Opinion

Costa Rica va a las urnas con inéditos niveles de fragmentación e incertidumbre

Las elecciones costarricense constituyen una bocanada de aire fresco, al reafirmar el compromiso de este país con las elecciones libres y justas

Este domingo 6 de febrero, Costa Rica (la democracia de mejor calidad de América Central y una de las mejores de toda América Latina) acudirá a las urnas para elegir un nuevo presidente -no está permitida la reeleción inmediata-, 2 vicepresidentes y 57 escaños de la Asamblea Legislativa.

Todo está organizado para que los 3.541.908 electores concurran a las urnas a emitir su voto en un ambiente tranquilo y festivo -pese a la pandemia- como es la tradición en este pequeño país centroamericano pero de firme convicción democrática. El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), uno de los organismos electorales latinoamericanos de mayor prestigio, presidido por primera vez por una mujer (Eugenia Zamora) en sus más de siete décadas de existencia, es el garante de que el proceso electoral cuente con altos niveles de transparencia e integridad electoral.

En esta contienda se observa una hiper-fragmentación al registrarse una oferta (inédita y absurda) de 25 candidaturas presidenciales. Según la última encuesta del CIEP de la Universidad de Costa Rica (UCR), solo tres (3) candidatos concentran la mayoría de la intención del voto de los costarricenses pero de momento ninguno de ellos supera el 20% de intención de voto.

Esta encuesta proyectan una suerte de triple empate técnico entre el expresidente José María Figueres Olsen (Partido de Liberación Nacional, PLN) con el 15%, la exvicepresidenta Lineth Saborío (Partido Unidad Social Cristiana, PUSC) con 14% y Fabricio Alvarado (Partido Nueva República, PNR) con el 11%. Cabe recordar que este último candidato, cantante y pastor pentecostés, ganó la primera vuelta en la elección presidencial pasada (2018) pero luego fue derrotado en la 2 vuelta por el actual presidente Carlos Alvarado.

Otros tres candidatos aparecen en la citada encuesta con una intención de voto superior al margen de error pero por debajo del 10%: el diputado izquierdista José María Villalta (Frente Amplio); el ex ministro de Hacienda del actual gobierno Rodrigo Chaves (Progreso Social Democrático), y el ex viceministro de Transportes, Eliécer Feinzaig (Partido Liberal Progresista).

Los restantes 19 candidatos tienen una intención de voto inferior al margen de error. Este proceso electoral se caracteriza asimismo por un alto nivel de incertidumbre, ya que el porcentaje de indecisos para las presidenciales asciende a un 32% y llega a un 47% en el caso de las legislativas, por lo que todo será definido en el último día. Tampoco está claro cómo afectará el nivel de participación electoral este alto nivel de fragmentación y de electores indecisos.

Este escenario plantea casi como inevitable la necesidad de ir a una segunda vuelta para definir al próximo presidente (prevista para el 3 de abril), ya que ninguno de los candidatos lograría el 40% de los votos requeridos por la Ley Electoral para consagrarse como presidente en la primera vuelta.

Resulta relevante que dos de los tres principales contendores a la presidencia compitan por partidos políticos (Figueres porcelana PLN y Saborio por el PUSC), a pesar de que la confianza de los costarricenses en estas instituciones es de 38% según el último reporte de Latinobarómetro 2021.

De igual manera, el candidato oficial del partido gobernante, Partido de Acción Ciudadana (Welmer Ramos), no supera el margen de error, lo cual demuestra la insatisfacción con el actual gobierno de Carlos Alvarado así como los 8 años del PAC (dos gobiernos seguidos) en el poder. Similar a otros procesos electorales latinoamericanos, el oficialismo sufrirá una fuerte derrota en las urnas este domingo.

A nivel legislativo, según la última encuesta de OPol Consultores, la nueva legislatura estaría integrada por tres grandes bloques: PLN obtendría 15 curules, PUSC 11, PNR 10 y otras formaciones minoritarias se repartirían 9 escaños. La encuesta proyecta que 11 escaños son susceptibles de disputa entre los partidos con más intención de voto y varios partidos son susceptibles de desvanecerse del mapa político. Esta distribución tan fragmentada de curules anticipa que quien sea electo presidente/a deberá intentar armar una amplia coalición de gobierno con más de un partido político para garantizar la gobernabilidad.

Respecto de los principales problemas del país, a juicio de la ciudadanía (según la encuesta del CIEP de la UCR) estos son el costo de vida, el desempleo y la corrupción. Asimismo, otros temas aparecen como medulares en la campaña electoral: las políticas redistributivas para atacar la creciente desigualdad económica y social, el deterioro de la situación fiscal, la desaceleración económica, la migración (sobre todo nicaragüense) y el aborto. A ello debemos agregar los desafíos que afronta la democracia tica, la cual, pese a mantener un alto nivel de apoyo ciudadano (71%) evidencia un marcada caída de la satisfacción con el funcionamiento de la democracia y un progresivo aumento de la disfuncionalidad del sistema político que viene arrastrando desde hace más de dos décadas.

Mi opinión: la elección presidencial y legislativa costarricense de este domingo da el pistoletazo de salida al rally electoral latinoamericano 2022 que continuará en marzo y mayo en Colombia (elección del congreso y la presidencia respectivamente) y en octubre en Brasil (presidencia y congreso).

El proceso electoral costarricense, pese a los retos que presenta organizar elecciones en tiempos de pandemia, viene desarrollándose con alto nivel de normalidad, transparencia e integridad electoral (como es costumbre en la democracia tica) y, de confirmarse nuestro análisis, estará caracterizado por varias de las tendencias hoy predominantes en la región: 1) fuerte voto castigo al oficialismo; 2) alto nivel de fragmentación y de polarización; 3) necesidad de ir a una segunda vuelta para definir la presidencia; 4) un presidente sin mayoría propia en una Asamblea Legislativa muy fragmentada; y 5) consecuencia de esta elevada fragmentación, el nuevo presidente (con independencia de quien resulte electo) deberá hacer frente a una gobernabilidad compleja y desafiante de cara a los próximos cuatro años.

A nivel regional, las elecciones costarricense constituyen una bocanada de aire fresco, al reafirmar el compromiso de este país con las elecciones libres y justas, con la defensa de los derechos humanos y con la democracia en una región -Centroamérica- caracterizada (a excepción de Panamá) por un creciente y grave deterioro democrático en tres países (El Salvador, Guatemala y Honduras) y una brutal dictadura familiar en Nicaragua.

*Director Regional IDEA internacional


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