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Monseñor Silvio Báez: “Ser y pensar distinto no es un delito”

El obispo auxiliar de Managua, en el exilio, destaca en su homilía que “hay dictaduras sangrientas que roban el futuro a los pueblos”

El obispo auxiliar de la arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio Báez, invitó —citando palabras del profeta bíblico Isaías— a la convivencia pacífica entre las personas. Aunque no mencionó nombres de países, su prédica apuntó de manera especial contra el sufrimiento del pueblo de Nicaragua, pero también el de Ucrania.

Exiliado desde abril de 2019, la voz de monseñor Báez se escucha con fuerza cada domingo desde la parroquia de Santa Agatha, en Miami, Florida, con homilías que invitan a vivir su religiosidad de forma intensa, sin olvidar que el de Nicaragua es un pueblo crucificado, que habrá de “resucitar”.

Esta vez, basado en las enseñanzas bíblicas, el pastor recuerda que “es posible un mundo de hermanos” y que “podemos construir una convivencia pacífica y justa a pesar de que somos distintos”, para insistir poco después en que “es posible una convivencia pacífica en donde no nos hagamos daño unos a otros”.

En una situación en la que más de 220 nicaragüenses están detenidos en las cárceles de la dictadura por pensar por sí mismos sin seguir consignas; por opinar basados en su análisis propio y en su libre albedrío, monseñor Báez recuerda que “ser distintos, pensar distinto, ver las cosas de modo distinto, no es un delito”.

“Más bien, ser distintos es una riqueza que abre posibilidades y horizontes que van más allá de la estrechez del individualismo y de la mezquina búsqueda de intereses personales. La visión de Isaías nos asegura que es posible entendernos sin caer en la uniformidad que anula y somete y que podemos caminar juntos sin darnos codazos ni ponernos zancadillas”.

Tranquilos: hay esperanza

En un mensaje que es igual de válido para las muchas diásporas que hay en el continente —la cubana, la venezolana, la nicaragüense— el religioso reconoce que “hay mucho dolor, mucho fracaso, mucha falta de humanidad”.

“Estamos desanimados, a veces la tristeza nos domina, el cansancio nos doblega y nuestras debilidades nos arrebatan la alegría. Hay estructuras sociales injustas que oprimen a la gente y dictaduras sangrientas que roban el futuro a los pueblos. No nos desanimemos, que el pesimismo no nos paralice y que la sensación de impotencia no nos haga caer en el derrotismo. Animémonos, caminemos juntos. Hay esperanza”, clamó.

La Iglesia católica nicaragüense se encuentra sometida a continuos ataques verbales, la encarcelación de sus sacerdotes, el secuestro o expulsión de sus obispos, y la prohibición de sus manifestaciones de religiosidad pública desde hace varios años, pero con especial intensidad a partir de la Rebelión de Abril de 2018, cuando se puso del lado del pueblo que reclamaba libertad, justicia y democracia.

Al poner su atención en las guerras convencionales que extienden la matanza de hermanos y el goteo de sangre inocente en el mundo (la de Ucrania es solo la más visible, pero no la única), Báez parafraseó al profeta Isaías al decir que “los misiles se pueden convertir en escuelas para educar, los tanques de guerra en alimento para los niños desnutridos, los aviones de combate en hospitales dignos para los más pobres”.

Y luego, en un mensaje que tiene que ver más con la realidad nicaragüense, dijo que “los policías que reprimen pueden convertirse en personas buenas que defiendan la dignidad del pueblo; los jueces inicuos, que dictan sentencias espurias, pueden llegar a ser defensores de la ley y los derechos humanos; los opresores pueden convertirse en hermanos, y los violentos se pueden transformar en constructores de paz”.

De ahí que repitiera la invitación de no vivir “dormidos en la indiferencia o dominados por el pesimismo. El futuro puede parecer oscuro, las tareas que tenemos por delante son inmensas, pero el Señor está con nosotros para indicarnos el camino, darnos ánimo en los momentos duros, transformarnos en constructores de paz y preservarnos de todo mal”.

“No caigamos en el pesimismo ni dejemos que nuestro corazón se endurezca…. No dejemos que se apague en nosotros el deseo de cuidar a los demás con premura y cariño. No nos cansemos de luchar por una sociedad más humana y justa”, reiteró.


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