Opinion

Una Cumbre a ritmo de conga

El sectarismo político lleva la tendencia de convertir a la Cumbre en un encuentro sin trascendencia

La convocatoria de la IX Cumbre de las Américas causó menos interés que el anuncio de que sería un encuentro excluyente de tres países: Cuba, Venezuela y Nicaragua. De tanto mencionar el caso, ya suena a estribillo con ritmo de conga: ¡Una, dos y tres… qué paso más chévere… qué paso más chévere sacarlos de la Cumbre es!

Ojalá se tratara de una broma. Como ese estribillo no lo quiso cantar México, los políticos amigos del país anfitrión –incluso viejos funcionarios de gobiernos corruptos del PRI— se empeñan en el linchamiento ideológico de su presidente Andrés Manuel López Obrador, por el mal ejemplo que dio con su decisión de no asistir a la Cumbre de Los Ángeles si persiste la orden discriminatoria.

Las críticas a la posición de López Obrador, está dejando al descubierto una gran contradicción que se les vuelve un búmeran ideológico a los coristas:

No invitan a la IX Cumbre de los Ángeles a los tres gobiernos tantas veces mencionados, con el argumento de que imponen en sus países el pensamiento único; sin embargo, los apóstoles de la exclusión están imponiendo un pensamiento único… ¡al no querer escuchar voces disidentes entre los discursos de la Cumbre!

Curiosa coincidencia: ¡los angelicales demócratas utilizando los mismos recursos ideológicos de los diabólicos izquierdistas!

Las relaciones normales entre las naciones –grandes y pequeñas— no tienen que ser obligatoriamente relaciones de subordinación de las pequeñas ante las grandes. Y si pensáramos que el hecho de ser opositores a la dictadura Ortega Murillo obliga la subordinación incondicional a toda acción política del país, o los países, que ayudan y se solidarizan con la causa de los nicaragüenses, entonces estaríamos condenándonos a pasar de pueblo atropellado por los dictadores a la condición de subordinados a poderes extranjeros.

II

Sigo pensando que la exclusión es un error político injustificable, porque, además, teniendo la ventaja de estar en mayoría en la Cumbre, desaprovechan la oportunidad de vencer con sus verdades las opiniones de solo tres representantes. Podrían “vencer” solo con la dictadura numérica de los votos. ¿O es que no están bien convencidos de que sus verdades sean tan ciertas como las pregonan?

En cuanto a la presencia del dictador de Nicaragua en la Cumbre, lo dije en mi columna anterior y lo repito: él no iría ni que le hicieran una invitación especial, por varios motivos, entre ellos: se sentiría como pez fuera del agua; tiene más de quince años de huirle a las preguntas incómodas –y a las cómodas también— de los periodistas locales. Entonces, ya se puede imaginar las pocas ganas que tiene de confrontarse con las preguntas sobre su gama de delitos, incluido el asalto a la sede de la OEA en Managua. Él sabe que su autoritarismo y su discurso solo es digerible por sus incondicionales.

Por otra parte, no importa si la decisión de no asistir tenga carácter personal, como en el caso de AMLO, quien enviaría a su canciller, o si será una decisión absoluta la de otros presidentes de ni siquiera enviar al canciller. En cualquier caso, la ausencia de varios presidentes haría de la IX Cumbre algo similar a una sesión extraordinaria de cancilleres y presidentes de la OEA.

La incompleta presencia de presidentes no es mucho lo que agregaría a la imagen de un evento previsto con el carácter y el nivel continental. Tendrían que conformarse con el nombre oficial de IX Cumbre de las Américas, y sin ganas de verse las caras frente a frente con quienes representarían la diversidad política durante las discusiones. El resultado sería otra muestra de subordinación ante el Gobierno estadounidense. Es decir, tendría la rutinaria obsecuencia de la OEA.

Hasta este momento, no parece probable que haya cambio en la posición discriminatoria y en vez darle vida a la diversidad democrática de opiniones, muchos países mostrarán la agonía de su independencia.

III

El sectarismo político lleva la tendencia de convertir a la Cumbre en un encuentro sin trascendencia. Sin embargo, tanto esta IX Cumbre de las Américas –y la próxima si la hubiera— no abandonará la herencia de las fallas de origen de la OEA.

Para no perderse en el presente, es bueno no desdeñar el conocimiento de la historia. En efecto, es imposible no vincular el nacimiento de este organismo con la intención, propósito o visión política de James Monroe, el quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825) autor de la “Doctrina Monroe” (nacida de su mensaje al Congreso el 2 de diciembre de 1823).

Se ha querido presentar esta doctrina como la “notificación” de aquel presidente a las potencias colonialistas europeas de que América estaba “cerrada” para “futuras colonizaciones”. Un falso argumento ante la realidad histórica, pues diez años después de proclamada la “Doctrina Monroe”… ¡la colonialista Inglaterra se apropiaba de las argentinas Islas Malvinas en 1833!

Y, desde entonces, Estados Unidos ha sido aliado de los colonialistas ingleses ante los reclamos y las guerras argentinas por las Islas Malvinas.

Hay otros datos que la historia insiste en no borrar: tres años después de haber surgido la “doctrina Monroe”, Simón Bolívar convocó el Congreso (anfictiónico) de Panamá en 1826, un primer paso por la unidad continental, que contó con varios delegados de las repúblicas surgidas de la descolonización.

Sesenta y tres años después de ese Congreso, entre 1889 y 1890, Estados Unidos reunió en Washington la “Primera Conferencia Internacional Americana”, la que, según publicaciones estadounidenses fue… “inspirada en el ideal del Libertador” (Bolívar). Esta afirmación sugiere el inicio del proceso de la manipulación de este país por el control hegemónico de los países latinoamericanos.

Ese proceso comenzó con el parto de esa Primera Conferencia que llamaron “Unión Internacional de las Repúblicas Americanas”, sin constitución escrita, solo con la misión de “fomentar las relaciones cordiales entre las repúblicas asociadas por medio del comercio.” Más sugerente no podía ser el verdadero propósito: supeditación económica y política ante Estados Unidos por la vía comercial.

Posteriormente vendría una serie de conferencias y oficinas especializadas que contarían con la donación por el Congreso de Estados Unidos del terreno en Washington donde se erigió el edificio permanente de la Unión Panamericana, inaugurado en 1910. Entre julio y agosto de este mismo año, se reunió la Cuarta Conferencia de la UP en Buenos Aires, Argentina, donde crearon la Unión de Repúblicas Americanas, y la Unión Panamericana quedó como una oficina especializada.

Treinta y ocho años después (en 1948) en la Novena Conferencia efectuada en Colombia, se firmaron la Carta de la Unión de Estados Americanos (OEA) y el Pactó de Bogotá sobre la solución pacífica de los conflictos.

En todo este trayecto histórico hubo intervenciones militares estadounidenses en varios países americanos, y ese Pacto de Bogotá demostró su ineficacia. Peor todavía: esas intervenciones fueron apoyadas por la OEA. De modo que “el ideal del Libertador” se había esfumado… cosa que dudamos haya existido alguna vez como intención política de Estados Unidos.

IV

No importa que en la mente de los políticos actuales que dirigen al Estado norteamericano finjan no tener presente el historial de su país relacionado con América Latina, pero la estructura ideológica de su geopolítica sigue siendo determinada por los intereses de la base económica y social de su sistema político.

Lo que sí importa –y mucho— es que la mente y la conciencia de los políticos subordinados que dirigen la mayoría de los Estados latinoamericanos siguen orientando su política exterior conforme los intereses del Gobierno de Estados Unidos.

Por un lado, ahí están las raíces de la obsecuencia de unos Gobiernos con respecto a la próxima Cumbre de las Américas y, por el otro lado, también están ahí las raíces de la resistencia a los caprichos hegemonistas tradicionales.

Y termino con este mismo tema…

Al margen de estas cuartillas

*La discusión internacional acerca de la exclusión de los tres países de la próxima Cumbre, ha sacado a luz profundas contradicciones del discurso democrático

*Al extremo de borrar las diferencias y adoptar un discurso dictatorial, como lo veremos enseguida…

*Combaten el pensamiento único, con un pensamiento único…

*Hablan contra la intolerancia, practicando la intolerancia…

*Hacen chantaje político al excluir a los tres países, pero acusan de chantaje político contra la Cumbre a quienes critican la exclusión…

*Joe Biden, dictó una medida inconsulta, por ende, de tipo dictatorial para excluir a los tres países, argumentando que son dictaduras…

*Las dictaduras impiden la discusión y difusión libre de las ideas, pero los grandes demócratas no las invitan a la Cumbre para impedir la libre discusión y difusión de las ideas…

*La libertad de crítica se la respeta en las democracias, pero “la mayor democracia del mundo” no respeta esa libertad y por eso no invita a quienes la critican…

*Una dictadura no permite la libertad de organización, pero hay una democracia que tampoco permite la presencia de sus críticos en la Cumbre de su organización continental…

Termino con este dicho popular: “Quien habla mal de las peras, comérselas quiere.” En el caso presente, hay quienes ya se las comieron desde hace muchos años…, ¡pero siguen hablando mal de las peras!


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