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Apolo 10 1/2: Un pasado tan cerca como la Luna

La mayoría considera la animación un género infantil, y no un medio expresivo que puede aplicarse a varios géneros, y para públicos diversos

No se deje engañar por los dibujos animados y el protagonista infantil. La nueva película de Richard Linklater es un ejercicio de nostalgia que derretirá su corazón adulto. En segundo plano, como beneficio colateral, abrirá para los niños una ventana a un pasado parecido al que vieron sus padres. O más bien, sus abuelos.

Estamos en los suburbios de Houston, en pleno fervor de la era espacial. Durante el recreo, Stan (Milo Coy) es abordado por dos hombres vestidos de negro. Se identifican como Bostick (Glen Powell) y Krantz (Zachary Levi), agentes del FBI buscando a un voluntario. Por un error, la NASA construyó el módulo de prueba del aterrizaje lunar demasiado pequeño, y solo un niño alcanza en la cabina. Stan es el candidato perfecto gracias a su habilidad con las matemáticas, pero debe mantener la misión en el secreto más absoluto. Nadie puede saber que él será la primera persona en pisar la luna.

Con “Apolo 10 1/2: Una Infancia en la Era Espacial”, Linklater vuelve a echar mano de la animación rotoscópica. La técnica permite dibujar sobre imágenes filmadas con actores de carne y hueso. La usó por primera vez en “Waking Life” (2001), un excéntrico filme-ensayo sobre angustia existencial a principios del siglo XXI. También en “A Scanner Darkly” (2006), adaptación de la novela de ciencia ficción de Philip K. Dick. La calidad fantasmal de las imágenes nutría la extrañeza. Esta nueva película está anclada en la realidad, pero el tratamiento animado funde los elementos más fantásticos con su recreación del modo de vida de la clase media estadounidense de finales de los 60.

La misión espacial funciona como un marco narrativo que delimita una serie de estampas sobre la vida en familia, con sus costumbres y ritos. Stan y sus cinco hermanos se extienden en edades que van desde la niñez hasta la adolescencia más madura. La interacción entre ellos será reconocible para cualquier persona que haya crecido en una familia numerosa. Es esa dinámica la que hace trascender la película más allá de la especificidad del momento en la cultura norteamericana.

La película conecta con una de las preocupaciones mayores para este director: la formación de la persona a través del tiempo, en el contexto de la vida en familia. Véase los fascinantes experimentos narrativos de “Boyhood” (2014), en la que retrata los primeros 20 años de vida de un muchacho con los mismos actores, filmando en varios momentos a lo largo de dos décadas. O la trilogía conformada por “Before Sunrise” (1995), “Before Sunset (2004)” y “Before Midnight” (2013), siguiendo los altibajos de una pareja interpretada por Ethan Hawke y Julie Delpy.

El guion acreditado a Linklater, supuestamente inspirado en su propia infancia, adopta una estructura de simpleza engañosa. El adulto Stan (la voz pertenece a Jack Black) narra desde el presente. Dentro de ese ‘flashback’, corren en cauces paralelos la misión espacial y los episodios de la vida cotidiana. En teoría, es posible que Stan se ausente por todo un verano para cumplir una misión secreta. Bostick y Krantz producen evidencia de que se ha ganado una beca para un campamento de verano, y le presentan fotos que parecen documentar el evento antes de que ocurra. Al mismo tiempo, Stan confiesa que es un fabulista, e ilustra la declaración con un episodio en que se mete en problemas al hacer una presentación en clase sobre un robot inexistente.

La película culmina alternando entre una recreación del aterrizaje lunar histórico, visto desde el punto de vista de la familia a través de la televisión, y los recuerdos —o sueños— de Stan sobre su propia excursión. El contraste documenta de manera conmovedora la coexistencia del confort de la rutina y el anhelo de trascender a los confines de la realidad propia. Si Stan nos está engañado, realmente no tiene importancia.

Aprecio que Netflix se haya arriesgado con esta película, porque asegura el acceso del público a ella. La animación para adultos es víctima de disonancia cognitiva en el público masivo. La mayoría considera la animación un género infantil, y no un medio expresivo que puede aplicarse a varios géneros, y para públicos diversos. La cálida nostalgia de “Apolo 10 1/2: Una Infancia en la Era Espacial”, dejará a sus menores de diez años desconcertados –o dormidos–. Pero para un adulto, o un preadolescente curioso, puede ser una pequeña joya.

“Apolo 10 1/2: Una Infancia en la Era Espacial”
(Apollo 10 1/2: A Space Age Childhood”)
Dirección: Richard Linklater
Duración: 1 hora, 37 minutos
Clasificación: * * * (Buena)
* Disponible en Netflix


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