Opinion

La victoria de Gabriel Boric: el regreso del Chile institucional

La democracia no puede sobrevivir solo con los virtuosos, necesita de los conversos y recompensa la moderación con votos

“Acabo de hablar con Gabriel Boric y lo he felicitado por su gran triunfo. Desde hoy es el Presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva. Chile siempre está primero”. Así lo dijo José Antonio Kast en su cuenta de twitter.

“Magnánimo en la victoria, cortés en la derrota”; la democracia también es un conjunto de normas y modales. Sonó institucional, sonó republicano, sonó como un opositor leal. Si no al presidente electo, al sistema democrático que es lo que importa.

Boric ganó esta segunda vuelta por más de diez puntos, 55,9% a 44,1%, en la elección de mayor participación desde la instauración del voto voluntario; aquella malísima idea. El Servel anunció los resultados temprano con su habitual profesionalismo. Nadie protestó, nadie recurrió a los trucos conocidos en otras latitudes que solo embarran la cancha.

Que sea un buen augurio, que señale el regreso a ese país de institucionalidad robusta y estable, de seguridad jurídica y con elites políticas racionales y razonables. Después de dos años de polarización y violencia, los supuestos “ultras”, según la persuasión ideológica de preferencia, empujaron al sistema hacia el equilibrio centrista.

En hora buena. Además, Kast se constituye en la voz del campo opositor. La democracia es el régimen de los que pierden elecciones. En ella los derrotados retienen voz, legitimidad y pueden intentar volver. El juego se hace iterado, repetitivo para poder ser.

Las muchas razones de este resultado pueden ser resumidas en una: Boric se corrió al centro moderado con mayor efectividad, su súbita conversión socialdemócrata. Sorprende, sobre esto, el voto en blanco o nulo de muchos de la antigua Concertación. He perdido la cuenta de amigos de entonces que así me lo confesaron.

Tal vez esta haya sido una “elección critica”, concepto que captura un realineamiento de las preferencias electorales de la sociedad, una transferencia de votos que desafía la tendencia histórica. Cristaliza en dichas elecciones una nueva coalición, ya sea por cambios en las agendas, en la demografía, en las reglas de juego o en la conformación del sistema de partidos, entre otros. Si ello es así, la era de la transición habrá terminado para siempre.

En este sentido, si la moderación de Boric fue instrumental y oportunista, a diferencia de auténtica y genuina, importa poco. La democracia no puede sobrevivir solo con los virtuosos, necesita de los conversos y recompensa la moderación con votos; el grueso del electorado habita en ese vecindario. De ahí que ninguna mayoría sea permanente, esa es su bella incertidumbre.

La jornada ha sido promisoria, pero los verdaderos desafíos están por venir. Boric no la tendrá fácil. Tendrá que resolver una posición fiscal compleja, recuperar la confianza del inversor extranjero, motor del crecimiento sostenido, definir un sistema de pensiones equilibrado, abordar las frustraciones de los jóvenes, tragedia de hoy en Chile y en todas partes.

Tendrá que generar gobernabilidad sin la ley de leyes, la nueva constitución está en proceso. Y tendrá que ser presidencial, además de presidente, neutralizando los intentos del Partido Comunista de gobernar desde bambalinas. Si el PC pudiera, se lo comería crudo y con ello a toda esta institucionalidad que acabo de elogiar. Esa es la difícil realidad que espera a Boric en La Moneda.

Finalmente, y respecto a lo anterior, tendrá que definir una política exterior propia. El ejemplo de la elección de Nicaragua lo ilustra. El PC y varios grupos de su coalición felicitaron a Daniel Ortega en ocasión de la elección fraudulenta. Boric tuvo que salir a distanciarse tomando una posición democrática. Se puede ser de izquierda y ser democrático, claro que sí, pero eso requiere mucha valentía hoy en día.

Para serlo, Boric tendrá que ser duro con Cuba, donde hay una dictadura del mismo partido hace 63 años. Tendrá que cuestionar a Maduro y denunciar sus crímenes de lesa humanidad. Tendrá que ser crítico de la dictadura de Ortega-Murillo. Y tendrá que distanciarse de Evo Morales, marioneta de La Habana cuyo partido, el MAS, ha convertido al Poder Judicial en instrumento de persecución de adversarios.

No importa si Boric es de izquierda o de derecha, importa que observe el ordenamiento de una democracia constitucional y honre los compromisos internacionales de su país con los derechos humanos. E importa que en diciembre de 2025 felicite al nuevo presidente electo de Chile, porque sin alternancia no hay democracia. Voto por el regreso de aquel Chile institucional.

*Este artículo se publicó originalmente en Infobae


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