Nación

Miles de cubanos ven Nicaragua como trampolín a EE. UU. o gira de compras

A diario, cientos de cubanos llegan a las oficinas de las aerolíneas disponibles en La Habana, en busca de un boleto con destino a Managua que no encuentran. En la Nicaragua de Daniel Ortega, donde más de 718 000 nicaragüenses han migrado por la crisis económica y la represión política, están puestas las esperanzas de quienes en la isla esperan aprovechar el libre visado a este país centroamericano, para acortar una ruta a Estados Unidos, o cargar una lista de compras con un boleto de ida y vuelta entre Managua y La Habana. 

Los cubanos, ansiosos por viajar, ven una vía de escape de la isla en la decisión de Ortega, anunciada el 23 de noviembre, de eliminar la visa para ciudadanos de Cuba, una medida que según la Administración orteguista tiene fines  “humanitarios” y busca “promover el intercambio comercial, el turismo y la relación familiar”. Sin embargo, las restricciones impuestas por la pandemia de covid-19 y los altos precios de los boletos aéreos impiden el viaje para muchos.

La única aerolínea que ha retomado sus viajes a Cuba es Copa Airlines, y por el momento solo ofrece vuelos de La Habana a Panamá, desde donde es posible seguir a Nicaragua. Pero en la isla no se consiguen los boletos y en la página web de la aerolínea solamente hay disponibilidad para viajes sin retorno desde Managua hacia La Habana, con escala en Ciudad Panamá.

Más de 900 dólares por un boleto sin retorno

Un ejecutivo de la aerolínea aseguró a CONFIDENCIAL que la “tarifa publicada” por cada boleto de ida va desde “668 dólares, más impuestos aplicables”. Sin embargo, subrayó que “el precio final de los boletos entre La Habana y Managua depende del tipo de tarifa que se escoja y de la disponibilidad de espacio en las fechas de viaje seleccionadas por el viajero”. Así, actualmente los boletos disponibles se cotizan en el sitio web de Copa hasta en 960 dólares en clase económica full, y 1081 dólares en clase ejecutiva, solo de ida.

Otra aerolínea que conectaba La Habana con Managua era la estatal venezolana Conviasa, que en febrero de 2020 fue sancionada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos (EE. UU.), y en enero de 2021 suspendió sus vuelos entre ambos destinos. Actualmente esta compañía no está ofreciendo viajes a la isla y tampoco ha explicado si los retomará en algún momento.

En La Habana, la falta de conexión aérea ha provocado la molestia de muchos cubanos que se han congregado estos días en la sede de esas compañías aéreas, reclamando que les vendan un pasaje y rechazando la posibilidad de un reembolso entre aquellos que ya los habían adquirido.

Con la vista puesta en EE. UU.

Jorge Duany, director del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de Florida, estima que la medida de Ortega posiblemente aumentará el tráfico de cubanos a Nicaragua, ya sea para hacer compras y venderlas en la isla, o desplazarse hacia México para cruzar la frontera con Estados Unidos.

“Ya se ha producido un flujo cuantioso de cubanos hacia EE. UU. y otros países, agravado por la crisis sanitaria, económica y política en Cuba y ese éxodo probablemente se intensificará en los próximos meses”, vaticinó el académico en declaraciones a la Agencia Efe.

Duany resalta que muchos cubanos buscan alternativas para emigrar sin visas, en vista del cierre de la sección consular de la embajada de Estados Unidos en La Habana desde 2017, cuando casi una treintena de sus diplomáticos sufrieron misteriosos “incidentes de salud” que aún no han sido aclarados.

“José”, un cubano radicado en Managua que se dedica al negocio de bienes raíces, relata a CONFIDENCIAL que, en 2019, apoyó a varios hoteles pequeños de la capital ubicando a varios grupos de sus compatriotas. En ese tiempo, recuerda, los primeros grupos que ingresaron a Nicaragua lo hacían por tránsito para llegar a Estados Unidos.

“Calculo que de 100 (cubanos) que llegaban, y se alojaban en algunos de los hoteles, al menos 94 venían de tránsito y solo cuatro regresaban a la isla con sus compras, pero después el flujo fue cambiando”, detalla.

En el segundo semestre de 2019, notó que los números cambiaron: de 100 cubanos que llegaban a Managua, al menos 60 regresaban con sus compras a La Habana. “En diciembre de 2019 se llegó a un punto en el que el 98% de los cubanos que alojábamos regresaban con sus compras a la isla”, afirma.

El comercio de “las mulas”

Ermis, un comerciante cubano de colchones y telas que reside en La Habana, confió a CONFIDENCIAL, vía telefónica, que la entrada libre a Nicaragua le resulta atractiva para viajar y comprar productos que en la isla son escasos y luego puede revenderlos en su país. Él nunca ha viajado a Nicaragua y todavía no tiene un itinerario, pero tiene claro su objetivo de comprar barato y revender.

“La idea mía es ir (a Nicaragua) para comprar herramientas para mi trabajo, materiales, y ver cómo yo puedo hacer un comercio que me beneficie a mí y se beneficie todo mundo”, explica el hombre. Se queja que el precio del boleto aéreo es “carísimo”, pero está dispuesto a pagarlo porque las ganancias que le dejaría ese negocio “son buenas”.

El “comercio” que planea Ermis es el tráfico de mercancías, que en Cuba es tolerado por la población porque ayuda a paliar la escasez de productos de primera necesidad. Quienes se dedican a este oficio son conocidos en la isla como “las mulas”, el mote que en gran parte de Latinoamérica se usa para nombrar a las personas que trafican con droga.

“Las mulas”, aunque no son bien vistas por el régimen comunista de Miguel Díaz-Canel, hacen “lo que normalmente debiera hacer una empresa comercial o lo que, en el caso de Cuba, debería hacer el Ministerio de Comercio Exterior: importar productos para venderlos en Cuba”, apunta el periodista Reinaldo Escobar, jefe de redacción del medio digital cubano 14ymedio, en una entrevista con el programa Esta Noche y CONFIDENCIAL.

Una fuente del comercio formal de Nicaragua, que pidió no ser citada para este reportaje, explicó que ese sector no tiene muchas expectativas con la entrada libre de los cubanos al país, ya que al final “las mulas” son “agentes externos temporales” e independientemente de la cantidad de productos que compren solo constituyen un “paliativo” para la economía local.

En internet, incluso, portales cubanos muestran tutoriales para sacarle el mejor provecho a la práctica “mulera”: recomendaciones para gastar lo menos en hospedaje, alimentación y transporte en los países. Los cubanos ocupan sus ahorros o remesas familiares, enviadas por sus parientes que han migrado a otros países, principalmente EE. UU., para viajar a destinos de visado fácil.

El Gobierno de Ortega ha flexibilizado la entrada de cubanos en plena crisis económica causada por la represión policial y paramilitar, desatada a partir de 2018. Sin embargo, no hay estadísticas sobre su impacto en la economía local.

Pocas expectativas en Managua

En el Mercado Oriental de Managua, la presencia de compradores cubanos es nula desde hace más de un año, cuando inició la pandemia de covid-19. En 2019, en cambio, la presencia de esos grupos de extranjeros era evidente, aunque estos compraban solo “las cosas más baratas”.

“María”, una comerciante de muebles en la zona del Gancho de Camino, recuerda que a finales de 2019 veía a los isleños “comprando por montones” en este lugar. Ella anhela aquellos días de muchas ventas, pero el anuncio de la entrada libre de los cubanos a Nicaragua no le genera grandes expectativas.

“Yo era una de las que más les vendía. Recuerdo que en una ocasión les vendí hasta 25 camas unipersonales de 3800 córdobas, que eran las más económicas en ese año, porque ellos no buscaban calidad, buscaban precios”, valora.

En otra sección del mercado más grande de Nicaragua está “Juan”, un comerciante de electrodomésticos. Afirma que no ha visto compradores extranjeros, menos los grupos de cubanos que hace dos años le compraban abanicos, licuadoras, planchas y radios parlantes pequeños.

“Aquí los miramos con mayor frecuencia entre finales de 2018 y 2019. Andaban en grupos de seis o cuatro, todos compraban, pero siempre buscaban lo más barato, no les importaba nada de marca. Solo buscaban lo más barato para llevar”, indica.

También “José”, el cubano radicado en Nicaragua dedicado a bienes raíces, coincide en que sus compatriotas cuidan muy bien los gastos. Se alojan en hostales que no cuestan más de 20 dólares por noche y los mismos hoteleros les hacen tour por el Mercado Oriental, Plaza Inter, Walmart o PriceSmart.

“Por un costo adicional de cinco dólares por persona, había un microbús que los llevaba y los esperaba hasta que terminaran sus compras”, recuerda “José”. Estima que la mayoría traía entre 3000 y 6000 dólares para comprar principalmente ropa, zapatos, chinelas, electrodomésticos pequeños, artículos de aseo personal y de limpieza, además de productos alimenticios enlatados.

La crisis migratoria de 2015

La entrada libre de los cubanos a Nicaragua tiene el fin de “promover el intercambio comercial, el turismo y la relación familiar humanitaria”, según comunicó el Gobierno de Ortega, uno de los aliados de Cuba en la región. Irónicamente, en 2015 el mismo régimen cerró su frontera con Costa Rica y miles de cubanos, que pretendían seguir rumbo a EE. UU., quedaron varados creando una crisis sin precedentes.

En aquel momento, la oleada de inmigrantes cubanos hacia Norteamérica aumentó exponencialmente ante el temor a que el acercamiento entre Washington y La Habana —conocido como “deshielo”— dejara al margen las ventajas migratorias de los cubanos.

Dos años después, el entonces presidente Barack Obama (2009-2017) canceló con una orden ejecutiva la política de “pies secos, pies mojados”, adoptada por el exmandatario Bill Clinton (1993-2001). La misma permitía a los cubanos que tocaban tierra (pies secos) obtener la residencia permanente un año después de llegar, incluso si lo hacían ilegalmente, mientras que los interceptados en el mar (pies mojados) eran devueltos a la isla.

En lo que va de 2021, han sido deportados a la isla 1255 cubanos en 55 ocasiones: 46 desde Estados Unidos, 5 de Bahamas, 3 de México y una de Islas Caimán, informó al diario oficial Granma el segundo jefe de la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería, el coronel Lázaro Delgado.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 1.8 millón de cubanos emigraron hasta mediados de 2020, de un total de 11.3 millones de habitantes, es decir el equivalente al 15.9% de la población. Sin embargo, ese número puede ser mayor, el organismo no registra la migración irregular.

Las razones de Ortega y el silencio de Cuba

El régimen de Miguel Díaz Canel no se ha pronunciado sobre el anuncio de Ortega, sobre el establecimiento de libre visado a los ciudadanos cubanos. “Nadie ha dicho: ‘hemos hecho un acuerdo con Nicaragua’”, por lo que “pareciera” que el régimen cubano no hubiera sido consultado, estima el jefe de redacción de 14ymedio, Reinaldo Escobar.

“Esto es muy sintomático porque obviamente el Gobierno del señor Daniel Ortega, que es amigo íntimo del Gobierno de Cuba, no podría hacer un acto hostil de esta naturaleza sin haberlo consultado (con sus homólogos en la isla) y el hecho que el Gobierno (de Cuba) oculte, o no divulgue esta relación bilateral, es muy llamativo”, señala el periodista.

Escobar valora que el libre visado a Nicaragua “no es una cosa que vino del cielo” o que “casualmente se le ocurrió a Nicaragua hacer esta medida”. Esto “está programado, está estudiado y tiene una intencionalidad de parte del Gobierno”, sentencia.

A su juicio, el anuncio de Nicaragua y el silencio de Cuba “es una componenda en la que se han puesto de acuerdo los dos gobernantes”, lo cual se hace con varias intenciones. Entre ellas, provocar un aumento de la crisis migratoria en la frontera sur de Estados Unidos y así forzar a la Administración de Joe Biden a abrir un canal de negociaciones con Cuba.

Otra razón, estima, es que las inéditas protestas multitudinarias que se registraron en Cuba el 11 de julio pasado —cuando cientos de personas salieron a la calle exigiendo derechos, libertad y hasta el fin de la dictadura— causaron “un trauma para los gobernantes cubanos”, y podrían estar intentando liberar la presión política.

El régimen de Cuba sabe “que  eso (protesta) no lo organizó nadie en los Estados Unidos”, que fue algo “absoluta y totalmente espontáneo”, advierte. De manera que al prevalecer las condiciones que causaron el estallido social, “podrían temer que  vuelva a ocurrir”. Es así que el libre visado a Nicaragua constituye una “válvula” para liberar presión.

“Ellos (la Administración de la isla) necesitan que aquellas personas con capacidad de liderar una protesta decidan, en lugar de usar esa voluntad, esa autoestima, en liderar una protesta, que la usen para irse del país a buscar un lugar donde puedan sentirse felices y un lugar competitivo, que —subraya Escobar— no es Cuba, la verdad”.

Redacción Confidencial

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