Opinion

La fiebre del pasaporte y la migración en Nicaragua

Actualmente la densa niebla de la dictadura Ortega-Murillo no deja ver más opciones dentro del país

Nicaragua vive una crisis migratoria desde hace mucho tiempo, ser el país más pobre de América Central y de los más pobres en el continente ha empujado a la población nicaragüense a la migración, sea esta de forma regular o irregular. La necesidad de encontrar empleo fuera del país para sostener los gastos de la familia que se queda o bien el deseo de hacer una nueva vida en el extranjero, se ha marcado como una meta en los planes de gran parte de la ciudadanía. Sumado a esto, del año 2018 a la fecha la crisis en el país ha empeorado en todo sentido, político, social, económico, ambiental, educativo, de seguridad y sobre todo de derechos humanos. Todo apunta a que el país se mantiene en una caída en picada que no desacelera y el riesgo de quedarse, poco a poco deja de ser una opción, por lo cual la migración cada vez suena mejor que cualquier otra cosa.

Esto explica el desborde de la población en las oficinas de Migración en búsqueda de su documento de viaje, fenómeno al que en este artículo se puede mencionar como “la fiebre del pasaporte”. Y es que eso parece ser, es impresionante la cantidad de personas que se aglutinan en las afueras de cualquier oficina de Migración para poder obtener su pasaporte: entre renovaciones y solicitudes por primera vez, hay centenas de trámites en proceso, la necesidad de este documento migratorio es casi histérica ya que cada día las aglutinaciones de personas desde horas de la madrugada para poder ser atendidos a tiempo por un oficial son crecientes.

Según el diario La Prensa en su artículo del 24 de octubre de 2022, la Dirección General de Migración y Extranjería ha entregado en octubre de este año, 23 614 pasaportes, a esto debe sumarse los miles que se entregaron previamente en el año 2021. Las cifras siguen en aumento, muchas personas con la decisión tomada de dejar el país y otras con la intención de tenerlo ante la probabilidad creciente de migrar.

Actualmente para la población nicaragüense es más importante y de mayor valor el pasaporte que la cédula, con la cédula pueden hacer trámites en Nicaragua, pero con el pasaporte pueden salir del país y tener mayor facilidad de encontrar un empleo en otro, cosa que en Nicaragua está cada vez más escaso.

Esta crisis migratoria, una más en la lista de las antes mencionadas, es responsabilidad exclusiva de la dictadura del Gobierno sandinista, pues las personas están saliendo por persecución política e inminente riesgo por ser opositores, por temor e incertidumbre ante la inestabilidad de la nación en todo sentido, por falta de oportunidades laborales y académicas, pero también y no menos importante, por la creciente pobreza y alto costo de los productos y servicios.

Aun así, teniendo tantas flechas señalando a la dictadura de ser la responsable de esta y todas las demás crisis, el dictador Daniel Ortega ha señalado al Gobierno de los Estados Unidos de ser los culpables de la migración e incluso, en su descarado discurso, advirtió al país norteamericano que la migración de nicaragüenses iba a incrementar, responsabilizándo al país norteamericano también de esta realidad próxima.

Pero no es algo nuevo, esto no sorprende viniendo el dictador y su esposa, ya toda la comunidad nacional e internacional conoce el modo de operar de esta dictadura.

Esta fiebre migratoria y del pasaporte, el incesante deseo y los ya elaborados planes por dejar el país, son cada vez más comunes y fácilmente perceptibles entre las familias y la comunidad. Cada vez es mayor la cantidad de personas que no están en el seno familiar o en el entorno de sus comunidades porque ya se fueron y llegaron, o porque aun van en camino, con destino principalmente a Estados Unidos, España, Costa Rica, Panamá, México, etc.

Es indignante, además, saber que el mismo gobierno dictatorial que empuja a su misma población a esta terrible realidad se beneficia de eso, ya sea por la cantidad de dinero que gana por la creciente demanda de pasaportes, lo cual obviamente paga cada ciudadano solicitante; por el incremento de las remesas que se obtiene gracias a que los migrantes envían dinero a sus familias, o por el simple hecho de sacar a sus opositores del país, como ya lo ha hecho en varias ocasiones.

Esto último, algunos trabajos investigativos y periodísticos han logrado corroborarlo, como por ejemplo los casos de las personas que brindaron entrevistas para el documental realizado por el periodista Otoniel Martínez de TV Azteca, titulado “Duele Respirar: Nicaragua”, quienes tuvieron que salir al exilio tras haber brindado declaraciones, dado que sus vidas y libertad corrían peligro.

A estas mismas fuentes, el mismo Otoniel en otro trabajo periodístico relacionado con la situación de los migrantes al llegar a México, se las encontró y entrevistó nuevamente siendo ahora migrantes deseosos de llegar a Estados Unidos para estar a salvo.

Este tema de pasaporte y salidas del país es cada vez más caótico en Nicaragua y las opciones de la población se reducen casi siempre a la migración irregular, ya que viajar de forma regular a países como Estados Unidos, México y Costa Rica se ha vuelto cada vez más difícil.

El índice de rechazo de visa estadounidense, por ejemplo, es de hasta 63% para los nicaragüenses, siendo el país con mayor porcentaje en América Latina. Esto a su vez explica las cifras de 126 287 nicaragüenses en migración irregular detenidos entre enero y septiembre de este año por las autoridades migratorias de los Estados Unidos, según la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza de ese país.

Pese a los riesgos que representa la migración irregular, como los ya conocidos casos de personas secuestradas y asesinadas por el crimen organizado en México, ahogadas en el río Bravo y muertas en el desierto, los nicaragüenses emprenden ese viaje porque a fin de cuentas, en Nicaragua tampoco están seguros y el sol parece brillar más del otro lado de las fronteras de la sufrida tierra de lagos y volcanes.

Actualmente la densa niebla de la dictadura Ortega-Murillo no deja ver más opciones dentro del país, donde por cierto el pasado seis de noviembre se consumó otro fraude electoral en las elecciones municipales.


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