Opinion

Letanías al Cristo calcinado

Este domingo en el programa de TV Esta Semana, Carlos Mejía habla de su última canción sobre el atentado a la Sangre de Cristo

Vos, SEÑOR,
hacedor del universo
escultor de la luz
orfebre de la Verdad
herrero de la Justicia.

Vos, SEÑOR, que escribís
la biografía de cada hormiga
y la genética de cada estrella.

Vos, SEÑOR,
que conocés nuestros sueños
mejor que los siquiatras
y sabés diferenciar la música
que se anida en el corazón del justo
del espasmo corrosivo
en la mente de los tiranos.

NO LOS PERDONES, SEÑOR,
NO LOS PERDONES,
PORQUE SÍ SABEN LO QUE HACEN.

Mira, SEÑOR,
cómo fluyen sin diques
la estupidez y el cinismo
y cómo la serpiente frenética
se enrosca
para asestar la dentellada
contra los pastores
del pueblo desarmado.

Están perdidos, SEÑOR,
enajenados
hundidos en el rincón oscuro
de la historia
en el ángulo viscoso de la histeria.
Y es irreversible, Señor,
una vez que toquen fondo
no habrá fuerza humana
capaz de rescatarlos.

NO LOS PERDONES, SEÑOR,
NO LOS PERDONES,
PORQUE SÍ SABEN LO QUE HACEN.

SEÑOR,
así como descifrás
el lenguaje de los pájaros
podés descifrar la infamia
en el tintineo de sus monedas
y en el chischil de sus pulseras.
Porque VOS, SEÑOR,
como nadie,
podés adivinar la hoja de ruta
de los perversos
y leer la bitácora
de los que navegan
-delirantes-
en las turbulentas olas
del odio y el rencor.

Ahí están retratados
esos campeones
del triste oficio
de engañar al hombre puro.
Pero a vos, SEÑOR,
nunca te darán atol con el dedo,
mucho menos, gato por liebre.

NO LOS PERDONES, SEÑOR,
NO LOS PERDONES,
PORQUE SÍ SABEN LO QUE HACEN.

El pueblo sabe advertir.
¡OJO AL CRISTO!,
porque TU SANGRE, SEÑOR,
los perseguirá sin tregua
y tu látigo justiciero los alcanzará
hasta en los más intrincados escondrijos
donde se ocultan para herir y matar.

¿No será, SEÑOR, que se olvidaron
que vos dirigís el vuelo perfecto de las gaviotas
y podés caminar por las estrías
de las huellas de los hombres?

NO LOS PERDONES, SEÑOR,
NO LOS PERDONES,
PORQUE SÍ SABEN LO QUE HACEN.

Poseídos por la inquina
podrán demoler todos los templos
podrán ametrallar los sagrarios
podrán pisotear las custodias
podrán reducir a cenizas los altares
pero la FE DEL PUEBLO
no se borra
ni con el filo de las bayonetas
ni con la retórica vacía y monocorde.
Y ya llegará el día,
más temprano que tarde,
en que de ese CRISTO CALCINADO
emanará la luz
que los cegará de una vez y para siempre.

NO LOS PERDONES, SEÑOR,
NO LOS PERDONES,
PORQUE SÍ SABEN LO QUE HACEN.

 


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