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Ortega “se mete a un peligroso juego geopolítico” al acercarse a China

China salió ganando, pero ¿qué gana Nicaragua al retar a Estados Unidos, el poder predominante en Occidente?

La ruptura de relaciones de Daniel Ortega con Taiwán, y su consiguiente restablecimiento con China, sirvió para adelantar más la agenda geopolítica de la extensa nación asiática, aunque está en duda que sirva de mucho a los intereses geoestratégicos de Ortega, según la opinión de tres expertos consultados por CONFIDENCIAL.

El anuncio del nueve de diciembre tomó por sorpresa a muchos, y generó un mar de comentarios sobre lo artero de una decisión que golpeó a un socio tan incondicional como Taiwán, a la vez que se explicaba lo poco probable que es que China premie la decisión de Ortega, o que vaya a sustituir a Estados Unidos -o siquiera a Taiwán- como socio comercial. No por falta de músculo económico, sino de interés.

“Hay que poner en contexto cuáles son los intereses que persigue China en Centroamérica”, invita el salvadoreño Napoleón Campos, especialista en temas internacionales, recordando que la región fue parte de una suerte de ‘frente proTaiwán’, que estuvo activo en los peores años de la Guerra Fría.

En esos años, Ortega fue el primero en establecer nexos con China, pero “eso nunca tuvo significado relevante para China, Nicaragua o para Centroamérica, mientras Taiwán evolucionaba hacia una democracia más transparente y abierta, y se encuentra con una Centroamérica que regresa a la paz”, detalla el experto.

Cuando Nicaragua vuelve con Taiwán, China comienza a empeñarse en recuperar a Centroamérica, dando el primer paso con Costa Rica (junio de 2007), a lo que le siguió Panamá, una década después, (junio de 2017), país que le interesaba mucho, entre otras razones, porque los barcos con bandera china son los segundos en usar el canal.

El Salvador también buscaría -y encontraría- a Pekín en agosto de 2018, recibiendo su correspondiente cuota de promesas, que todavía no se han materializado.

En ese contexto, el giro de “una tiranía” como la de Ortega, “después de ser acorralado por efectuar unas elecciones fraudulentas, lo que hace es juntar en este encuentro triste, paria, a dos regímenes condenados por violaciones a los derechos humanos, que tienen prisioneros políticos, y se apartaron de los valores democráticos”, acusó el salvadoreño.

El exdiputado Agustín Jarquín recuerda que, en términos de política internacional “no hay amistades, sino intereses”, y China y Nicaragua parecen tener muchos intereses en común, siendo que el país asiático “claramente es violador de derechos humanos. Es una dictadura, con Xi elevado al nivel de Mao, sin término para su periodo de Gobierno”, señaló.

Dadas esas comparaciones, el salvadoreño refiere que “no encuentro mayor relevancia que dos tiranías, que han recibido graves sanciones internacionales, decidan establecer nexos. Quien pierde es Nicaragua como país”.

Peleado con Washington, aliado con Pekín

Para el periodista nicaragüense Alberto Alemán, analista de asuntos de Asia – Pacífico, el contexto correcto para entender esta decisión es “el creciente deterioro de las relaciones diplomáticas y políticas entre Washington y Nicaragua. Eso explica por qué ahora y no antes”.

Ese enfriamiento es consecuencia de “la determinación de Ortega de permanecer en el poder de manera ilegítima, después de haber cometido un fraude electoral, de no permitir una campaña y unas elecciones justas, de suprimir las libertades ciudadanas en Nicaragua, y tener presos políticos, entre ellos, varios precandidatos presidenciales”, abundó.

“Ese deterioro de las relaciones entre Managua y Washington, es lo que ha llevado a Ortega a tomar esta decisión. Creo que él tenía este as bajo la manga, como un desafío geopolítico a Estados Unidos, porque Taiwán es un aliado muy importante de Estados Unidos, en Asia y en el mundo” pese a que no hay relaciones diplomáticas oficiales entre ambos países.

Alemán opina que cuando Ortega tomó la decisión de acercarse a China, dando la espalda a Taiwán, lo que hizo es “dar un claro mensaje que estaba dispuesto a tomar partido en el juego geopolítico entre China y Estados Unidos para mantenerse en el poder y garantizar su continuidad”.

El experto observa que “en esta tercera década después del final de la Guerra Fría, donde se está terminando de configurar el nuevo orden mundial, hay claramente una confrontación global entre la democracia y autoritarismo, así que Ortega opta por el campo de las dictaduras, y busca revivir la cercanía que tuvo con la URSS, con Rusia como su heredera, y ahora con China”.

“Ortega sabe que su jugada tiene ecos políticos muy serios, y que desafía a Estados Unidos al aliarse con sus principales rivales en la arena internacional”, como China en este caso, que consolida su posición en Centroamérica, porque ni Panamá, ni Costa Rica, ni El Salvador, tienen relaciones diplomáticas con ellos. Solo quedan Honduras, Guatemala y Belice.

Campos considera que la decisión de acercarse a China es peligrosa para Nicaragua, en especial al considerar que el presidente Joe Biden, sigue la política de endurecimiento hacia China, que comenzó a subir con Trump, aunque muestra otra actitud frente a otros rivales: se retiró de Afganistán; está buscando acuerdos con Irán por armas nucleares, “pero no retrocede un milímetro de donde estaba Trump frente a China”.

En este ángulo, Ortega pierde al establecer nexos con el gigante asiático, sobre todo si se da a entender que la relación pueda prosperar con el Canal, o se ofrece algún gesto de tipo militar. “Ortega se la va a ver muy difícil con Estados Unidos y los europeos”, sentenció.

“Es una decisión tremendamente arriesgada y para nada aconsejable para un país tan atribulado como Nicaragua. A Ortega no le importa el sufrimiento del pueblo nica y no le importa ahondar su conflicto con Estados Unidos. Si hay enfrentamiento no es por razones ideológicas o políticas, sino por el desmantelamiento democrático”, añadió.

Aquella China, esta China

La China a la que se acercó Ortega, es diametralmente distinta de aquella con la que tuvo relaciones en los años 80. “El contexto es otro. La situación, el entorno geopolítico y el orden mundial que existía en los años 80, y la China de los años 80 era otra”, sostiene Alemán.

Esa China tenía una gran cercanía con Estados Unidos, como parte de su competencia con su poder comunista rival, que era la Unión Soviética, al punto que China vendió armas a la Contra, dentro del esquema Irán – Contra, con lo que se mostró antagónica con sus dos aliados ideológicos: el soviético, y el nicaragüense.

“La decisión de romper con Taiwán en los años 80”, explica Alemán, tenía dos objetivos: parar el flujo de armas chinas a la Contra, y mantener un canal de comunicación diplomática con el otro gran poder comunista, aunque el Gobierno sandinista era aliado de Moscú.

En esa misma línea, Campos precisa que “la China de los 80 estaba en una profunda reestructuración, preocupada por explotar el reconocimiento internacional que significaba, por ejemplo, tener un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero de esa China ya no queda nada”.

En lo político, observa que ese país no caminó hacia una democracia, sino hacia un esquema autoritario con un líder tiránico, sin importarles violar los derechos humanos, ni de ellos ni de sus socios, porque, como detalla Alemán “a China no le importa exportar su modelo de organización política. Eso no es importante para ellos”.

Un error político

Al considerar las más recientes sanciones de Biden contra la administración nicaragüense, el exdiputado Jarquín opina que Ortega se apresuró al establecer vínculos con China, buscando un nicho dónde ampararse. “Esa es una mala decisión que no traerá beneficios a los nicaragüenses, porque los estándares con los que se conduce ese país, son claramente reñidos con los derechos humanos y libertades”, recordó.

Campos considera que, al tener como aliados a cinco de los ocho centroamericanos, es posible que China le regale a Nicaragua “un estadio, unos puentecitos, como cualquier otro cooperante, pero no la veo volcándose hacia Nicaragua, porque tienen sus propios problemas y pesadillas: Taiwán, Hong Kong, etc.”.

El salvadoreño opina que Ortega queda “extremadamente mal parado con este giro. Taiwán le era oxigenante paradójicamente, a pesar de las críticas por seguir con él. La isla ahora entendió que Ortega la usó y ordeñó hasta donde pudo, porque son países en rutas diametralmente opuestas”, afirmó.


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