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“Ya no aguanto estar aquí”: El calvario de Celia Cruz, la última presa política trans

Insultos, golpes, amenazas y humillación es lo que ha vivido esta mujer trans, encarcelada desde hace cuatro meses por oponerse al régimen

“Te vamos a cortar las mechas”.”¿Por qué  no corrés como cuando estabas apaleando a un policía?”. “Aquí ropa de mujer no se permite”. “Vos sos un hombre, sos huevón”. “Aquí no te podés andar maquillando”. Son algunas de las frases que, en cuatro meses, los policías le han repetido infinidad de veces a Celia Cruz, una mujer transgénero, encarcelada por oponerse al régimen de Daniel Ortega.

Todo eso se lo ha contado a su madre, Vilma Cruz, quien viaja de Moyogalpa a Managua para verla al menos una o dos veces al mes.  Celia se lo dice aguantando el llanto. “Pero sus ojos me lo dicen todo”, afirma su madre. Ambas sufren su separación porque vivían juntas y Celia era el sustento del hogar, ubicado en esa comunidad de la paradisíaca Isla de Ometepe.

“Ella ha sido amenazada, ha sido humillada, pero nada la doblega porque es fuerte”, insiste su madre. Sin embargo, en la última visita le dijo que estaba deprimida. “Ya no aguanto estar aquí, quiero estar en mi casa”, fue lo último que le dijo.

Encarcelada con engaños

Unas llamadas telefónicas cambiaron todo. Era 21 de abril de 2020. A Celia le insistían que fuera a la Policía a una entrevista con el comisionado Yuri Valle, jefe policial de Rivas, para mediar por la liberación de otros jóvenes detenidos dos días antes, por conmemorar el segundo aniversario de la Rebelión de Abril. Le insistieron. “No queremos llegar (porque el ambiente estaba tenso en la zona), pero si no venís vamos a tener que irte a sacar por la fuerza”, le dijo el jefe policial.

“Voy a ir mamá, porque no tengo nada que temer, no he hecho nada malo y espero no tardar”, le dijo Celia. Vestida de negro, con poco maquillaje y con el cabello recogido, salió rumbo a la delegación en una camioneta de la Policía que la esperaba cerca de su casa. Pero nunca volvió.

Celia Cruz presa trans
Celia Cruz, de 33 años y originaria de Ometepe, es presa política trans desde el 21 de abril de 2020. Foto: Tomada de Facebook

Doña Vilma recuerda que dos horas después de”ese mediodía triste”, su hija le mandó varios mensajes de texto. Le decía que la estaban interrogando en una oficina de la estación policial, pero que la habían dejado un momento sola. Una hora más tarde un amigo de su hija la llamó y le dijo que la acababan de ver en el puerto, cuando se la llevaban en el ferry.

“Se la llevaron por el puerto San José, procurando alejarse de Moyogalpa, donde ella era muy conocida, pero aún así sus amigos la vieron y lograron tomarle fotos”, cuenta Vilma.

De Rivas fue traslada de inmediato hacia Managua. Su hija le contaría después que una mujer policía revisando su celular se percató que la fotografía de Celia detenida ya andaba circulando. “¡Ay, que importante sos, ya andás en las redes sociales!”, le dijo. Y a los otros oficiales les aseguró: “Es que lo hicimos mal, la patrulla debió subir al ferry para que nadie supiera que nos llevábamos a esta mujercita”.

Una rara acusación

La detención de Celia Cruz ocurrió dos días después que siete personas de la comunidad Esquipulas, de la isla de Ometepe, fueron ilegalmente detenidas y brutalmente golpeadas por la Policía Nacional tras realizar una protesta el domingo 19 de abril.

Ella fue grabada, junto a un grupo de habitantes, increpando al oficial de la Policía, Noel Reyes. Minutos antes, el oficial se había caído de una patrulla, tras atacar a los comunitarios que habían defendido a un grupo de muchachos que alzaron la bandera de Nicaragua y lanzaron dos morterazos en conmemoración de la protesta cívica iniciada el 18 de abril de 2018. “El oficial fue resguardado por la misma población y Celia le decía que dijera la verdad, que nadie le había hecho nada y que liberaran a esos inocentes”, detalla doña Vilma.

Aunque esa noche regresó a su casa, las patrullas “asediaron toda la noche nuestra casa”, recuerda.

Celia, de 33 años, fue acusada por los delitos de secuestro extorsivo, obstrucción de funciones y daño agravado.

El 22 de julio, un juez del régimen declaró a los cinco ciudadanos de Ometepe culpables.  El juez Melvin Vargas, encontró que Edwin Javier Mora Cajina (23 años) Juana Estela López Alemán (59 años), Edman Jhancarlos Mora Ortiz (29 años), Justo Emilio Rodríguez López (68 años), y Celia Cruz, cometieron el delito de obstrucción de justicia en modo agravado.

Celia Cruz presa trans
Celia Cruz ha sido amenazada de muerte en prisión. Foto: La Lupa

En el caso de Celia, el juez orteguista también la declaró culpable de secuestro extorsivo agravado. El abogado defensor, Eberth Acevedo, de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), declaró  que es “una saña” porque la única “prueba” contra ella es el video donde aparece el oficial Noel Reyes increpado por la mujer trans.

En declaraciones a 100% Noticias, Acevedo sostuvo que “no existe el secuestro extorsivo” porque el oficial se cae de la patrulla y “supuestamente es golpeado por pobladores de la comarca Esquipulas, del municipio de Moyogalpa”. Pero mientras todo eso ocurría, otros tres oficiales de Policía relataron, en el juicio, que Celia se encontraba en su negocio poniendo música alusiva a la rebelión cívica.

Segunda vez en prisión

Celia tenía un negocio de venta de comidas y refrescos a media cuadra de la estación policial. “Ella tenía ese negocio con el que nos manteníamos las dos y hay mucha gente que sabe que ella estaba en ese sitio el día que la acusan, por eso exijo su liberación porque es inocente”, insiste su madre.

Explica que todo se trata de una “venganza política” porque ambas participaron en varias marchas. “Ella no se perdía ninguna”, recuerda.

Precisamente por eso, esta no es la primera vez que Celia es encarcelada. En octubre de 2019 fue llevada a prisión por poner música “vandálica” en protesta contra el régimen.

“Esa vez se la llevaron, pero fui a protestar junto a un grupo de amigos y ciudadanos de Ometepe para exigir su liberación y la soltaron unas horas después”, expresa.

Su madre asegura que uno de los oficiales que la capturó “y golpeó brutalmente en esa ocasión” fue justamente Noel Reyes, el oficial por el que ahora está detenida. “Este mismo muchacho dijo en el juicio que mi hija no lo secuestró, pero cuando este Gobierno quiere condenar a alguien, se lo hace pagar con pruebas o sin ellas”, reclama.

Amenazada de muerte

La vida de Celia ha corrido peligro en la cárcel, denunció en julio pasado la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras).

En el Sistema Penitenciario Nacional Jorge Navarro, mejor conocido como “La Modelo”, donde permanece privada de su libertad, Celia fue amenazada de muerte por un interno, quien podría estar “gozando de la protección de los funcionarios de la cárcel”, denunció la organización.

“Los trabajadores de la prisión estarían incentivando la hostilidad de otros internos en contra de Celia y otros presos políticos; lo que parece responder a un patrón que se repite en otros centros penitenciarios y contra otras personas presas políticas”, señala la denuncia del organismo de derechos humanos.

Las amenazas e insultos por parte del personal del centro penitenciario o la privación de acceso a medicamentos, son otras graves vulneraciones a sus derechos humanos, condenaron también los defensores al portal de noticias La Lupa.

“El perdón de Celia”

“Mi hija ha sufrido acoso y maltratos en la prisión”, afirma doña Vilma. Relata que ha sufrido porque no le dejan pasar la ropa con la que le gusta vestirse, ni su maquillaje.

Otras presas políticas trans, ya liberadas, narraron a la Revista Niú que tampoco les permitan usar ropa interior femenina, máquinas de afeitar o cremas corporales. Para ellas hacer necesidades básicas como asearse o tener que ir al “baño” (un hueco en la celda), fue una odisea que a fuerza tuvieron que superar porque lo hacen frente a hombres.

“Mi hija tiene que pagar por ser como ella quiere ser y eso no es justo”, lamenta su madre.

Hace 13 años Celia asumió su identidad como mujer públicamente. “Ya lo hacía, pero a escondidas de mí. Hasta que un día llegó así a la casa y cuando la vi me sorprendí: venía vestida con falda y maquillada. Se arrodilló, lloró y me dijo: si me vas a despreciar por lo que soy, no importa, yo siempre te voy a amar. Pero ya no aguantaba seguir ocultándote quien soy”.

La madre sentencia: “Yo siempre repito esta frase: yo amo a mi hija y eso es todo”.


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