Opinion

“Haga lío” en Nicaragua, Francisco

Escuche el dolor del pueblo de Nicaragua y a su Iglesia perseguida y martirizada

Soy uno de muchísimos que se alegraron cuando el obispo argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa. ¡El primer papa latinoamericano! ¡Y encima escogió el nombre de Francisco! ¡Casi nada!

Recuerdo al inicio de su papado, cuando algunos comenzaron a atacarlo con aquello de que tenía un pasado de tolerancia a las dictaduras, poniendo de ejemplo su conducta durante la dictadura argentina. Me pareció un ataque simplista demasiado desconectado del contexto. Así como su supuesta identificación con el comunismo. Después de todo, ¿Un comunista apoyando una dictadura militar anticomunista? En fin, decidí mejor juzgarlo por sus actos desde el Vaticano.

¡Y vaya que ha habido algunos buenos! La voluntad de enfrentar y pedir perdón por los abusos de los sacerdotes pederastas, el (por fin) reconocimiento oficial y no a regañadientes del legado de monseñor Romero, la apertura a las minorías y el papel de las mujeres dentro de la Iglesia… “¡Haciendo lío!” ¡Todo muy bien y necesario!

Se respiraba aire fresco en la Iglesia. ¡Hasta Netflix hizo una película! (Muy bonita quedó también).

Por todo eso, cuando en Nicaragua estalló la crisis en 2018 y escuchamos sus primeros mensajes de apoyo, el primero el 22 de abril, apenas un par de días después de que se desatara la represión y los que le siguieron después, me sentí como nicaragüense y católico representado. No solo porque la Iglesia a nivel local había demostrado valentía y coherencia evangélica sino porque tal comportamiento era apoyado por el papa. Por eso, cuando el nuncio apostólico en el país empezó a dar muestras de arrogancia y complacencia con la dictadura no lo tomé como una directriz suya.

Pero luego, algo empezó a cambiar. No sé si el vanidoso nuncio le comenzó a cambiar el cuento, no sé si la burocracia vaticana logró hacer, como hace con todos los papas, que se abstrajera cada vez más de la realidad del mundo para seducirlo en los cálculos político-diplomáticos  de su cargo, pero algo ha cambiado en sus intervenciones sobre la actualidad mundial o en sus motivaciones para hacerlas o no hacerlas.

Por ejemplo, todavía no logro entender cómo es que los niños de Ucrania pudieron haber “provocado” a Vladimir Putin para que este los matara a bombazos.

Y por supuesto no logro entender la razón de tanto silencio ante la brutal persecución y represión que sacerdotes, feligreses, presos políticos y el pueblo en general está sufriendo en Nicaragua.

Me dicen que pierdo el tiempo tratando de conseguir la atención del papa por estos medios de comunicación digitales. Que Francisco no se da por enterado ni de la propia cuenta oficial de Twitter a su nombre. ¿Pero y entonces cómo podemos hacerle saber lo que sufrimos? ¿Debemos pedirle a Raúl Castro que nos dé su número directo para poder también nosotros tener una relación más humana con el papa, como él mismo ha dicho que la tiene con el tirano cubano?

Ya ni siquiera pedimos que como víctimas de los tiranos nos brinde más atención (que podríamos) estamos ya casi rogando que por lo menos nos de la misma atención que le da a ellos, que ya es bastante.

No, no es que supongamos que el papa solito hará el milagro de sacarnos de esta dictadura asesina, pero por lo menos contribuiría a mantener la esperanza del pueblo que Ortega y Murillo se empeñan todos los días en aniquilar. ¿Y no es ese el trabajo de todo papa? ¿Mantener y avivar la fe y la esperanza?

Si me permiten fantasear un poco, déjenme pensar que estas palabras llegarán aunque sea de rebote al Vaticano para poder decirle al papa Francisco:

Atrévase a hacer lío en Nicaragua,

Escuche el dolor del pueblo de Nicaragua y a su Iglesia perseguida y martirizada. Escuche a los sacerdotes forzados al exilio como el obispo Báez o el padre Edwing, dese por enterado de los sacerdotes presos, del actual asedio al obispo Álvarez, de la angustia de la feligresía al ver su Iglesia atacada desde el poder y de la injusta cruz que carga todo el pueblo nicaragüense.

No venga usted por favor a fortalecer el mito ese de que “No hay peor enemigo de un latinoamericano que otro latinoamericano”. El autoritarismo avanza no solo en mi país, sino por toda la región que lo vio nacer. Su voz como cabeza de la Iglesia y como latinoamericano es necesaria.

No deje a otro papa el trabajo luego de viajar a Nicaragua dentro de muchos años para pedir perdón por los errores y los pecados de omisión del Vaticano en este momento.

No me diga, por favor, que es más fácil hablar con Dios en el cielo que con su representante en la tierra.


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