Política

“Hay que buscar un quiebre en los pilares de poder del régimen”

Richard Feinberg descarta suspensión de Nicaragua en CAFTA, pero se pregunta por qué no han sancionado bienes e inversiones del Ejército

El economista y experto en relaciones internacionales, Richard Feinberg, profesor emérito de la Universidad de California en San Diego, ha mantenido una estrecha relación con Nicaragua desde hace más de cuatro décadas, alternando sus labores como funcionario público, y como académico, analista, y consultor, en el ámbito privado.

Como funcionario de la Administración de Jimmy Carter, en 1978 le transmitió a Anastasio Somoza en el búnker que era “non grato” para Estados Unidos, y a mediados de los años 90 fue consejero de Seguridad Nacional para América Latina del presidente Bill Clinton.

En 2006, Feinberg fue parte de la delegación de observadores electorales del Centro Carter y asistió a la posterior inauguración de Daniel Ortega en 2007. En 2011, en la víspera de la primera reelección inconstitucional de Ortega, escribió un artículo en Foreign Affairs, describiendo el régimen como un “autoritarismo suave”, y en 2019, después del colapso del “modelo” de Ortega y su alianza con los grandes empresarios, abogó por una salida política electoral a través del diálogo. 

En esta entrevista con Esta Semana y CONFIDENCIAL, Feinberg compara la represión y la forma de gobernar de Ortega con la de Somoza, pero advierte que hoy los Estados autocráticos son más fuertes para resistir ante la presión diplomática externa, y está descartada la insurrección armada.

“Yo no tengo la varita mágica para decir qué hacer”, se excusa, pero llama la atención sobre los pilares de apoyo de un régimen minoritario: “El control de las fuerzas de seguridad —Ejército, Policía y paramilitares—, el Gobierno y el partido, para ver si hay fracciones y tratar de quebrar estos tres pilares”, dice. 

Le pregunto si al amparo de la Ley Renacer, Estados Unidos contempla suspender a Nicaragua del CAFTA y sancionar al (IPSM) brazo inversionista del Ejército. Feinberg descarta la suspensión del CAFTA, por razones legales y consideraciones sobre su impacto económico y social, pero sobre posibles sanciones internacionales a las inversiones y bienes del Ejército, responde: “Yo me pregunto por qué no lo han hecho hasta este momento, me parece tan obvio”.

¿Cómo evalúas la crisis política de Nicaragua después de la reelección de Daniel Ortega en noviembre de 2021, en una elección que ha sido desconocida por 25 Gobiernos de la OEA y las 27 naciones de la Unión Europea?

Es una grave tragedia para todos los nicaragüenses. Hace varios años parecía que el país estaba avanzando en la economía, por lo menos, y había acuerdos entre el sector privado y el Gobierno, pero como usted sabe muy bien, todo eso quedó en pedazos. El pueblo pidió una apertura y el Gobierno respondió con balas; y desde la insurrección popular, hasta hoy en día, el Gobierno ha tomado solamente medidas represivas. La elección, entonces, con toda la oposición metida presa ¡por Dios! ¡Es un Gobierno tan sinvergüenza, solo me hace recordar al Gobierno de Somoza! Yo tengo bastantes años para recordarme de Somoza, yo tuve la oportunidad de conocerle personalmente, incluso, y fue un tipo totalmente sinvergüenza, siempre diciendo mentiras de todo tipo.

Y ahora como la mayoría de la gente ve la situación sin salida, ellos están buscando su propia salida, es decir, salir del país, y hay mucha gente que ya se ha ido o están vendiendo sus casitas y sus cosas para tener un poco de dinero para hacer viaje hacia el norte o hacia Costa Rica. Es sumamente triste.

Ortega gobierna como Somoza pero es más fuerte

En 1978 te reuniste, en efecto, con el dictador Anastasio Somoza, como funcionario del Departamento de Estado, con un mensaje de la Administración Carter. ¿Se puede comparar a Somoza entonces, con Ortega hoy, en 2022?

Parece que hay una cultura en Nicaragua, en la cual cierta gente, no todos, se imagina que quiere reproducir lo que ellos lucharon en contra, les quedó en su mente, cómo gobernar a Nicaragua. Entonces en tantas cosas, el Gobierno ha actuado muy parecido al de Somoza. Por ejemplo: Daniel casi no sale de El Carmen, me hace recordar el búnker de Somoza; los dos Gobiernos están muy basados en sus fuerzas de seguridad que los rodea; los dos tienen desconfianza total en la población, por eso no quieren elecciones libres; los dos, también, están basados en la corrupción y en los amigos, que les dan un poco de poder, de riqueza, para que los apoyen. Eso, lógicamente, el pueblo rechaza, y tratan de quedarse en el poder por la fuerza.

Una diferencia es que los Estados en general son más fuertes, hoy en día, que hace tantos años, y tienen el poder de vigilancia, cibernético, mejores armas, entrenamiento. Y, por otro lado, los Estados vecinos no están dispuestos a dar armas para apoyar una insurrección violenta, por varias razones, pero de todos modos la opción de insurrección parece que está fuera de la mesa. Pero, la manera de actuar, incluso las mismas palabras, de acusar a la oposición de ser terroristas internacionalistas, todo eso es tan parecido, que me da angustia. 

En 2019, en un informe que presentaste en el Wilson Center, sobre “La tragedia de Nicaragua”, analizaste la expectativa de una salida política. Pero, de hecho, en el segundo diálogo nacional, el Gobierno firmó un acuerdo y se comprometió a suspender el estado policial y a reestablecer los derechos constitucionales. Lo firmó el canciller Denis Moncada, pero no cumplió, y ahí estaban de testigos: el representante del Vaticano y de la OEA. Entonces, tampoco el diálogo con Ortega ha producido ningún resultado.

Mirando para atrás, la insurrección del 18 asustó al Gobierno. Yo me acuerdo en la reunión, la mesa redonda (el diálogo nacional) se veía en los ojos de Ortega que estaba asustado, ¿qué hacer?

Asustar a un Gobierno autocrático es peligroso, hay que echarlo del poder o sufrir las consecuencias. Es decir, hay que terminar con el intento o el Gobierno va a reaccionar para fortalecerse otra vez, y desgraciadamente eso es lo que pasó. Ortega tiene muchos años de negociar cuando se siente con presiones, y firmar papelitos; y cuando se siente más firme en el poder se echa para atrás. Entonces estamos con un Gobierno en el cual nadie puede tener ninguna confianza en nada de lo que dice, en ningún papelito que firme. No. Y eso es grave, cuando hay una falta de confianza total entre el Gobierno y el pueblo, el Gobierno y la oposición, están en una situación de empate, grave.

Entonces, ¿quién va a invertir en Nicaragua? El Gobierno saca unas cifras que son mentiras. Ningún inversionista, de mediano o largo plazo, puede tener confianza en la situación. Hay desempleo, inflación, una situación de estancamiento en la economía. Y cuando se pierde esperanza, (la gente) busca una salida, y eso es lo que está pasando, es sumamente grave, sobre todo con la juventud, que es el futuro de un país, y la gente más educada, no solamente los pobres que están saliendo. En Nicaragua están perdiendo la clase media educada.

Una diferencia notoria de la dictadura de Ortega, con la de Cuba y Venezuela, es el predominio de una economía privada en Nicaragua, que no ha colapsado. ¿Pueden los empresarios, pequeños, medianos y grandes jugar un papel como contrapeso del régimen en esta crisis?, ¿cómo se vislumbra a mediano plazo?

Nicaragua tiene las bases para regresar a la democracia: un sector privado bastante fuerte todavía, grande y mediano, y pequeño; todavía tiene universidades; tiene la Iglesia; tenía fuerzas políticas, están todos presos, pero cuando salgan pueden reasumir sus actos políticos. Y si tú miras a la gente que eran los precandidatos, tienen una riqueza de liderazgo, justamente por eso el Gobierno tenía mucho miedo y los metieron a todos presos.

Pero mirando más allá de la situación del momento, yo creo que es fácil imaginar una salida progresista y estable. Y es la diferencia de la situación, por ejemplo, en Cuba. Cuba tiene un partido político que ha gobernado por tantos años, no han dejado nada moverse en el país. Entonces, habría que preguntarse ¿sin el Partido Comunista en Cuba qué pasaría? Mientras, ese no es el caso en Nicaragua, es muy fácil imaginar un aterrizaje suave, una vez que Ortega y Murillo están fuera del escenario.

Los pilares de poder de un régimen, sin apoyo popular

La pregunta es cómo salen Ortega y Murillo del escenario político. Hay una demanda de parte de la Organización de Estados Americanos, de la Unión Europea; hay una estrategia diplomática que demanda que se hagan nuevas elecciones en Nicaragua. Ortega se rehúsa a dialogar. ¿Qué hace falta para que la presión diplomática pueda ser efectiva?

Lo que pasa en Nicaragua es parecido a lo que se está mirando en varios países autocráticos alrededor del mundo, Bielorrusia, Kazajistán. Es decir, un Gobierno que tiene firme en sus manos las fuerzas de seguridad: Ejército, Policía, paramilitares; que también tiene un partido político que le da una cierta fuerza en la sociedad; y que controla totalmente el Estado, que es como 20-30% de la fuerza laboral de la población; con estas tres fuerzas, el Gobierno, que es minoritario, ellos no van a dejar una votación democrática, eso es lo que se ha visto abiertamente el año pasado, pero pueden quedarse en el poder. Mientras controlen estos tres pilares de su poder, eso es muy destructivo: las economías no andan, la gente sale, pero el Gobierno puede aferrarse al poder a toda costa.

Y lo que se ha visto en Nicaragua y en otros países alrededor del mundo, es que es muy difícil que fuerzas del exterior se puedan infiltrar en esta situación. Hay más control, los medios de comunicación, pues hoy en día es bastante sofisticado como usan los medios de Internet para su propaganda, sus mentiras. Entonces, no es fácil.

Feinberg
Richard Feinberg en entrevista con Carlos F. Chamorro, en diciembre de 2018. Foto: Confidencial

En América Latina hay un síndrome basado en la Enmienda Platt, que tenía que ver con Cuba y su Constitución, en la cual los Estados Unidos se reservó a sí mismo el derecho de intervenir en la política de Cuba. Entonces, los cubanos enfrentando la revolución de los hermanos Castro se fueron a Miami, esperando que los Estados Unidos iban a intervenir y resolver el problema. Y la diáspora cubana está todavía en Miami, esperando que los Estados Unidos resuelvan sus problemas. A veces, en otros países que han sufrido una política fuerte de los Estados Unidos en su historia, sobreestiman las capacidades de los Estados Unidos, y las fuerzas internacionales de cambiar la situación interna.

¿Qué hacer? Habría que buscar en el poder de los Ortega (que) está basado en estos tres pilares, si hay fracciones, si hay quiebres dentro de este sistema de poder. Eso es algo a nivel de detalles que yo no conozco, pero me imagino que sería por ahí que habría que buscar.

La gente llama al diálogo, yo puedo entender eso lógicamente hay que hacer algo para tratar de liberar a los presos políticos, pobrecitos, que terrible que es eso, son gente que apostaron a la democracia, que quisieron ayudar a su país, y los metieron presos; y nadie imaginaba que los iban a dejar presos por tanto tiempo y en condiciones tan graves, que el Gobierno sería tan bestial, de portarse así.

¿Pueden las sanciones internacionales de alguna manera condicionar un cambio en la situación doméstica de Nicaragua, que se restituyan las libertades, o la liberación de los presos políticos? Porque a Ortega las sanciones no le han hecho cambiar el rumbo autoritario.

Ortega decidió que lo más importante es quedarse en el poder, y si esto tenía consecuencias económicas negativas, eso desde su punto de vista (sería) un problema, pero más importante era quedarse en el poder.

Casi no hay préstamos de los bancos internacionales multilaterales; algo del Fondo Monetario, pero eso tiene que ver con covid-19; casi nadie va a invertir en el país, eso son sanciones más o menos fuertes. Pero la economía en Nicaragua está basada en ciertas exportaciones agrícolas; tiene la maquila; y hay que admitir que la conducta macroeconómica del régimen ha sido cautelosa, no están gastando como locos, como pasó en Venezuela, entonces, todavía tienen sus reservas internacionales, el país no está en la situación de quiebre, económicamente. Entonces, yo no veo puntos de presiones, de este lado, decisivos.

La Ley Renacer, el CAFTA y el Ejército

La Ley Renacer, que promulgó el presidente Biden el año pasado, incluye la revisión de la participación de Nicaragua en el CAFTA. Algunos congresistas están abogando también porque se sancione al brazo empresarial del Ejército de Nicaragua, y sus inversiones. ¿Este tipo de medidas pueden ser aplicadas o son medidas de último recurso?

En cuanto al CAFTA, yo dudo que el Gobierno de los Estados Unidos trataría, de echar a Nicaragua. Primero, yo no creo que el Tratado tiene maneras de hacerlo; los Estados Unidos podría cambiar sus relaciones con Nicaragua, pero no tiene el poder de echar a un país. Pero, además, el problema es, primero, hay que tener mucho cuidado en politizar estos acuerdos de comercio, por un lado; segundo, si por una manera u otra podrían echar a Nicaragua, tendría un impacto negativo sobre Honduras, sobre Costa Rica, que también sería negativo, dañaría el sector privado, que es el aliado de la democracia, entonces, no creo que vaya por ese lado.

En cuanto a los bienes del Ejército. Yo me pregunto por qué no lo han hecho hasta este momento, me parece tan obvio, porque justamente, como yo estaba diciendo antes, hay estos tres pilares del Gobierno de Ortega, quizás lo más importantes son las fuerzas de seguridad, entonces, si la comunidad internacional, incluso los Estados Unidos, tendría una manera de influir al Ejército, ¿por qué no lo han tomado?

En medio del aislamiento internacional que enfrenta el régimen de Ortega, ha reforzado el alineamiento con Cuba, con Venezuela, pero también con China y Rusia, ¿le puede permitir esto sostenerse a mediano plazo, este alineamiento con las potencias?

Ni Cuba ni Venezuela están en la situación de darle mucha ayuda en este momento a nadie, ellos mismos están con situaciones sumamente graves, son casos fracasados desde el punto de vista económico; están en situación de colapso sus economías.

En cuanto a Rusia y China, vamos a ver. Pero, a pesar de las palabras de apoyo, hasta el momento no se ha visto en realidad poner mucha ayuda desde el punto de vista militar ni desde el punto de vista económico. Podría cambiar, pero hasta el momento es a nivel de apoyo moral, digamos que apoyo económico fuerte.

Los chinos antes, hace unos años, hablaban de construir un canal nicaragüense, ¿dónde está este canal? No sé ha visto en ningún lado. Es decir, palabras, pero apoyo fuerte no.

En 1979 en Nicaragua hubo una alianza nacional, pero también una alianza internacional para derrocar a Somoza, y ahí estaban países de América Latina muy beligerantes en la OEA: México, Venezuela, Costa Rica, la Administración Carter también. ¿Dónde está hoy América Latina? 

La situación era distinta, aunque Ortega está aislado, marginado en América, Somoza era totalmente rechazado, su dinastía, su alianza con los Estados Unidos, y además, hay que recordar la idea de una insurrección popular era algo legítimo en los ojos de muchos países.

Esta situación, es muy diferente ahora, sobre todo la opción de insurrección con armas parece, como dije, afuera de la mesa, y además, la oposición en Nicaragua no habla en estos términos tampoco. Es interesante preguntarse ¿por qué? Yo diría, por un lado, tiene que ver con que los Estados son más fuertes, entonces prácticamente es más difícil derrotarlos con fuerza; y por otro lado, hemos visto qué pasa con una insurrección armada después, que la gente con las armas no son siempre los más democráticos. Entonces es otra razón por la cual yo creo que la comunidad internacional no quiere entrar otra vez en el apoyo de una insurrección armada; además de los costos humanos también.

Si la insurrección armada no es una opción, y por el otro lado la gestión diplomática tampoco tiene capacidad de modificar a un Estado autoritario ¿de qué depende la posibilidad de un cambio político? ¿De la resistencia cívica interna, exclusivamente? 

Yo no tengo una ‘magic wand’ (varita mágica) para decir qué hacer. Como dije, estamos mirando, no solamente en Nicaragua, pero en Bielorrusia, Myanmar, la capacidad de estos Gobiernos, aunque sin mucho apoyo popular, pueden quedarse por lo menos por varios años en el poder. Entonces, cómo tratar de quebrar estos tres pilares, y ahí sería la manera de pensar en unas estrategias, de regresar a una situación más estable y democrática en Nicaragua.


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