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En Pantalla

Cineasta Khristine Gillard: “La lucha de Nicaragua no es local”

La directora belga estrena en Latinoamérica el documental “Las y los Minúscules”, que da rostro de mujer a la rebelión cívica de 2018 en Nicaragua

“Las y los Minúscules” es una película documental grabada en Nicaragua y Costa Rica, que le da rostro de mujer a la rebelión cívica de 2018 en Nicaragua. Este domingo 19 de junio se estrenó en Latinoamérica, empezando por Costa Rica, donde la mayoría de sus protagonistas se han exiliado por la persecución política del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

En los últimos años, la cineasta belga Khristine Gillard, directora y escritora de la película, ha tomado a Nicaragua y su pueblo como “protagonistas” de dos de sus últimas producciones audiovisuales: “Cochihza” y “Las y los Minúscules”.

En una entrevista con el programa Esta Semana, Gillard detalló que el documental está basado en la evolución de la lucha cívica, a través de cuatro mujeres que participan en la organización de los movimientos sociales en Nicaragua, y que debido a la temática la película se grabó en la clandestinidad. 

¿De qué trata la película y cómo nació esa inquietud por grabar en Nicaragua? 

Desde 2008, he estado involucrada en varios proyectos en Nicaragua. He grabado una película que se llama “La Cochihza”, al lado del volcán Concepción, en Ometepe. Terminando de grabar, en 2013, la gente empezó a recibir cartas de posibles expropiaciones porque Ometepe se encuentra en la ruta del Canal Interoceánico, que iba a pasar a través de las tierras indígenas y campesinas, el Gran Lago (Cocibolca) y el bosque. Era una obra de destrucción total, una catástrofe ecológica y humana; y la prensa de Europa no dijo nada y decidí irme para entender lo que estaba pasando y escuchar las historias de la gente y entonces empezaron a organizar  protestas y marchas, pero sin jamás sospechar la magnitud que iba a tener su lucha más tarde a nivel nacional. 

Filmamos los paisajes que iban a desaparecer, los animalitos, la vida. Cuando salimos de la comunidad campesina nos decían: “la gente tiene que decir algo, tiene que salir de sus casas, tienen que protestar; nosotros somos autónomos podemos. La gente tiene miedo, pero si todos nos unimos podríamos quizás cambiar las cosas”. Tres semanas después, el pueblo estaba en las calles, cientos de miles de nicaragüenses estaban en las calles del país. Era exactamente como los campesinos lo habían predicho. 

La película tiene varios capítulos y varios protagonistas contanos sobre eso.

El primer capítulo lo filmamos con la gente que vive en la ruta del Canal, los seres humanos y los otros seres: vegetales y el bosque. Todo lo que vive en la ruta del canal, también al movimiento campesino anticanal en sus organizaciones y reuniones. El primer capítulo se llama “Al borde de la trinchera”. 

El segundo capítulo se llama “Somos un volcán” y trata del levantamiento (cívico de 2018). Hemos filmado con los campesinos y campesinas, con doña Chica (Francisca Ramírez) que nunca lo habíamos sospechado, pero se volvió una representante de la lucha anticanal. Grabamos a los estudiantes ocupando las universidades; en la UNAN, con mucho coraje, se enfrentaron con el Gobierno, con sus morteros y piedras solamente enfrente con paramilitares y gente bien armadas y entrenadas.

El tercer capítulo se llama “Exilio”, lo grabamos con gente había tenido que salir del país.

Las protagonistas, ¿cómo las escogiste?

A la maestra, una de las protagonistas principales y activista ambiental, la conozco desde hace tiempo. Es una persona con una fuerza enorme y  generosidad, en su manera de unir a la gente. Hace un trabajo enorme de concientización política y ecológica con estudiantes.

Cuando inicie con las investigaciones sobre el canal, encontré a doña Chica que naturalmente tiene su lugar en la película, primero solo como la representante local de su movimiento, y después hemos seguido su personaje durante toda su evolución, hasta que se volvió en la representante del movimiento (en el ámbito nacional).

No estaba buscando líderes, siempre me aleje de los discursos públicos, de las narrativas dominantes. Me quedé todo el tiempo con la gente que conocía y también con los estudiantes.

Leonor Zúñiga, cineasta nicaragüense (izquierda), junto Khristine Gillard, en 2018.// Foto: Cortesía

¿Cómo fue filmar en el contexto de la represión en Nicaragua en 2018?

El primer capítulo de la película lo hemos filmado con un equipo de Bélgica, con material que habíamos preparado. Cuando vinieron los eventos de 2018 no era posible entrar al país con equipo, entonces conocí a mi amiga Leonor Zúñiga, colaboradora, socióloga, cineasta y cinematógrafa. Le pregunté si podíamos continuar la filmación juntas; le dije: “no sé qué va a pasar, nadie lo sabe, pero creo que tenemos que probar”. Me dijo “sí”. No sabíamos día a día qué íbamos filmar, qué íbamos a encontrar, teníamos que hacer todo a escondidas, pero creo que aprovechamos el gran desorden para pasar invisibles. No parecíamos periodistas o un equipo de filmación, solo éramos dos chicas y creo que pasamos así discretas en todos los lugares con nuestra intuición.

Con la primera parte de la película tuvimos que inventarnos una historia, no podíamos decir que estábamos haciendo una película sobre el canal; entonces, tuvimos que decir que estábamos haciendo una película sobre la naturaleza. 

Ya se ha presentado la película en diferentes países, ¿dónde y cuáles han sido las reacciones?

Se ha presentado en Italia, Francia, en Bélgica muchas veces, en festivales. Ahora en Costa Rica, estoy súper feliz porque vamos a tener con nosotros a los protagonistas de la película, y con la gente exiliada es una proyección súper importante para mí.

Lo que me gusta en las proyecciones es que hay una mezcla de personas: hay investigadores, profesores, profesionales del cine y periodistas. Gente que tiene un vínculo con la revolución en Nicaragua, en los 80, y me dicen: “cómo puede ser que no sabíamos nada de esta historia”. Mucha gente después de la película se sienten conmovidos y furiosos; muchos de ellos empiezan a buscar información sobre lo que está pasando y se unen a grupos solidarios, a acciones de solidaridad. Creo que ahora no podemos hacer mucho, entonces tenemos que utilizar todos los medios posibles para que esa historia sea escuchada y se comparta en todo el mundo.

En Nicaragua, ¿cuándo se va a presentar?

Quién sabe, no se puede presentar. Ahora es imposible, pero cuando la vayamos a presentar allá, será una celebración increíble.

¿En línea estará en algún momento disponible para verla ?

Hasta el momento no, porque la película está iniciando su gira y no podemos ponerla en el internet, también por razones de seguridad. Espero que algún día todo el mundo la pueda ver, es injusto que los nicaragüenses no puedan verla.

¿Cuál es el reto de tener un filme cuyo final está todavía irresuelto o está en curso?

En la película se siente que estamos en el momento presente, que vivimos lo que está pasando con la gente, que estamos filmando y lo estamos haciendo juntos. La gente pensaba que los jóvenes no tienen conciencia política; encontré en los campesinos y jóvenes, gente muy humilde, muy inteligente, muy curiosos y generosos en su manera de compartir conocimientos y herramientas para deconstruir las manipulaciones del Gobierno.

Me siento muy honrada de haberme podido sentar con la gente y escuchar sus conversaciones, durante horas. Entender cómo construyen los pensamientos y las reflexiones de cómo vamos a luchar, cómo debemos luchar y cómo podemos unirnos para tener un impacto.

¿Tenés pensado regresar a Nicaragua para filmar cuando este colectivo logre el cambio que buscan?

Sí. Ahora no podemos hacer mucho, pero nos queda la fe en que fue posible unir fuerzas, de una manera que se pensaba imposible. Creo también —y lo muestra lo que vivimos— que se puede hacer cosas juntos y que debemos seguir construyendo Nicaragua, que debemos seguir construyendo nuestro poder político ciudadano.

¿Qué mensaje quiere dar con la película?

Lo que quiero decir es que la lucha tiene sentido, aunque la situación (actual) es tan difícil en Nicaragua, con los presos políticos y las violaciones de los derechos humanos, y la imposibilidad de tener organizaciones políticas, sociales y educativas. No hay posibilidades de estar juntos, pero tenemos que seguir juntos, la lucha de Nicaragua no es solo una lucha local.


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