Opinion

La hermosa solidaridad polaca con los refugiados ucranianos

En 1939 los polacos no fueron defendidos y Hitler avanzó por casi toda Europa. Los fascistas hoy son las carniceras tropas rusas

¿Puede un país recibir con entusiasmo solidario a tres millones de refugiados en tan solo dos meses? Increíblemente Polonia lo está haciendo con la población ucraniana que huye de la guerra y el terror ruso, la mayoría mujeres, niños y ancianos. Los polacos les han abierto de par en par las puertas y ventanas de su nación y especialmente su corazón.

Las muestras de solidaridad son extraordinarias, quizás como pocos casos en la historia. Incluso están atendiendo a civiles y soldados heridos en los ataques de los invasores. ¿Por qué este comportamiento tan inusual en todo un pueblo? Quizás porque Polonia tiene una historia muy sufrida de invasiones y dominaciones. Su origen se remonta a la Edad del Hierro, en el 700 antes de Cristo, pero no fue sino hasta la primera mitad del siglo X que empezó a establecer sus fronteras. 

Polonia formó una coalición con su vecina Lituana y se convirtió en el país más grande de Europa hasta que una invasión de Suecia y una rebelión de los cosacos, echaron al traste con la gran nación y de sus territorios perdidos surgieron Rusia, Austria y Prusia. Napoleón rescató el estado de Polonia en 1807, pero fue dividido en 1815. 

Muchos polacos incluso se internaron en territorio ucraniano para facilitar transporte a personas que querían huir de la barbarie y los trasladaron a Varsovia, la capital, y a otras ciudades, donde una combinación de programas del Estado con iniciativas particulares, ha logrado crear un hermoso tejido solidario. Muchas familias acogen a ucranianos y en otros casos el gobierno les ha facilitado casas, así como acceso a trabajo, y para los niños y toda la familia, educación y salud, áreas donde también están cubriendo vacantes con personal de Ucrania.

Hasta después de la Primera Guerra Mundial, Polonia recuperó su condición de república, pero a partir de 1926 un gobierno golpista y autoritario dominó el país hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, no para alcanzar de nuevo su liberación, sino para profundizar su sojuzgamiento, pues el 1 de septiembre de 1939 fue invadida por los alemanes nazis, y el 16 días más tarde, por los rusos. ¡Lo perdieron todo!

La organización de las Naciones Unidas para los refugiados, (ACNUR), ha estado trabajando intensamente logrando movilizar varios cientos de millones de dólares en diversos recursos para apoyar a los refugiados ucranianos, muchos de los cuales ya superaron las primeras semanas de asistencialismo y han conseguido trabajo propio. 

Algunos polacos han dado rienda suelta a su emprendedurismo creando nuevos negocios en función de formar puestos de trabajo para sus vecinos caídos en desgracia. Muy pocas veces una mano amiga lo ha sido tan de verdad en el momento de mayor necesidad, como la de Polonia.

Después de la II Guerra Mundial, Polonia quedó bajo el control de Rusia, donde en 1952 se instaló un gobierno comunista títere, continuando así la prolongada ausencia de libertad de los polacos, quienes, no obstante, mantuvieron viva la llama de la rebelión hasta el movimiento de trabajadores “Solidaridad”, conducido por Lech Walesa, que hizo posible que recuperaran su libertad.

Hay múltiples testimonios acerca de que en la población de Polonia pasa algo especial en el tratamiento a los refugiados, posiblemente por una profunda compenetración sobre lo que es ser agredidos por tropas extranjeras. El pueblo polaco es puro amor con los ucranianos. La experiencia histórica de varias generaciones de polacos les permite tener una empatía profunda con ellos y no tienen reservas en demostrarlo pues se han desbordado en hermosas y diversas manifestaciones de apoyo y de cariño.

El pueblo polaco conoce en carne propia los más terribles sufrimientos, pues solo en la II Guerra Mundial fueron asesinadas seis millones de personas, la mayoría judías; y perdieron el cuarenta por ciento del patrimonio del país.

Hoy, Polonia no está sola, pues ingresó a la OTAN en 1999, y a la Unión Europea en el 2004. Estuvo en un momento histórico en la misma situación en la que hoy se encuentra Ucrania, pues fue el primer país invadido por Hitler, con lo que este inició su aventura guerrerista en Europa y comenzó la II Guerra Mundial. En aquél entonces la amenaza nazi no fue percibida en su profundo y dramático peligro, los polacos no fueron defendidos, y los alemanes continuaron su espeluznante cabalgata de acero y fuego sobre once países más.

Conocido Putin por sus sueños imperiales de restauración del dominio zarista, su invasión a Ucrania fue tomada en serio, y Europa y EE. UU. están apoyando a esta para que se defienda de la agresión y evitar la pretendida expansión rusa. La lección de 1939 ha sido aprendida. Este paralelismo terrible entre Polonia y Ucrania, subyace en la profunda conciencia polaca que mueve su solidaridad hacia el pueblo ucraniano. 

Este entramado histórico está lleno de ironías profundas y tremendamente contradictorias, como la justificación rusa a su invasión porque el gobierno ucraniano supuestamente es nazi, siendo un pueblo masacrado por las huestes de Hitler, incluyendo la familia del presidente Volodimir Zerensky. 

En la práctica las muestras de fascismo las ha dado Rusia, con sus tropas carniceras que han asesinado a miles de civiles a quienes enterraron apresuradamente en fosas comunes en varias localidades de Ucrania. Y aún está por descubrirse el horror de Mariúpul, donde espectaculares y nítidas fotografías satelitales pusieron al descubierto la existencia de más enterramientos masivos, junto a un cementerio a veinte kilómetros de la ciudad destruida.

Como en aquellos años, hoy también se cierne la amenaza de una III Guerra Mundial, como han amenazado bravuconamente Putin y su canciller Lavrov, quienes también han advertido a Occidente que podrían usar armas nucleares tácticas contra Ucrania y quienes se opongan a Rusia. El apoyo al pueblo ucraniano es muy cuidadoso, por ejemplo, no incluye tropas, para no dar lugar a una chispa que encienda una conflagración planetaria.

El mundo celebra la solidaridad con Ucrania. Ojalá así fueran tratados los refugiados africanos que expulsados por guerras, hambrunas y desempleo, en peligrosas y lastimeras oleadas llegan a Europa en busca de refugio.


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