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Otoniel Martínez, periodista mexicano: “Un celular en la calle incomoda al nicaragüense”

El reportero de TV Azteca burló el control migratorio de la dictadura y constató el acoso policial y “un miedo silenciador” entre la población

El periodista mexicano Otoniel Martínez, de TV Azteca, estuvo en Nicaragua durante dos semanas en julio pasado, con el propósito de descubrir la vida cotidiana de los nicaragüenses bajo el estado de sitio policial. El comunicador junto a otros dos colegas ingresaron a Nicaragua, desde Costa Rica, como turistas, para burlar el control que mantiene la dictadura sobre los periodistas nacionales y extranjeros.

El reportero de la televisión mexicana recorrió las calles de Managua, sus barrios, mercados y parques, y también se aventuró en el interior del país en ciudades como Matagalpa, Masaya y Granada, donde constató un miedo silenciador y lo incómodo que es para la gente ser filmados con un teléfono celular. ¿Por qué estás ahí?, ¿por qué estás grabando?, ¿qué estás buscando?, fueron algunas de las reacciones y respuestas que recibió. En uno de los días de su cobertura, fue asediado e interrogado por policías, por grabar en la vía pública con su móvil. Es un síntoma de que algo no está normal. Una realidad que no puede estar ocurriendo en 2022, dijo el periodista en entrevista con el programa Esta Semana.

El reportero mexicano describe Nicaragua como un país fachada, donde duele respirar. Martínez presentará una serie especial de reportajes divididos en cinco entregas, a partir de este lunes 15 de agosto hasta el viernes 20, en la televisión mexicana. Durante la próxima semana estarán disponibles en las redes sociales de Azteca Noticias.

¿Cómo lograste ingresar a Nicaragua sin que se te hayan negado entrar? El régimen de Daniel Ortega ya ha negado antes el ingreso de más de una decena de periodistas internacionales.

Decidimos hacerlo vía terrestre, lo que nos obligaba a hacer una escala en Costa Rica. Esto implicaba no llevar ningún tipo de identificación, no llevar uniformes, no llevar absolutamente nada que nos ligara con la profesión. Fue entonces con un aspecto más parecido a un turista, que a un periodista. No llevamos cámaras profesionales, no llevamos iluminación, micrófonos profesionales, como estamos acostumbrados a trabajar, lo único que llevábamos eran celulares para poder documentar lo que nosotros queríamos, que era el día a día de los nicaragüense en este país que está viviendo una de las peores dictaduras.

Después de unas dos o tres horas en la estación migratoria logramos ingresar al país. El pasaporte nos lo quitaban y era llevado a las oficinas, sin decirnos absolutamente nada, regresaban, nos hacían otra serie de preguntas, y nuevamente tomaban ese pasaporte y se lo llevaban a las oficinas. Así ocurrió como en tres ocasiones, hasta que por fin recibimos el sello migratorio, y logramos cruzar la frontera y continuar hasta llegar a Managua.

¿Por qué decidiste viajar a Nicaragua? ¿Qué habías escuchado antes de la crisis política y social, y qué pudiste encontrar en este viaje?

En México se habla más de Honduras y del Salvador, incluso de Guatemala, por la migración, no se habla tanto de Nicaragua. Me parece que la radiografía de Nicaragua puede servir para que el latinoamericano pueda hacer una reflexión, y saber si su país está rumbo a una situación similar. Por eso es que decido viajar a Nicaragua.

Trabajamos a marchas forzadas para lograr el material suficiente. Lo hicimos de sol a sol, desde muy temprano salíamos a las calles de Nicaragua, de Managua principalmente, con algunas entrevistas que ya teníamos pactadas, otras nos fueron negadas; entonces tuvimos que buscar un plan B para lograr los testimonios que necesitábamos para contar la historia de Nicaragua. La intención de este documental periodístico es mostrarle a los latinoamericanos que la realidad de Nicaragua: es una realidad que no puede estar ocurriendo en 2022; y es una realidad que posiblemente se está escribiendo en otros países de Latinoamérica.

¿En tu cobertura qué lugares visitaste, y cuál fue la reacción de la gente en la calle, a tus preguntas? ¿Tienen  miedo los ciudadanos?

Nos movimos en Managua; fuimos a Matagalpa, Sébaco, Granada y Masaya. Nos movimos en calles, subimos a buses, a caponeras; nos metimos a mercados, visitamos plazas comerciales, parques;  incluso, nos paramos en rotondas, nos movimos en taxi; platicamos con transportistas, con maestros, médicos, comerciantes, con líderes sandinistas que, de cierta forma, coordinan los barrios; y también con líderes de la oposición.

Un celular en la calle incomoda al nicaragüense. Fui detenido en dos ocasiones por la Policía nicaragüense, y evidentemente tuve que enfrentar un interrogatorio policiaco para contestar quién soy, qué estaba haciendo ahí y por qué estaba grabando (con celular), principalmente.

En la segunda ocasión, que es uno de los momentos más tensos que viví en Nicaragua: nos detienen por estar grabando la Plaza de la Revolución. Ya estaban los preparativos para el evento del aniversario (de la Revolución Sandinista) y es ahí donde, primero, un policía nos ve y se portó muy indiferente, lo que nos hizo creer que evidentemente no pasaba nada. Entonces, me atreví a grabar frente a policías, para ver cuál es la reacción de un policía. Y yo detecto que una mujer uniformada no se distrae con lo que yo estaba haciendo. Cuando caminamos unos pasos más, escucho que a través del radio le dicen ¿quiénes son los que están grabando en la entrada de la catedral? Y después viene una indicación que no nos permita irnos, y que esperemos ahí hasta que llegue el jefe.

Nos empiezan a hacer una serie de preguntas agresivas directas, y evidentemente indicaciones agresivas frente a la cámara, como –desactiva ese teléfono—. Y después vino el interrogatorio y la revisión de todo el material. Ese día nos obligaron a borrar material que ya habíamos documentado durante la mañana. Esas fueron las cosas que a mí me empezaron a levantar estos síntomas de que algo no está bien en Nicaragua.

Otro momento fue en el mercado oriental. Como mexicano, tengo la libertad de grabar con celulares, sino además con cámaras profesionales en un mercado, no tengo ningún tipo de restricción. Y fue en ese mercado, cuando viví la reacción más franca de la gente, que te queda viendo muy extraño, gente que se voltea, que se tapa; gente que se atreve a cuestionarte: ¿por qué estás ahí?,  ¿por qué estás grabando?,  ¿qué estás buscando?

Después, en este ejercicio de revisar todo el material, me di cuenta que detrás de mí, (habían) miradas muy amenazadoras, y empiezo a identificar a la misma persona en varios momentos de mi recorrido, lo que también me parece no es algo normal.

Cuando yo me subo (a un bus) y empezamos a grabar, yo empiezo a platicar con un usuario y una persona me empieza a grabar a mí, a mis compañeros, y empieza, además, a enviar no solamente esos vídeos y fotografías, sino también la ubicación de ese trayecto que nosotros hacíamos. Nosotros descendimos, no pasó a más. Pero, ese es otro de los síntomas que yo documenté y que puedo decir no me parecen normales.

Me encontré con una población nicaragüense que tiene miedo a hablar, que aquellos que se cargaron de valor me pidieron de una manera muy sincera que omitiera nombres, rostros, incluso que fuera muy cuidadoso con la ubicación en donde yo había hecho las entrevistas, lo cual me habla de un miedo silenciador.

¿Cuál es tu llamado a la prensa internacional? ¿Por  qué deberían de voltear a ver hacia Nicaragua?

Somos nosotros las voces, oídos y, muchas veces, los ojos de aquellos que no pueden hacerlo. Me parece que como periodistas, como reporteros, no podemos ser indiferentes a lo que le esté pasando a un país, sea Nicaragua, o sea Venezuela, o sea Cuba, o sea el mismo México. No podemos callarnos, porque entonces somos cómplices de la normalización de las cosas que no deben de estar ocurriendo en un país. Es un llamado a las autoridades, a la opinión internacional, pero sobre todo al periodismo de otros países latinoamericanos.

Me parece que necesitamos a más colegas, como lo están haciendo los reporteros nicaragüenses que, aun cuando han tenido que vivir el exilio, siguen haciendo un trabajo periodístico para no callar la voz de un país. Lo que no podemos permitir es callarnos, como han sido callados cientos de miles en Nicaragua.

Has resumido tu experiencia en Nicaragua y descrito como “un país fachada”. La gente que quiera ver tu reportaje, ¿dónde y a partir de cuándo podrá verlo?

A partir de este lunes 15 de agosto en todos los espacios informativos de Azteca Noticias, van a poder ver cinco piezas especiales, una por día; y después de verlas al aire en  nuestras pantallas, también van a poder ver estas piezas en todas las plataformas digitales. Será un documental mucho más largo, con voces que quizá ya no pudieron entrar en estas piezas cortas, con imágenes y testimonios; y otros contenidos alternativos que estamos produciendo para poder utilizar todo el material que logramos en dos semanas de estancia ahí en Nicaragua.


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