Opinion

La dictadura sabe que se encontró con un muro de dignidad

Ortega no quería enfrentar su peor pesadilla: una oposición unida con candidaturas de peso y las urnas llenas para votar mayoritariamente en su contra

Recuerdo claramente que fue como a las 3 de la madrugada de aquel 11 de junio de 2019, cuando el guardia llego a mi celda dando la orden: “Alista tus cosas, vas para afuera”.

Los gritos de alegría de los que salíamos ese día se combinaban con el silencio y el llanto de los que se quedaban en esas tumbas que la dictadura llama cárceles.

Fue un día de mucha alegría para Nicaragua, salíamos centenares de los casi 1600 presos políticos que habíamos pagado y pagan con meses, y algunos con años, el precio de pensar diferente.

Doy gracias a Dios siempre por haberme dado la fuerza para aguantar la prueba, por mi vida, por mi salud y por sacarme de esa tumba donde me metieron por medio año.

A dos años de ese memorable 11 de junio estamos en plena resistencia pacífica.

Recuerdo recibir en mi casa a Cristiana, mi amiga, quien no dejo sola a Verónica, a Miguelito y a mi familia; también las llamadas de Félix y Arturo, contentos por la liberación masiva, y a Juan Sebastián quien llegó con un regalo para todos; unas pulseritas con la bandera azul y blanco. Violetita siempre cariñosa y solidaria, también se acercó para celebrar juntos nuestra liberación.

Nunca imaginé que, dos años después, todos ellos se unirían a la larga lista de más de 120 presos y presas y presos políticos.

Sin embargo, también veo que su arbitraria detención como consecuencia de su compromiso y su gallarda valentía tiene en aprietos a los dictadores.

Se les paso la mano. Saben que se encontraron con un muro de dignidad monolítico.

No midieron las consecuencias de sus actos.

Aún se preguntan, desconcertados: ¿y a estos qué les pasa, por qué no ceden? ¿Por qué no se rinden, porque no desisten? ¡Sí solo nos falta asesinarlos!

No cabe en su mente alienada y fanatizada que todos nos dispusimos a enfrentarlos por la vía más difícil, la de la resistencia cívica y pacífica.

Se venía un año electoral, un año que Ortega no quería enfrentar. Su peor pesadilla, una oposición unida con candidaturas de peso y con las urnas llenas de filas kilométricas de votantes ansiosos por ejercer su derecho al voto, ansiosos por votar mayoritariamente en su contra.

Lejos de lo que algunos piensen, nunca fuimos ingenuos, sabíamos que el peor de los escenarios estaba por venir. Incluso, en esencia ese era nuestro objetivo estratégico, plantarnos con candidaturas fuertes, imponer un ambiente electoral inclusivo y democrático, organizarnos a nivel nacional y exigir elecciones libres y transparentes tanto nacional como internacionalmente. Lo hicimos sabiendo que debíamos dar la batalla y no dejarle el campo libre a los fraudulentos de siempre.

Hoy mis hermanos de lucha están pagando con su libertad, tal como lo hicimos nosotros en su momento, el costo de la libertad definitiva de nuestra patria.

Si usted no está dispuesto a someterse a este ejemplo y a este nivel de sacrificio, le pido que por lo menos respete a los que sí estamos dando la cara.

Estoy más que seguro y tengo fe que todos saldrán pronto como aquel 11 de junio de 2019, y los recibiremos junto con todos los hermanos que llevan años en esas mazmorras teñidas de rojo y negro, con una correlación de fuerza moral arrolladora.

¡Ánimo, Nicaragua!

De Dios el cambio viene y nada ni nadie lo detiene.

Que Dios les bendiga a ellos y a sus familias

Y que Dios bendiga a Nicaragua.


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