Opinion

Otras causas de la debacle opositora

¿Y cómo despertar al pueblo de su pasividad, si no existe el partido que lo represente ni que le ayude a movilizarse?

Si en la política nacional actual solo se enfrentaran y se manifestaran a través de pensamientos y asuntos éticos, y no mediaran fundamentalmente los intereses materiales contradictorios de carácter clasista, se podría afirmar con superficialidad que buena parte de los políticos la forman unas personas demasiadas ingenuas.  A conclusión tan falsa se llegaría, si solo se reparara en las declaraciones de algunos políticos de oposición cuando se refieren a la actitud de supuesto “doble resero” del señor Luis Almagro, como máximo funcionario de la OEA, con respecto a los gobiernos de Nicaragua y Venezuela, porque con uno es tolerante, rayando en lo cómplice, y con el otro, agresivo y amenazante, incluso insinuando la intervención.

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Pero lo calificado por esos políticos ante la actitud del señor Almagro como  “doble rasero” no es certero, porque no se trata solo de hacer un simple juicio moral de su actitud, sino también de señalar su doble compromiso con la política exterior estadounidense respectos a ambos países.  Esos políticos fingen ingenuidad cuando hablan como si la situación de estos dos países fuera igual, sus conflictos tuvieran la misma raíz, y el gobierno y sus  opositores de aquí fueran iguales a los de allá.  Un esquema, en apariencia  ingenuo, pero en realidad politizado y absurdo: gobierno malo aquí, gobierno malo allá; oposición democrática aquí, oposición democrática allá.  Otros, apenas logran opinar al respecto, que… “aún no llegamos a la crisis económica y alimentaria que hay en Venezuela”.

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Se niegan a ver (¿acaso por compromisos?) que detrás de aquella crisis están la mano y el apetito gringos por el petróleo venezolano como su principal motivación para orientar la agresión de la OEA hacia su gobierno, mientras le orientan tener tolerancia hacia Daniel Ortega, porque aquí no tienen petróleo que recuperar, sino mostrar complacencia por los éxitos económicos del gran capital pro estadounidense al amparo de su gobierno.  Esos políticos fingen no ver la relación de la política gringa con la doble actitud de Almagro, ni los sombrerazos con la “Nica-Act” como recursos para su ablandamiento, mientras Trump define su política hacia el gobierno de Ortega, no hacia Nicaragua, porque nuestro país no ha dejado de estar dentro de su área de influencia.

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Aquí salta otra diferencia abismal con Venezuela que ciertos opositores no quieren ver: que Maduro aún ejerce dentro de su período legal y fue elegido con casi siete millones de votos, bajo un sistema electoral con una transparencia reflejada también en las elecciones parlamentarias donde triunfó la oposición.  En cambio, Daniel se hizo reelegir, elegir a su mujer –y a 101 diputados, incluidos los de Parlacen—, porque no permitió la libertad de elegir; reafirmó a su aparato electoral, habituado a trabajar sin ninguna transparencia; otorgó personalidades jurídicas –y después diputaciones— a grupos sin seguidores; canceló arbitrariamente las personalidades jurídicas a los grupos opositores más activos, e hizo caso omiso de una abstención nacional de al menos el 70 por ciento.

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Por desgracia, el pueblo no les puede exigir a esos opositores atropellados que no sigan fingiendo ingenuidad, porque el pueblo, a pesar de estar pasivo y desorganizado, amplios sectores intuyen que no están representado por esos políticos.  ¿Y cómo despertar al pueblo de su pasividad, si no existe el partido que lo represente ni que le ayude a movilizarse?  Resalta otra diferencia entre la motivación perversa de la oposición venezolana con la motivación legítima de nuestra oposición: a estas alturas y después de varios años de fracasos de la intervención política-diplomática contra Venezuela, aquella oposición pide otra intervención, la que solo podría ser armada, mientras la oposición de aquí, solo sueña –por ahora— con la injerencia de la OEA.  ¿Y quién posee el poder para hacer los dos tipos de intervenciones, sino los Estados Unidos?

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Si esa otra esencial diferencia los opositores nicas no la logran ver, solo les queda un camino: el de su autoengaño, y de aquí, el siguiente paso, el que ya empiezan a dar: participar en las elecciones municipales bajo cualesquiera condiciones, cobijados con el manto de la OEA. Y eso de que los pasos ya los “empiezan a dar” no es cuento, sino una realidad reflejada en las inflexiones que han hecho ideólogos de la derecha en sus discursos, artículos de prensa, declaraciones y actitudes, pese a sus tenues críticas contra Almagro por su entendimiento con Ortega.  Uno de esos ideólogos, ya casi están viendo bonito, imparcial y transparente al equipo electoral que Roberto Rivas le administra a Daniel, pues dice que para ir a las elecciones es “más importante observación que cambios en el CSE”.

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Pero –en correspondencia a las inflexiones pro colaboracionismo— los pasos de Almagro hacia la colaboración con Ortega, otro directivo de los Ciudadanos por la Libertad, los está viendo positivos –como un camino enflorado por la OEA—, lo que según él “los nicaragüenses debemos aprovechar”.  Este último parto de los montes identificado como “CxL”, busca ir a otra farsa electoral, después de haber sufrido –igual que toda la oposición— la gran burla a su abstención electoral y el cercenamiento de sus derechos políticos.  Ahora, se muestran en actitud de ruego para que Ortega les restituya (¿?) su derecho a ostentar una personalidad jurídica, para poder integrarse al zancudismo en las elecciones municipales.

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Hay otros del grupo “CxL” que, “en honor a la verdad”, aplauden las buenas obras de este gobierno, como si la función de una organización política opositora fuera igual a de las instituciones de caridad o de servicio social, como los cuerpos de bomberos y la Cruz Roja, de obligatoria imparcialidad (aunque en los hechos, ninguna imparcialidad es químicamente pura).  Lo hacen para justificarse ante la población, y caerles bien a los funcionarios públicos que tienen que ver con la “restitución” del derecho a tener una personalidad jurídica, a cambio de fingir olvido acerca de que, lo fundamental para el país, es terminar con los atropellos y de verdad restituir la institucionalidad, algo mucho más importante que sentarse a “fresquear” en un parque reconstruido y recién pintado.

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Aparte de tal fingimiento, se chantajea a la opinión ciudadana con el cuento de “las obras buenas” es para justificar el colaboracionismo político.  “En honor a la verdad”, que esas obras, los avances económicos con beneficios parciales y los árboles de lata costosamente iluminados en las calles y centros turísticos (“donde vea la suegra”) son, además de intrascendentes, pagadas por el pueblo con sus impuestos, y no por dueños de poder.  Y, sobre todo, las están haciendo por el interés que a ningún político se le puede escapar –por muy idiota que sea—: el de ganar simpatías y apoyo entre los sectores populares marginados y manipulables con “obras de progreso” que los deslumbran, aunque en su barrio o asentamiento no tengan luz ni agua.

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¿Ya olvidó alguien las expresiones de esos sectores marginados, cuando Arnoldo Alemán gobernaba con el lema “obras y no palabras”?  Es imposible que exista ese “alguien” que pueda olvidarlo, porque es lo mismo que ahora se escucha también y se repite con demasiada frecuencia: “Es cierto que Alemán roba, pero por lo menos hace rotondas”.  Ese es un falso razonamiento que, de hecho, favorece a la corrupción y de paso (¡y qué mal paso!) justifica que le cambien los derechos sociales, humanos y políticos con obras de fachadismo politiquero que, no por iluminado, deja de ser tradicional.  En honor a la verdad –“Ciudadanos x L”—, ese no es un argumento digno de un opositor… a menos que esté animado por eun espíritu de zancudo.

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Ruperta y Ruperto:

–El tailandés de nombre impronunciable que venció a El Chocolatito, Rupertó, aseguró que le dará la revancha…

–Esta vez que perdió, Rupertá, El Chocolatito no pudo agradecerle la victoria a su Señor para ofrecérsela a Daniel…

–Pero si quiere ganar en la revancha, debería averiguar qué religión practica el tailandés, Rupertó…

–¿Yeso para qué, Rupertá?

–Para que se lo comuniqué a su Señor, y este conozca las debilidades del Señor del tailandés… ¡y así poder obtener otra victoria que ofrecerle a Daniel!

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