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“Sin futuro y sin empleo” quedan jóvenes en Nicaragua tras cancelación de oenegés

El impacto de la cancelación de Daniel Ortega contra las oenegés que trabajaban en aras del desarrollo, proyectos sociales y educación

Jossue Granados, de 23 años, desarrollaba una capacitación con jóvenes cuando le informaron de golpe que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo había cerrado dos de sus casas, en referencia a la Asociación Infantil de Niños y Niñas Trabajadores de Jinotega Tuktan Sirpi y la Asociación de Educación y Comunicación la Cuculmeca, de la misma ciudad. A la primera llegó a los siete años y fue su vehículo para colocarse laboralmente en la segunda, desde hacía un año. En minutos se quedó sin casa de formación y sin empleo.

En Tuktan Sirpi —niño pequeño en miskitu— inició jugando y coloreando. Se involucró en actividades de reforzamiento escolar y a la edad de diez años ya hablaba ante líderes y cabildos sobre los derechos, las demandas y la importancia de escuchar a la niñez e involucrarlas en las agendas municipales. Con 16 años se convirtió en promotor de la organización hasta su cierre, el pasado 2 de junio, cuando el régimen orteguista le quitó su personería jurídica como parte de un paquete de 96 Organizaciones Sin Fines de Lucro (OSFL) que ilegalizaron.

La Asociación Infantil “Tuktan Sirpi”, también conocida como Club Infantil en Jinotega y Club Natras en San Sebastián de Yalí, nació en 1994, pero se constituyó legalmente como oenegé en 2001, según la publicación en el Diario Oficial La Gaceta. Promovían entre niños, niñas y adolescentes el ejercicio de sus derechos, que ellos fueran “protagonistas de su propio desarrollo y de transformación social, interactuando en una sociedad en donde las y los adultos les reconocen y respetan como sujetos sociales y de derechos”, detallan en su página web.

Trabajaban con niños de los municipios de Jinotega y Yalí, incluidos quienes estaban en situación de riesgo. Jossue vivió con plenitud todo el proceso formativo que recibió en la organización. Aprendió sobre género, derechos de la niñez y adolescencia, medioambiente, y otras temáticas que le cambiaron la vida.

Para él, era como “una terapia” que le permitía olvidarse de su cotidianidad. Es uno de once hermanos, el año pasado terminó la secundaria, y aspira entrar en 2023 a la universidad para formarse como trabajador social o abogado.

“Estas organizaciones marcaron algo en mí, y que me hizo cambiar muchas de las cosas, desaprender muchas cosas. No sería la persona que soy hoy en día, no tuviera la mentalidad ni las perspectivas que tengo de las cosas, ni siquiera tuviera una visión clara, metas u objetivos”, confiesa.

Cancelación oenegés
Actividades de recreación, promovidas por la organización Tuktan Sirpi. Foto: Tomada de redes sociales

Tuktan Sirpi cumplió 28 años de existencia este 2022. Según datos públicos de la oenegé, más de 20 000 niños, niñas y adolescentes han sido beneficiados por la Asociación, durante las casi tres décadas de labor.

Jossue vio llorar a varios chavalos cuando se enteraron que la oenegé cerraría. La decisión afectó directamente a los trabajadores, algunos de ellos, madres solteras que no tenían otra fuente de ingreso.

“Para muchos de los niños era su terapia; tenían un espacio a donde ir a jugar, divertirse, aprender, igual que para los niños de las escuelas. Para mí, más que todo era eso, defender y hacer que los niños se empoderaran de sus derechos”, expresa.

Atención a víctimas de violencia sexual

Una fuente cercana a la organización “Tuktan Sirpi”, que aceptó hablar bajo anonimato, señaló que uno de los programas emblemáticos desde 2001, era la atención y acompañamiento a niños, niñas y adolescentes, sobrevivientes de la violencia sexual.

“Fueron cientos de historias que pasaron por la Asociación y que vimos un cambio en la vida de los chavalos y las chavalas, lograron recuperar sus planes, sus propósitos de vida porque una de las secuelas que deja el abuso sexual es eso, que las personas pierden el sentido de vida”, destaca. La organización también tenía presencia en comunidades de San Rafael del Norte y comunidades en Matagalpa.

La Asamblea Nacional aseguró que esta organización y otras 95 incumplieron la legislación nicaragüense, al no presentar estados financieros conforme a periodos fiscales y tampoco reportaron quienes integraban sus juntas directivas. El diputado orteguista, Filiberto Rodríguez, también ha señalado a las oenegés de estar inactivas.

Sin embargo, la fuente ligada a la organización señaló que ninguna de esas razones eran aplicables a “Tuktan Sirpi”, y explicó que los donantes no facilitan el financiamiento mientras la oenegé no tenga la constancia de cumplimiento que otorga el Ministerio de Gobernación (Migob).

Hasta antes de 2019 todo marchó bien, pero a partir de ese año, el Migob solicitó más requisitos, y la Asociación cumplió; “estaba al día”, aseguró.  Y tampoco se encontraba sin operar, al menos, ejecutaba cuatro proyectos cuando la forzaron a cerrar.

Con el voto de los diputados sandinistas y sus aliados, el régimen ha cancelado —desde finales de 2018— la personería jurídica de 669 oenegés, de estas 595 han sido anuladas en lo que va de 2022. A todas el Migob las ha acusado del incumplimiento de tres leyes: la Ley sobre Personas Jurídicas sin Fines de Lucro o Ley 147; la Ley Orgánica del Poder Legislativo de la República de Nicaragua o Ley 606, y la Ley contra el Lavado de Activos, Financiamiento al Terrorismo y el Financiamiento a la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva o Ley 977.

Entre las oenegés canceladas hay decenas que desarrollaban proyectos de educación, programas médicos, movimientos de mujeres, del medioambiente; la promoción y defensa de los derechos humanos, el desarrollo social, la democracia, la cultura, los indígenas y los niños y adolescentes.

Adiós Cuculmeca

Siete días después que el régimen orteguista canceló la personalidad jurídica de la Asociación de Educación y Comunicación la Cuculmeca, de Jinotega, esta se despidió de sus beneficiarios y donantes mediante un pronunciamiento lleno de agradecimiento. “Cuculmeca seguirá echando raíces para el futuro”, se lee en el documento.

Jossue, quien tenía un año de trabajar para la oenegé, ve su cierre como “fatal”, no solamente por su desempleo, sino porque la asistencia que la organización brindaba siguiendo cuatro ejes claves: educación, medioambiente, participación ciudadana y desarrollo organizacional, con niñas, niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas, para contribuir a la formación de una cultura basada en ideas, valores, costumbres, ya no existirá más.

“Jassmir”, de 18 años, es uno de los beneficiarios de la Cuculmeca. Nueve años de su vida están ligados a esta oenegé a través de variados talleres y capacitaciones. Con el cierre inesperado, él y otros jóvenes sienten que se rompió un vínculo construido por casi una década.

La Cuculmeca promovía talleres entre niños y adolescentes en Jinotega. Foto: Tomada de redes sociales

Recuerdan los múltiples beneficios de la organización liderados por ellos, como voluntarios. Se involucraron en huertos familiares, letrinas ecológicas e instalación de puentes en zonas de riesgo. Su única esperanza es que todo el conocimiento que la oenegé sembró en cada joven no desaparezca.

Jovesolides: becas para jóvenes

“Deyanira” tiene 29 años y es abogada. Su adolescencia estuvo marcada por la muerte de su madre —a los 16 años—, y la falta de oportunidades en una zona castigada por la pobreza, en la periferia de Granada. Entre el hambre y las carencias, el estudio era un lujo al que no podía aspirar; pero lo hizo con el apoyo de una organización no gubernamental que la acompañó hasta la educación superior.

A sus 21 años, inició a estudiar Derecho en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) —confiscada en febrero pasado por el régimen orteguista—, convencida que las leyes eran lo suyo. Terminó el primer año con mucha dificultad después que la organización le dijera que no podía seguirla apoyando. Sin dinero para pagar folletos, libros, transporte de Granada a Managua y sin apoyo de familiares, ya que su único soporte era su hermana, dedicada al trabajo informal y con cinco hijos, pensó en desertar.

“Era un presupuesto de casi 800 córdobas en pasaje, era para nosotros una locura, demasiado dinero”, recuerda. Quería seguir estudiando, pero era más urgente trabajar para comer.

Poco antes de rendirse por completo se enteró de la existencia de la Asociación Jóvenes Hacia la Solidaridad y el Desarrollo de Nicaragua (Jovesolides), una oenegé que becaba con una residencia y manutención a estudiantes de escasos recursos, provenientes de departamentos y con excelentes notas; contaba con todos los requisitos.

Esa oenegé fue cancelada —junto a otras 82— el pasado 31 de mayo. “Para mí fue la base principal, porque sí había llegado a la universidad, había logrado coronar un primer año, pero la universidad por mucho que en Nicaragua sea pública y gratuita, no es solo eso. Desde ahí viene el funcionamiento de las oenegés, porque hay muchas como Jovesolides, que apoyan a los estudiantes”, relata.

En 17 años de operación, Jovesolides becó a un poco más de cien jóvenes. El propósito de la iniciativa era que los beneficios se mantuvieran durante los cinco o cuatro años de formación universitaria de los jóvenes, lo que sucedió con el 80% de los casos, entre ellos, Deyanira.

Cancelación oenegés
Esta es la residencia, donde alojaban a los becarios de la organización Jovesolides. Foto: Tomada de redes sociales

Una fuente cercana a la oenegé aseguró que el proyecto nació por la motivación de un grupo de jóvenes que regresaron de cursar becas en España en 2005, y replicaron en Nicaragua la iniciativa que funcionaba muy bien en ese ese país. Además de la residencia, los becados debían cumplir con un voluntariado en oenegés amigas de Jovesolides y cada cierre de año se apadrinaban niños en comunidades empobrecidas del país, donde se entregaban regalos y se compartían piñatas.

Desde 2017 a la fecha, Jovesolides no recibía apoyo externo, solamente de socios locales, que permitían mantener en orden los gastos de la residencia. El cierre obligatorio afectó directamente a seis jóvenes becarios, que fueron apoyados por la oenegé para trasladarse a otros espacios, aunque ahora, deberán buscar soporte económico para poder terminar sus carreras y mantenerse en Managua.

Para Deyanira los más perjudicados con el cierre de estas oenegés es la gente pobre, que necesita apoyo. “Soy el vivo testimonio de que si vos ayudás a un chavalo cuando más lo necesita, te vas a dar cuenta de que podés cambiar y podemos ser agentes de cambio, pero ahora con lo que pasó, el Gobierno no está perjudicando a los ricos, no, está perjudicando a los más desposeídos”, cuestionó.

En Cantera ya no se baila

Celeste Guerrero, de 18 años, enseñaba danza a 30 niñas, dos veces por semana, en el Centro de Comunicación y Educación Popular (Cantera), ubicado en Ciudad Sandino, Managua. Llegó a la organización a sus 14 años para conocer la variedad de cursos que ofrecía: desde baile hasta karate.

Pronto, se inició como voluntaria en el programa juvenil y cuatro años más tarde, ya se desempeñaba como promotora de danza y facilitadora de programas infantiles sobre sus derechos y deberes.

Cantera se consolidó por 32 años como una oenegé que buscaba aportar desde la concepción metodológica de la educación popular, la equidad de género y la espiritualidad, al fortalecimiento de las identidades y capacidades individuales y colectivas que contribuyeran al mejoramiento del nivel y calidad de vida de niños, niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres y comunidades rurales y semiurbanas de los municipios de Belén, Mateare y Ciudad Sandino, indica en su página web. Y lo logró.

La organización, que fue cerrada por el régimen de Ortega el 20 de abril junto a otras 24 OSFL, se convirtió en una referencia local, con decenas de jóvenes y niños beneficiados mediante talleres, capacitaciones, becas y cursos.

Celeste recibía un estipendio que le ayudaba a costearse sus estudios, pero en noviembre de 2021 les avisaron que ya no podían entregárselos. Varias personas se fueron, pero otras como ella se quedaron por amor, porque nos enamoramos del trabajo social, dice.

Cancelación oenegés, Nicaragua
Taller promovido por Cantera, organización ilegalizada por el régimen orteguista el 20 de abril de 2022.
Foto: Tomada de redes sociales

Para la joven, el cierre de la oenegé —que en enero pasado entregó paquetes escolares a unos 300 niños— no solo es una pérdida para las niñas que llegaban a danzar o para los otros beneficiarios que asistían a otros proyectos, sino para toda la comunidad. En su caso, el golpe fue doble porque su mamá trabajaba para Cantera. Nos quedamos completamente desempleadas”.

“Es un impacto muy grande porque recuerdo que ir a Cantera y reunirnos con los jóvenes era como un momento de paz, como un escape de todo lo que teníamos, de los problemas, de todo eso. Varios jóvenes se quedaron sin eso… en el área infantil también es un impacto grande porque los niños iban a socializar, a divertirse, aprender mediante los juegos y el reforzamiento escolar era uno de los programas que más ayudaba a la comunidad”, expresa.


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