Opinion

Aníbal Cruz Lacayo, pionero chontaleño

A Leticia Lacayo Whitford, su madre

I

Al chontaleño Aníbal Cruz Lacayo, corresponde el parto prodigioso de la Asociación Mulares de Nicaragua (Asmulanic). Convenció a sus amigos más cercanos de la importancia de contar con una organización que se interesara por el presente y futuro de estos animales. El impacto de su creación se sintió desde el inicio. La respuesta fue inmediata. Desde distintos rumbos del país, criadores y dueños de mulas, fueron sumándose poco a poco, mostrando interés por pertenecer a Asmulanic. Cruz Lacayo se convirtió en su principal gestor y animador. En artífice de una entidad consistente.

Aníbal nunca iniciaba una empresa, si antes no estaba convencido de su necesidad. Para garantizar el éxito él mismo debía ser el primero entregarse en cuerpo y alma. Empeñar sus esfuerzos y convertirse en motor y nervio del proyecto. Aún más allá de su condición de salud. Más bien estoy convencido que esta circunstancia lo indujo a trabajar con premura. A las mulas no se les había reconocido el aporte fundamental que habían hecho para el desarrollo de la economía nacional. Con la concreción de su objetivo suplió una carencia. Los muleros viven orgullosos de su organización.

Cruz Lacayo tenía conciencia de sus aspiraciones —debido a su salud— valoró que debía actuar con rapidez y revalidar una experiencia de primerísima importancia en la tradición sociocultural nicaragüense. Antes que se abrieran trochas, caminos y carreteras, los productores sacaban sus cosechas a lomo de mulas. Las evidencias históricas están a mano. En lugares donde era imposible transitar, mulas y machos, mostraron coraje y gallardía. Se volvieron insustituibles. Continúan siéndolo. Su inteligencia y carisma acrecientan su reputación. Su mejoría genética es perceptible.

Se requería echar una mirada hacia atrás, percatarse de lo valioso y determinante que han sido las mulas y tener en cuenta su impulso para sacar adelante al país. Sobre este honroso pasado, Aníbal Cruz Lacayo decidió escribir un nuevo capítulo. Se impuso exigencias que sobrepasaban su condición anímica. Jamás se amilanó. Sirvió de estímulo para convencer a los muleros sobre la urgencia de agruparse y contar con un organismo que satisficiera sus expectativas. Salir del olvido en que vivían. Hoy la entidad constituye una firme realidad. Expande sus alas e incrementa sus agremiados.

Asmulanic no fue el primer proyecto del que Aníbal era impulsor, fundó la Asociación de Perros Alemanes en Nicaragua (APAN). De lo que estoy convencido es que, entre sus diversos logros, Asmulanic fue el más querido y valioso. Al que puso más empeño. Su entusiasmo fue contagioso. Primero congregó a quienes pensó iban a responder de inmediato: Leonel Huembes Rojas, Ariel Fonseca Arguello, Luis Alfonso Espinoza y Gerson Hurtado. Sus amigos calibraron y valoraron la propuesta. Su acierto congrega hoy a millares de muleros deseosos de consolidar la institución. Sus firmes puntales.

La creación de Asmulanic se expandió por el país, esto explica que su primera novia fuese la joven Dayiris Boniche González, originaria de la comunidad Kurinwasito, Mulukukú. Murió asesinada cruelmente por Wilmer Antonio González, junto con su progenitora, Luz Maritza González. Nadie pensaba que el verdugo podría atentar contra sus vidas. Eran sus benefactoras. Una muerte trágica. Enlutó no solo a los miembros de Asmulanic, la forma en que ocurrió su deceso, conmovió a Nicaragua. Dayiris irradiaba nobleza, simpatía y camaradería. El asesino sigue prófugo.

Aníbal Cruz Lacayo y Dayiris Boniche Gónzalez, novia de los muleros de Nicaragua, asesinada en plena juventud. Foto: Cortesía

II

A Cruz Lacayo producía enorme goce llevar el conteo cotidiano del número de personas que se adherían a Facebook. Cada día se sumaban más y más muleros, a la última organización fundada por Aníbal. Compartían sueños y esperanzas. Sus miembros y directivos están llamados a garantizar su permanencia. Los legados trascienden el tiempo siempre que existan personas dispuestas a levantar la estafeta y profundizar sus alcances. Están más que obligados en hacer justicia al empeño, terquedad y pasión de Aníbal Cruz Lacayo. Una hazaña digna de crédito.

Cuánta alegría sintió al computar que la institución que promovía con celo había alcanzado los cincuenta mil miembros. Todo un récord. Se sintió pleno y reconfortado. Comparto su orgullo. No había arado en el mar. Los pequeños propietarios dispersos por Nicaragua, son los más conscientes de la necesidad de contar con este organismo. Todos los días comparten fotografías en Facebook. Aparecen montados en sus mulas para expresar regocijo, al sentirse miembros de un conglomerado social de trascendencia nacional. Una institución primordial.

La nueva junta directiva de Asmulanic hereda una gran responsabilidad. Sobre los hombros de sus integrantes, los chontaleños Lenin Álvarez, Gerson Hurtado, Fermín Alvarado y Ronald Duarte Gutiérrez, así como de Leonel Huembes Rojas, de Las Maderas (Tipitapa) y Nazario Barrios de El Almendro, (Río San Juan), recae el peso de su existencia. El panorama es alentador. Deben perennizar esta obra. Son sus delegatarios. La institución queda en buenas manos. El ímpetu que demuestran señala que habrá Asmulanic para rato. Algo indispensable para acrecentar su prestigio.

Durante sus últimos meses de vida —Aníbal falleció el 19 de marzo de 2022— forjamos una amistad cimentada en el cariño que ambos profesamos por Chontales. Valoré su calidad humana. Todas sus energías estaban concentradas en garantizar la sobrevivencia de Asmulanic. Jamás dejó de pensar en su futuro. Asmulanic era para Aníbal lo más preciado. No podía ser de otra manera. Era la niña de sus ojos. Su aliento estaba en función de esta entidad. Creo oportuno sugerir a sus miembros, bautizarla con su nombre. Un espléndido homenaje. Estimo que estarán de acuerdo.

Después del IV Mulaton Nacional, celebrado en su honor, el día de ayer sábado 21 de mayo, en las inmediaciones de Juigalpa, deben efectuar mulatones por todo el país. Desplazarse por Chinandega, León, Masaya, Managua, Granada, Carazo, Rivas, Nueva Segovia, Madriz, Estelí, Jinotega, Boaco, Matagalpa, Río San Juan y en las dos Regiones Autónomas del Caribe. Mis coterráneos tienen que ser los más entusiastas en garantizar su existencia; refrendar los aportes realizados por los pioneros. Los chontaleños Concho Villagra, Luis Gadea Arosteguí y Cornelio Bravo González.

Mi relación con Aníbal permitió apreciar su valía. Sus cualidades de liderazgo. Su condición de pionero. Estaba poseído por un amor inconmensurable por todo lo que hacía. Durante los últimos años a nadie dispensó más cariño, que al último fruto de su inspiración. Las tradiciones para persistir deben renovarse. Algún día tendrá que crearse el Museo Taurino de Chontales. Desde ahora propongo incorporar el nombre de Aníbal Cruz Lacayo, caballista y mulero consagrado. Chontaleños como Aníbal hacen mucha falta. Sus motivaciones siempre serán necesarias. Especialmente ahora.

Guillermo Rothschuh Villanueva

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