Opinion

Estados Unidos pierde derechos

La eliminación de protecciones constitucionales al aborto tiene que ver con reforzar la idea de que las mujeres son "meras máquinas de hacer niños"

CAMBRIDGE – Antes, lo que se fuera al momento de nacer definía lo que se iba a ser el resto de la vida: esclavo o propietario, emperador o súbdito, aristócrata o siervo, hombre o mujer, negro o blanco. Pero con el tiempo, una serie de revoluciones morales restó valor a la idea de que la herencia determina nuestra identidad.

Hoy la mayoría de la gente en el mundo occidental reconoce que la capacidad de elección está en el núcleo de la individualidad. Se puede nacer en la pobreza y alcanzar la presidencia. Se puede ser una mujer profesional sin hijos. Este avance moral está consagrado en derechos que nos permiten aspirar a ser quien queramos ser o vivir abiertamente como quienes realmente somos, con las mismas protecciones que cualquiera. Pero la filtración del borrador de un fallo en mayoría de la Corte Suprema de los Estados Unidos en Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization revela el riesgo de un retroceso a la edad oscura del determinismo biológico.

El borrador, redactado por el juez supremo Samuel Alito, y cuya autenticidad ha sido confirmada por el presidente de la Corte, John Roberts, anularía Roe v. Wade, el fallo que hace medio siglo reconoció el derecho constitucional al aborto. Se da por sentado que cuatro supremos designados por los republicanos (Clarence Thomas, Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett) votarán con Alito. Se dice que los tres jueces designados por los demócratas (Stephen Breyer, Sonia Sotomayor y Elena Kagan) están trabajando en la redacción de fallos en disenso. No se conoce la posición actual de Roberts. Para colmo, el 11 de mayo fracasó en el Senado el intento de incluir en la legislación el derecho al aborto a través de una ley de protección de la salud femenina, después de que todos los senadores republicanos y un demócrata votaron en contra.

La anulación de Roe daría vía libre a los estados para decidir sobre la regulación del aborto. Se prevé que al menos trece prohibirán el procedimiento de inmediato; y en Luisiana se discute un proyecto de ley que incluso tipificaría el aborto como homicidio. De modo que el resultado probable del fallo de la Corte será un aumento explosivo en la cantidad de abortos inseguros y potencialmente mortales. Las implicaciones éticas son tan malas como las consecuencias jurídicas y sanitarias.

En un nivel puramente técnico, el borrador de Alito es una afrenta no sólo a los derechos de las mujeres sino también al Estado de Derecho. Al describir el fallo en Roe como «palmariamente errado desde el inicio», Alito contraría el principio legal establecido de stare decisis, según el cual los tribunales deben atenerse a los precedentes. El autoproclamado conservadurismo de Alito tendría que haber impedido una ruptura tan radical con la tradición jurídica. En economía y otros contextos, el conservadurismo legal recalca la importancia del marco jurídico como fuente de coherencia y previsibilidad.

El argumento central de Alito parece ser que el aborto no está en la Constitución de los Estados Unidos. Pero por supuesto, tampoco lo están la anticoncepción, el matrimonio interracial o los derechos LGBTQ. De modo que el fallo de Alito amenaza con eliminar numerosos derechos que fueron resultado de arduas luchas. Al describir la decisión tomada en Roe como algo que no está «objetiva y profundamente enraizado en la historia y tradición de esta Nación», pretende borrar los aportes de generaciones de feministas estadounidenses que promovieron los derechos reproductivos de las mujeres. Millones de mujeres que basaron sus planes de vida en cincuenta años de jurisprudencia establecida se asoman ahora a un abismo de incertidumbre.

Los argumentos de Alito parecen forzados, tanto en términos de una interpretación «originalista» sumamente restrictiva de la Constitución cuanto en términos de normas culturales. Las encuestas de Gallup muestran alrededor de una mitad de respuestas favorables a que el aborto sea legal en todas las circunstancias.

¿Cuál es el objetivo real de Alito? Lo que está en juego aquí no es el así llamado «derecho a la vida», un principio que el conservadurismo legal defiende en forma selectiva (ya que, por ejemplo, lo descarta en el caso de la  o la pena de muerte). Más bien, la eliminación de las protecciones constitucionales al aborto tiene que ver con reforzar la idea napoleónica de que las mujeres son «meras máquinas de hacer niños», cuya fisiología debe estar al servicio de mantener un orden social particular. Cuando las mujeres pierden control de sus cuerpos, pierden control de sus vidas. Es el motivo final del conservadurismo para actuar contra las formas legales y contra la opinión pública.

Puesto que las relaciones sexuales tienen implicaciones muy diferentes para mujeres y hombres, el efecto de una anulación de Roe sería imponer una carga (física, financiera, psicológica y social) inadmisible sobre una sola de las dos partes de un acto compartido. Eso constituye discriminación ya en el supuesto de que las relaciones hayan sido consensuadas, y abre la puerta a injusticias monstruosas si no se prevén excepciones en casos de violación e incesto.

La revolución sexual del siglo XX no fue acerca del «amor libre», fue acerca de la libertad. Hoy las mujeres disfrutan por primera vez en la historia de una capacidad de decisión plena (de lo que sirve de ejemplo la cantidad inédita de pioneras que hubo en diversas áreas en años recientes); esto es resultado en gran medida de haber separado el sexo de la procreación, mediante el acceso a anticonceptivos eficaces y al aborto seguro. Aunque persisten desigualdades (por ejemplo, en materia salarial), los avances sociales de las mujeres en Estados Unidos y en todo el mundo durante las últimas generaciones han sido asombrosos. Ahora Dobbs amenaza a las estadounidenses con un retroceso de generaciones, además de incrementar los cien mil millones de dólares que ya cuestan las restricciones actuales al aborto a la economía estadounidense.

Aceptar que las mujeres no son meras máquinas de fertilidad no sólo eliminó viejos estigmas y estereotipos; también fue un eslabón en una revolución social más amplia. Desde entonces, muchos colectivos han luchado contra los límites del determinismo biológico. Tras la emancipación femenina llegaron los derechos LGBTQ, los de los discapacitados, el reconocimiento legal de estructuras familiares alternativas y la búsqueda de que se reconozcan los derechos de las «personas no humanas».

Este progreso también se encuentra ahora en peligro. Como deja en claro la posición de Alito en Dobbs, para la Corte Suprema actual valen más los derechos de una mujer (y los de una persona gay o no binaria) antes de nacer que después, cuando ya se las verá más bien como amenaza.

El conservadurismo legal ofrece una enseñanza importante a los progresistas: los argumentos emocionales y la perseverancia pueden generar cambios radicales. Parafraseando a Margaret Atwood en El cuento de la criada, si nos dormimos confiando en la protección legal formal de nuestros derechos, ahora debemos despertar y defender nuestras victorias éticas.

*Antara Haldar es Profesora Asociada de Estudios Jurídicos Empíricos en la Universidad de Cambridge. Este artículo se publicó primero en Project Syndicate.


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