, ni que su origen o su género determinaron el resultado, puesto que en ese mundo lo que buscan los reclutadores es sencillamente la excelencia. Eso sí, está consciente de las brechas que existen en ese aspecto: ella forma parte del 25% de mujeres que ocupan puestos académicos como el suyo; y el porcentaje se reduce aún más entre las mujeres que logran una plaza fija como “full professors”, apenas 10%. 

Yessenia ya había sido profesora universitaria en Nicaragua, sabe que es su pasión y siente que en ese oficio ha hallado su propósito. “Explicar de forma sencilla conceptos abstractos y complejos a la vista de otras personas, es, de alguna manera, democratizar el acceso a ese conocimiento. Eso me hace sentir que estoy contribuyendo a otras generaciones”, explica.

De “mentoreada” a mentora

Sabiendo que contar con mentores a lo largo de su carrera ha sido fundamental, quiere ser ahora quien aconseje a jóvenes profesionales, a quienes les dice que creen sus propias oportunidades. “Uno no elige ni el país donde nace, ni la familia, ni los papás, ni las circunstancias o condiciones socioeconómicas, pero nada está destinado, puedes trabajar para alcanzar metas”, asegura.

“Si no te invitan a la mesa, debes preguntarte cómo haces para que te inviten o no esperar a que te inviten, te sentás a la mesa, o te construís tu mesa”, dice. Y una cosa más: pulir y pulir. “La perfección no se logra en un salto, es un proceso donde uno va, -reitera- puliendo habilidades”.

Vea la entrevista con Yessenia este domingo siete de febrero en el programa Esta Semana a las 8:00 p.m. Puede suscribirse a nuestro canal de YouTube Confidencial Nica. 

 


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