Opinion

Nicaragua me enseñó a reirme de Donald Trump

Los presidentes autoritarios ansían legitimidad. Ellos odian ser ridiculizados. Y lo mas ineptos que son, lo mas que desean ser tomados seriamente

Donald Trump dejó de ser divertido hace mucho tiempo. Tal vez nunca lo fue. Pero igual me rio de él.

Reirse es terapéutico. Es una forma de mantener la cordura en tiempos difíciles. El reírme dice que la presidencia de Trump es una farsa, aún si las consecuencias son nocivas y reales. La risa es un recordatorio que nada de esto es normal, y que no debe de ser tratado de esa forma.

Más importante todavía, la risa es subversiva. Los bufones odian cuando la gente ríe de ellos.

Aprendí el poder de reírse de la autoridad hace muchos años cuando viví en Nicaragua. Los nicaragüenses tiene una rica tradición de burlarse de malos gobiernos. Tienen siglos de práctica.

La obra maestra del folklore Nicaragüense, el drama satírico del siglo XVI conocido como “El Güegüense”, ridiculiza a los colonizadores españoles. Es considerado como una de las obras teatrales indígenas más antiguas del hemisferio, y fue proclamada por la UNESCO como una de las “obras maestras del patrimonio oral e intangible de la humanidad”.

Es decir que los nicaragüenses son tan buenos a burlarse de un mal gobierno que ellos literalmente lo han convertido en una forma de arte celebrada internacionalmente.

Y los nicas no han perdido su toque en los últimos años. Los caricaturistas políticos en Nicaragua son uno de los mejores en el negocio. Ellos me enseñaron que la autoridad no tiene sentido del humor.

Los presidentes autoritarios ansían legitimidad. Ellos odian ser ridiculizados. Y lo mas ineptos que son, lo mas que desean ser tomados seriamente.

En el tiempo de las #fakenews (noticias falsas), la risa nos recuerda por donde anda la verdad. Es la voz de un niño al fondo de la multitud que nos avisa que el emperador está desnudo.

“El humor es una de las formas más versátiles para explicar, analizar y fiscalizar la vida que nos imponen y a quienes nos la imponen,” dice el premiado caricaturista Pedro X. Molina. “Al reirnos de ellos, los bajamos de sus pedestales y los traemos a nuestro plano (donde DEBEN estar) para exponer sus incongruencias y estupideces. En el proceso también nosotros purgamos nuestros propios demonios como el miedo y la resignación y tomamos aliento para seguir apostando por cambios.”

La risa sola no va a curar todo, pero hace una situación insoportable, soportable.

En ese espíritu, en Fusion decidimos divertirnos un poco de los momentos difíciles que viven los Estados Unidos y nos reimaginamos en un especial animado algunas de los cuentos clásicos de la Navidad a través del lente torcido del gobierno Trump en: “Donald J. Trump’s Dreaming of the Whitest Christmas.

Al hacerlo, canalizamos el Nica que llevamos por dentro. No es el Güegüense, pero es hecho con el mismo espíritu.

¡Disfruta!

Este artículo fue publicado por Splinter.


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