Política

López Obrador, Biden, las dictaduras, y la Cumbre de las Américas

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tiene menos afinidad por la dictadura de Daniel Ortega, que con sus aliados de Cuba y Venezuela: “no hace una defensa vehemente de Nicaragua, como si lo hace con Cuba, pero tampoco condena la brutalidad de la dictadura nicaragüense, aunque recientemente la excluyó de su gira diplomática por Centroamérica”, explica el excanciller de México, Jorge Castañeda.

El analista resaltó los 29 votos, incluido el de México, que condenaron la toma policial de la sede de la OEA en Managua, pero descartó de que existan los 24 votos para invocar las violaciones de la Carta Democrática Interamericana que ha perpetrado el régimen Ortega Murillo, lo cual evidencia la impotencia de la OEA.

En una entrevista con Esta Semana el politólogo mexicano, profesor de la Universidad de Nueva York, analizó el condicionamiento que ha hecho López Obrador, para que Cuba, Nicaragua, y Venezuela, sean invitados a la Cumbre de Las América que se celebrará en Los Ángeles del seis al diez de junio.

La ausencia del presidente de México y también el de Brasil, “por razones que nada tienen que ver con Cuba”, precisó, “será un duro golpe para Biden”, aunque considera que sí participarán en la Cumbre los presidentes de Chile y Argentina. “Creo que en la Cumbre habrá un debate sobre sí debieron haber sido invitados Cuba, Nicaragua y Venezuela, pero de lo que quieren hablar muchos países, sobre todo Estados Unidos, es sobre la migración, las cadenas de suministro, la invasión rusa de Ucrania”.

Castañeda destacó la importancia mantener la presión política contra las dictaduras de Cuba, Nicaragua, y Venezuela, pero advirtió sobre la “resiliencia de las dictaduras que son tan represivas, que están dispuestas a aceptar todas las privaciones económicas, a condición de mantenerse en el poder, mientras los venezolanos, cubanos, y nicaragüenses prefieren irse”, y están emigrando de forma masiva.

Veintinueve países incluyendo a México y Argentina condenaron la toma policial a la sede de la OEA en Managua y la violación a la inmunidad diplomática, ejecutada por el régimen de Ortega. No hubo ningún voto en contra, aunque sí tres abstenciones: Honduras, El Salvador, y San Vicente y las Granadinas. ¿Qué significa políticamente esta condena?

Yo creo que fue a tal grado descarada la operación de Ortega con la misión de la OEA en Managua, que ni siquiera países como México, Argentina o Bolivia, pudieron abstenerse o votar en contra de una resolución de condena. En ese sentido, me parece un paso adelante esta resolución y que tantos países hayan votado a favor.

Sin embargo, no confundiría la votación a favor sobre este tema muy en particular, con la posibilidad de invocar, la Carta Democrática Interamericana. Sigo pensando que para eso, por ejemplo, no están los votos.

En efecto, la oposición nicaragüense demanda a la OEA que convoque a una Asamblea de Cancilleres y pareciera que no pueden reunir los 24 votos para sancionar las violaciones a la Carta Democrática Interamericana ¿Qué peso tiene la OEA en esta crisis, si no puede realmente actuar ante la impunidad del régimen de Nicaragua? 

Aparentemente, no están los votos para algo más y eso muestra un poco la impotencia de la OEA, y el hecho de que todavía hay un número importante de países ahí -principalmente del Caribe, pero no solamente, que no quieren ver aplicadas las disposiciones de la Carta Democrática Interamericana al caso de Managua, aunque obviamente es aplicable. No parece haber manera de discutir el fondo del asunto, pero los votos no están porque países como México, Argentina, Bolivia, no quieren ir por ese camino. No sé Chile qué haría ahora. Tal vez Chile sí votaría en contra, pero pronto habrá más votos en contra de la aplicación de la Carta, por ejemplo el de Colombia, y hacia fin de año, el de Brasil.

Esta semana los jueces de Ortega culminaron este ciclo de condenas contra 53 presos políticos en la cárcel, imponiéndoles penas de 8 hasta 13 años. ¿Pueden los países del continente americano o de la Unión Europea ejercer una presión política efectiva contra la dictadura de Ortega al margen de la OEA, si la OEA no puede como institución hemisférica incidir en esta crisis?

Pues lo han hecho: lo ha hecho la Unión Europea. Lo ha hecho Estados Unidos, con sanciones o con condenas, pero parece ser que la dictadura de Ortega simplemente no es vulnerable a ese tipo de medidas. Simplemente, las ignora, sigue adelante con sus prácticas dictatoriales represivas, y no parece verse obligada a tomar en cuenta este tipo de condenas o incluso de sanciones. Ese es el problema con una dictadura que está dispuesta a aceptar todo con tal de permanecer en el poder, pues lo pueden hacer.

López Obrador, Nicaragua, Cuba y la migración a EE. UU.

¿Cuál es la posición de México en la crisis de Nicaragua?. El presidente López Obrador aboga para que Daniel Ortega sea invitado a la Cumbre de las Américas. En realidad, nunca ha condenado la represión ni las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua, y por otro lado, en esta gira que realizó a los países centroamericanos, excluyó a Nicaragua.

Yo creo que de las tres dictaduras, con la que tiene menos afinidad López Obrador es con la de Daniel Ortega en Nicaragua. Desde un principio del sexenio, López Obrador dio a entender que en el caso de Nicaragua, no iba a hacer una defensa tan vehemente como sí lo ha hecho con Cuba, ni tampoco obstaculizar otras cosas como lo hizo con Venezuela, o tratar de mediar, de ser un intermediario, entre la oposición y el Gobierno de Maduro, en el caso de Venezuela. En ese sentido, Nicaragua es un caso aparte: si bien no condena a Ortega, no condena los excesos, no condena la brutalidad de las cosas que hace la dictadura nicaragüense, en efecto, la excluyó de su gira. No ha tenido mayor contacto con Daniel Ortega. No ha venido a México en ninguna de las ocasiones en que hubiera podido darse una visita, y en la OEA no por primera vez México tiende a votar a favor de algún tipo de condena.

Entonces, yo creo que sí hay una diferencia importante en México, para lo que se refiere a la postura del Gobierno entre Cuba y Venezuela, por un lado, y Nicaragua por el otro. Pero hasta ahí. No creo que México fuera tan lejos como para votar a favor de la aplicación de la Carta Democrática Interamericana en el caso de Nicaragua.

En esta visita a Honduras, El Salvador y Guatemala, el tema principal para López Obrador y para México, era el desarrollo de políticas que contengan los flujos migratorios de estos países hacia México y Estados Unidos, pero hay otros dos flujos de migrantes: el de los nicaragüenses que se van por la crisis política, intentan cruzar México y llegar a Estados Unidos. Muchos incluso han muerto cruzando el río Bravo, y por otro lado el de los cubanos que tienen vía libre, a través de un acuerdo entre Nicaragua y Cuba para viajar a través de Nicaragua hacia Estados Unidos. ¿Qué dice López Obrador sobre estos dos flujos migratorios?

No lo sabemos, porque no dice gran cosa, por lo menos en público. Sabemos porque hubo una filtración a los medios en Estados Unidos, que el Gobierno de Biden obligó al Gobierno de López Obrador, a aceptar la deportación -esto hace como tres semanas- de nicaragüenses y de cubanos, de Estados Unidos a México, cosa que se daba a cuentagotas, hasta hace poco. La impresión que tengo, por lo poco que se ha publicado, es que se trata de muy poca gente. Creo que se hablaba de hasta 100 al día, lo que serían 3000 cubanos al mes. Se supone que solo en marzo fueron detenidos 30 000 cubanos tratando de cruzar desde México hasta Estados Unidos. Yo creo que, más que la deportación, lo que López Obrador está haciendo es rindiéndose ante la evidencia que los cubanos y los nicaragüenses, van a cruzar por México, no tiene la capacidad de detenerlos a todos, y que puede maltratarlos en la frontera sur, en Tapachula; puede tenerlos en campamentos, pero al final, si en febrero llegaron más de 20 000 cubanos a la frontera, y más de 30 000 en marzo, y probablemente, en abril, un número aún mayor, es que México no tiene la capacidad, la voluntad -o ambas cosas- para detener ese flujo.

Tampoco puede recibir a tantos cubanos o nicaragüenses de vuelta, porque le va a costar mucho trabajo mandarlos a Nicaragua y a Cuba. No es tan fácil para México hacer eso, sobre todo, si como todo parece indicarlo, el Gobierno de La Habana lo que está haciendo es alentando la salida de cubanos vía Nicaragua, como lo ha hecho de la dictadura castrista desde principios de los años 60, cada vez que hay un problema económico serio como lo hay ahora en Cuba.

AMLO, Biden y la Cumbre de las Américas

López Obrador ha condicionado su participación en la Cumbre de las Américas a que Biden invite a las dictaduras de Nicaragua, Cuba y Venezuela, y a partir de este reclamo, otros presidentes, con diferentes matices, abogan por la no exclusión. ¿Qué impacto podría tener en esta cumbre la eventual ausencia de algunos presidentes latinoamericanos?

Creo que hay una jerarquía. Es decir, la ausencia de México y de Brasil, y de Brasil desde luego por otras razones que no tienen nada que ver con Cuba, ni con Nicaragua, ni con Venezuela sino con los caprichos personales de Bolsonaro, pero la ausencia de estos dos países y estas dos economías grandes de América Latina, en la Cumbre de Los Ángeles, pues sí debilitaría -y va a debilitar porque todo parece indicar que no van a ir– en estos dos casos. Por otro lado, están los países pequeños: algunos del Caricom; Honduras, Bolivia, que no es que no importen, pero desde luego no tiene el mismo impacto la ausencia de Honduras, o la de Bolivia, que la de México, o la de Brasil. Me parece que lo que queda en suspenso es qué va a decidir Argentina, qué va a decidir Chile. Todo parece indicar que tanto el presidente Fernández como el presidente Boric, sí van a acudir a Los Ángeles, y eso pues ya un poquito le ayudaría a Biden, pero es un hecho que esto es un golpe muy serio para Biden. No tendrá demasiada repercusión en la política interna de Estados Unidos, porque están enfocados en otros temas ahorita, pero sí, otra vez refuerza esta impresión que ha generado Biden desde hace tiempo, desde la salida de Afganistán, de incompetencia, e ineptitud..

¿Cuál será el tema de fondo de esta Cumbre? Para unos será la no exclusión de países de América Latina. Para otros, el tema es la agenda de la democracia o de la impunidad de las dictaduras. ¿Qué prevalecerá al final?

Creo que habrá un debate sobre sí debieron haber sido invitados Cuba, Nicaragua y Venezuela, ya en la cumbre. Seguramente, los mexicanos, aunque no vaya López Obrador, quien vaya a ir, pues hará su pataleta, su pequeño berrinche ahí, diciendo ¿por qué no invitaron a mis amiguitos? Pues hombre sí, es lógico. No creo que esto vaya a ocupar demasiado tiempo de la cumbre porque yo me imagino que de lo que quieren hablar muchos países, sobre todo Estados Unidos, es sobre la migración, las cadenas de suministro, la invasión rusa de Ucrania que no habrá terminado para entonces. Me parece que esos van a ser los grandes temas de la Cumbre, y no tanto si se invitó o no a la dictadura cubana, nicaragüense y venezolana.

Hay un deterioro del liderazgo democrático de Estados Unidos en América Latina. Se dio en la época de Trump; Biden prometió una mayor presencia en la región y para poner en la agenda el tema de democracia, el medio ambiente, la corrupción y la sostenibilidad democrática

Sí. Biden quería hacer cosas, pero hay que tomar en cuenta en primer lugar, que en materia de política interna se ha visto muy debilitado, y eso hace que por ejemplo, la elección en Florida del Senado, y de varias varios escaños para la Cámara de Representantes en noviembre, revista mucha importancia para él, y eso hace que no pueda invitar a Cuba en particular a la Cumbre. Por el otro lado, es un hecho que primero Afganistán, después el tema migratorio, y después la invasión rusa de Ucrania son los temas que lo han ocupado principalmente en materia de política exterior, no América Latina en su conjunto, y esta idea un poco simplista, un poco ingenua de que con ayuda económica, con inversión, con los programitas de López Obrador de sembrar sus arbolitos, va a disminuir la migración procedente del Triángulo Norte, de Cuba, de Nicaragua, de Ecuador, de Haití, etc., pues esa idea en el mejor de los casos tal vez surta efecto dentro de muchos años pero no es una idea realista, ni verosímil, ni interesante siquiera en el corto plazo, además que no está el dinero. El propio López Obrador se ha quejado de que de los cuatro mil millones de dólares que Biden supuestamente prometió, solo se han conseguido mil millones, que no son mil millones de dólares del Gobierno de Estados Unidos. Son mil millones de dólares de supuesta inversión privada norteamericana, garantizada por la nueva instancia que sustituyó a la OPIC, pero para que ese dinero llegue al Triángulo Norte, que se invierta cree empleos, y disuada a la gente de irse, falta muchísimo tiempo.

Con este vacío de liderazgo de Estados Unidos en América Latina, la presencia de China que es muy fuerte económicamente, ¿hay alguna alternativa latinoamericana más allá de objetar que si se excluye o no a Cuba, Nicaragua y Venezuela, para mediar o incidir en las crisis políticas de estas dictaduras desde América Latina, como se intentó en los años 80, por ejemplo, desde Contadora y Esquipulas, o vamos hacia un mayor deterioro e impunidad de estas dictaduras?

No es tanto de mediar creo yo. Estados Unidos tiene una comunicación fluida con Cuba, con Nicaragua, y como vimos, incluso con Venezuela, a través de la visita que hicieron varios altos funcionarios de Estados Unidos a Caracas, hace como un mes. El problema no es la comunicación, y tampoco se necesitan intermediarios. El problema es que hay diferencias muy profundas entre Estados Unidos y los países de América Latina, que tienen una postura a favor de la democracia, y las tres dictaduras y en su caso China y Rusia, en la medida en que apoyan a estas tres dictaduras que también es relativo.

El problema no es la comunicación: el problema es el fondo. No hay punto de encuentro. Lo grave, la desgracia, es que todos estos años, se ha intentado todo, sobre todo, por ejemplo, con Venezuela. Se ha intentado, no sé cuántas veces, la negociación con la mediación de los dominicanos, los noruegos y los españoles.. Se ha intentado derrocar a Maduro con esquemas más o menos descabellados, y más o menos serios. Nada ha funcionado. Tampoco ha habido una apertura en Venezuela para que se celebren elecciones democráticas bajo vigilancia internacional. El problema es que nada parece funcionar. En el caso de Cuba es obvio, que nada funcionó. La apertura de Obama no trajo una apertura en Cuba. Ya lo vimos, y bueno con Nicaragua y con Venezuela se ha intentado todo, y no ha habido ningún cambio. Creo que estamos condenados a una especie de perpetuación del status quo, hasta que quizás, la inercia biológica surta efecto.

La resiliencia de las dictaduras

Hay en efecto una resiliencia de las dictaduras. Pero por otro lado hay elementos que revelan mucha fragilidad y plantean preguntas sobre su viabilidad a largo plazo. Es lo que se ve en Nicaragua; es lo que se ve en Cuba desde el punto de vista de la economía. La pregunta es sí hay una estrategia de salida a mediano plazo frente a estas dictaduras de América Latina, porque claramente no hay una salida a corto plazo.

Yo creo que tampoco la hay a largo plazo. Insisto: se ha intentado todo. Mejorar la economía de estos países, si fuera posible, tampoco creo que traería un cambio. Apretarlos más, pues tampoco. Yo no creo que la situación económica de Cuba pueda ser peor de lo que ya es, y tampoco creo que pueda ser peor la de Venezuela, que la que fue hace un par de años cuando realmente habían tocado fondo, aunque las cosas han mejorado un poco en los últimos meses.

El problema es que son países cuyos regímenes son tan represivos, tan cínicos y tan desfachatados, si tú quieres, que están dispuestos a aceptar todas las privaciones económicas, todas las dificultades, las escaseces,  todo, a condición de mantenerse en el poder, y la gente -los nicaragüenses, los venezolanos, los cubanos- prefieren irse. Se han ido seis millones de venezolanos, se está yendo una enorme cantidad de cubanos, yo creo que en el mes de abril habríamos llegado a los niveles ya del Mariel de 1980, rebasando con mucho los niveles de los balseros de 1994. Y en el caso de Nicaragua, tú sabes cuántos nicaragüenses están huyendo del país.

Las dictaduras se quiebran por dentro como resultado de una presión externa que logra condicionar elementos de restitución de libertades. Es lo que ocurrió a finales de los 80 con la dictadura de Pinochet y el plebiscito en Chile. ¿Puede la presión externa contribuir a restituir las libertades democráticas para producir un cambio?

En todo caso, es preferible mantener esa presión que aflojarla, pero sin hacerse ilusiones. Me parece que a estas alturas es preferible, rendirse ante las evidencias y concluir que es muy difícil obligar a estos estas tres dictaduras a abrirse, a respetar las libertades, liberar a los presos políticos en Nicaragua, en Cuba, también en Venezuela, pero sobre todo en Nicaragua y en Cuba; respetar la libertad de prensa, la de asociación, la de manifestación; celebrar elecciones sin fraudes. Está resultando muy difícil que eso suceda por las buenas o por las malas, porque son dictaduras que, insisto: tienen suficiente cinismo y la suficiente capacidad represiva para imponerse y no ceder ante ninguna presión interna o externa.

¿Pueden perdurar a largo plazo, pueden ser viables estas dictaduras?

Lo han sido ya. ¿Quién hubiera pensado en 2013 que estaríamos acercándonos a diez años de Nicolás Maduro en el poder, o que Raúl Castro cumpla 92 años y siga de alguna manera en el poder, o que para Daniel Ortega, el único impedimento que pueda haber para su perpetuación en el poder sea su propia salud? Yo creo que hay que tomar nota de esta enorme resiliencia, y seguir adelante, pero sin hacerse demasiadas ilusiones.

Carlos F. Chamorro

Director de Confidencial y Esta Semana. Premio de Periodismo de Casa de América, en 2009; Premio María Moors Cabot, en 2010. Es miembro del Consejo Rector de la Fundación de Nuevo Periodismo Gabriel García Márquez.

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