Share via

Historias

Embarazadas y covid-19: Las mujeres víctimas en el manejo oculto de la pandemia en Nicaragua

Las embarazadas se enfrentan con miedo a la pandemia. Dos mujeres relatan su experiencia con covid-19 durante sus embarazos

Un miércoles de septiembre de 2021 María* se dio cuenta de que el cansancio y agotamiento que estaba sintiendo no correspondían con las actividades físicas que realizaba. Tenía seis meses de embarazo, trabajaba desde casa en un barrio de Managua y apenas salía una vez por semana a realizar compras de rutina para su familia. Consultó con su ginecobstetra y, como tenía algo de fiebre, se tomó una acetaminofén. A pesar de la preocupación que sintió ese día por el malestar, no pensó que fuera covid-19.

El miedo llegó al día siguiente, cuando se dio cuenta que no estaba percibiendo tan intensos los olores fuertes como el alcohol. Aunque no se hizo una prueba, a medida que pasaron las horas supo que lo suyo no era un malestar común: entre jueves por la tarde y viernes perdió totalmente el olfato y el gusto y la fiebre se mantenía. Su médica le dijo que no tomara más de dos acetaminofenes de 500 mg al día para bajar la temperatura y que mantuviera sus medicinas propias del embarazo, como multivitaminas, ácido fólico, hierro, etc.

A ella le preocupaba no saber qué efecto podría causarle el virus a su bebé. En esos días llegó otra preocupación a su vida, y era que su mamá –hipertensa– quien vivía en su misma casa y su esposo empezaban a presentar síntomas de alarma.

Sus malestares aumentaron el lunes. Ahora sentía dolor de cabeza, dolor corporal y la fiebre continuaba. Solicitó una consulta en línea con una médica internista que estaba familiarizada con atención a casos covid-19 y lo primero que le recomendó fue que llevara la cuenta de los días y un registro de cómo se iba sintiendo en cada uno, lo mismo para su mamá y esposo. No quería ir al hospital porque tenía el temor de que por su embarazo le dijeran que debía quedarse internada. “La verdad eso anímicamente me habría afectado un montón y no quería correr un riesgo”, dice.
María se mantenía en constante comunicación con la doctora vía virtual, quien vigilaba sus niveles de oxigenación en la sangre y demás síntomas. Con ella todo iba bien, pero su esposo y su mamá iban empeorando. A pesar de eso decidieron quedarse en casa con tratamiento. “Fue un momento en el que estaba un brote alto, todo eso influyó en mi decisión de tratarnos desde casa”, cuenta. Y tiene razón.

Septiembre de 2021 fue el peor mes, hasta ahora, en términos del número de muertes y contagios, tanto así que incluso el Ministerio de Salud (Minsa) –que ha mantenido una política de ocultamiento del impacto real de la pandemia– tuvo que reconocer el incremento en el número de casos que reportaba semanalmente, aunque sus números siguieron muy alejados de los que reportaba el Observatorio Ciudadano COVID-19. Solo durante ese mes el organismo independiente registró 6510 contagios y 1427 muertes sospechosas de la enfermedad. Los datos oficiales aseguran que ese mes hubo 2713 contagios y solo cuatro muertes, es decir una por semana.

El personal médico del país alertaba de contagios masivos y las unidades de salud se veían saturadas con el alto número de casos que día a día recibían. Las redes sociales se saturaron de obituarios y se convirtieron en un cementerio virtual lleno de lazos negros, condolencias y breves despedidas. Pero hubo un factor extra que llenó de más miedo a María: los reportes que salían en medios de comunicación sobre embarazadas que morían por complicaciones tras contagiarse de covid-19. Incluso se conocieron casos de mujeres que fallecieron con sus bebés.

Confusión entre síntomas covid-19 y malestares propios del embarazo

María se sentía bajo presión por todo lo que leía y lo que estaba pasando a su alrededor. “Yo ya tenía una barriga grande y mi preocupación era confundir el dolor por la covid-19 con estar teniendo un cuadro de contracciones provocadas por el mismo”, dice, cinco meses después ya de haber superado la enfermedad y con su bebé en brazos.
Esta confusión también la tuvo Ana*, otra mujer que en ese momento tenía ocho meses de gestación y que cuando le empezaron los síntomas de covid-19 pensó que eran parte del embarazo. Sentía dolor de espalda, fiebre y empezó a perder el apetito. Cuando aparecieron el cansancio y la tos, “ahí sí me preocupé”, dice Ana, que estaba por cumplir 33 años.

Una doctora en Medicina y Cirugía, especialista en Ginecología y Obstetricia, y quien prefiere mantener el anonimato, dice que efectivamente las nuevas cepas del virus presentan infinidad de síntomas que desorientan su diagnóstico. Y es ahí donde deberían las autoridades tener un rol protagónico. “La difusión de las diferencias entre resfrío, gripe y covid-19, especialmente por (la variante) ómicron, es una responsabilidad de las autoridades de Salud que deberían educar a la población en general y a las embarazadas en particular”, señala la especialista.
En Nicaragua impera la falta de información pública y, más allá de eso, la manipulación de datos respecto a la pandemia. No se conoce ni siquiera el impacto real del virus en la población nicaragüense, ya que desde octubre de 2020 las autoridades nacionales de Salud han asegurado que se registra solo una muerte semanal a causa de la covid-19, lo que contrasta totalmente con la realidad que se vive en el país.

Embarazadas covid-19
Foto: Archivo | Confidencial

Basado en su política de no brindar la menor información posible, el Minsa ni siquiera ha informado públicamente de la circulación de las variantes consideradas de interés o de preocupación por las autoridades internacionales de salud. En noviembre de 2021, el Observatorio Ciudadano dio a conocer un estudio publicado en la revista medRxiv preprint, elaborado por investigadores de la Universidad de Michigan y el Centro Nacional de Diagnóstico y Referencia (CNDR) del Minsa, que detalla cómo el país registró “una gran ola pandémica” entre abril y octubre 2021, “consistiendo predominantemente de las variantes gamma y delta”. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) dijo en conferencia de prensa que el Minsa le había informado sobre la detección de las variantes alfa, gamma, delta y beta. Esto nunca se hizo público por parte del Minsa y, de no ser por la OPS y el Observatorio Ciudadano, probablemente seguiría existiendo solo la sospecha.

También fue por la OPS que el 26 de enero de 2022 la población nicaragüense se enteró que el Minsa había detectado la circulación de la variante ómicron en el país, que está poniendo al mundo en aprietos por la cantidad de contagios que puede causar una sola persona infectada.

“Asumimos nosotras, mi mamá y yo” –dice María–, “que fuimos quienes nos contagiamos en Managua, que nos dio una ‘variante decente’. Mi esposo venía de la Costa (Caribe), tenía una semana de estar trabajando allá y a él le dio gravísimo. Nosotros creemos, asumimos, porque la verdad es que en Nicaragua vivís a ciegas y en un estado de indefensión permanente, creemos que le dio delta, que no se había confirmado en Nicaragua, pero que sospechábamos”. La diferencia entre ella y su esposo fue que él empezó a tener problemas de respiración y debía permanecer acostado boca abajo la mayoría del tiempo, bajo recomendación de la médica que los atendía.
Efectivamente, la sospecha de que delta circulaba era conversación pública. Profesionales médicos decían que, a partir de la sintomatología de pacientes que atendían y de la población que estaba siendo mayormente afectada (jóvenes), era muy seguro que el país estaba siendo afectado por la variante delta. Las autoridades se mantenían calladas pese al alarmante incremento de contagios.

¿Cuál es el riesgo para embarazadas?

Al ser la covid-19 una enfermedad nueva, en realidad no se conoce con certeza los efectos que puede tener en las mujeres embarazadas. Por definición, asegura una epidemióloga que también prefiere el anonimato, las personas embarazadas no están en los grupos vulnerables. Sí existe el riesgo de complicaciones, pero estas se pueden mitigar.

“Una persona embarazada va a buscar la atención habitual de su embarazo en instalaciones sanitarias, si el sistema no está adecuadamente compartimentado para evitar el contacto de la persona contagiada con la persona no contagiada entonces vos facilitás el contacto”, afirma. Y es que esta fue una de las principales recomendaciones de salud pública que brindaron profesionales: organizar los espacios en las instalaciones sanitarias de tal forma que se disminuyera el riesgo de contagiarse al estar en la unidad de salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó al inicio de la pandemia, una serie de lineamientos sobre el mantenimiento de los servicios de salud esenciales. En el documento, el organismo aseguró que durante las epidemias, la limitación del acceso y la utilización de los servicios esenciales de salud de la madre y del recién nacido “se traducen en aumentos significativos en el número de mujeres y recién nacidos que sufren complicaciones o mueren durante el embarazo, el parto y el periodo posnatal”. Por ello recomendó a los países mantener todos los elementos esenciales de la atención prenatal y posnatal.

Embarazadas covid-19
Foto: Archivo | Confidencial

Para asegurar la detección oportuna de complicaciones durante el embarazo y atención adecuada a las mismas, es muy importante que las embarazadas asistan a sus controles de atención prenatal en las unidades de salud. Esta práctica cobra mayor importancia en situaciones en donde se enfrenta una pandemia como la covid-19. La asistencia a los controles prenatales rutinarios contribuye a detectar tempranamente complicaciones tanto en la madre como en el feto en desarrollo.

Ana, por ejemplo, tuvo que ir al hospital en su octavo mes de gestación, cuando la tos intensa le provocó sangrado vaginal. Quedó internada un día y medio porque además tenía una dilatación de 2 centímetros. Sobre esto, la especialista en ginecología y obstetricia afirma que “la tos intensa incontrolable puede aumentar la presión abdominal y en embarazos algo avanzados pudiera desencadenar trabajo de parto”.

A María, el 25 de noviembre le tuvieron que realizar una cesárea de emergencia porque sus niveles de plaquetas estaban bajando considerablemente. El personal médico solamente pudo saber esto el día que ella llegó a realizarse un examen que tenía programado. Ella tenía el parto previsto para entre el 8 y el 10 de diciembre y, aunque los médicos no le dijeron si esto pudo ser una complicación a causa de algún efecto que le haya quedado por la covid-19, le dijeron que todo pudo ser posible.

Tanto el parto de Ana como la cesárea de María salieron bien. Ambas están sanas junto a sus bebés. Del virus a María solo le queda un poco de cansancio generalizado, aletargamiento en el cuerpo y una “vibración” en la garganta cuando habla, pero que poco a poco se ha ido aliviando. El remanente del virus en Ana es el dolor de espalda.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) afirman que las personas que contraen covid-19 durante el embarazo “corren mayor riesgo de parto prematuro y muerte del feto, y podrían correr mayor riesgo de sufrir otras complicaciones durante el embarazo”. De ahí la necesidad de acudir a una unidad de salud para mantener los controles prenatales.

Sin información pública

No se conoció una campaña masiva del Minsa para alentar a las embarazadas a que continuaran yendo a sus controles prenatales ni se dio a conocer ampliamente sobre esfuerzos realizados para asegurar la compartimentación de espacios de atención en las unidades de salud públicas, con el fin de disminuir el riesgo de contagio al visitar las unidades de salud. “La organización de los servicios de salud debe estar en función de las necesidades especiales de las embarazadas, no deberían asistir a lugares de concentración de personas con otras patologías ni exponerlas a contagios por aglomeraciones”, remarca la ginecóloga.

La falta de datos en el país se da a todos los niveles, tanto general como específico. En el caso de las personas embarazadas, no se sabe cuántas se han contagiado de covid-19 y cuántas desarrollaron complicaciones que derivaron en muerte. El estudio aún no publicado Nicaragua: Reporte independiente sobre embarazadas y covid-19. Período 21 de junio – 17 de octubre 2021 –realizado a partir del monitoreo de los medios de comunicación nacionales, y de fuentes independientes de personal de salud, estudiantes de medicina y afines– contabilizó un total de 39 embarazadas diagnosticadas o atendidas en diferentes servicios de salud públicos y privados en Nicaragua bajo la presunción de haber contraído covid-19 entre el 21 de junio y el 17 de octubre 2021.

La autora del informe, que prefiere mantenerse en el anonimato, asegura que de los 39 casos sospechosos que recopiló en ese periodo, 26 fallecieron y 13 sobrevivieron. Esta es la única forma de tener una idea del impacto de la covid-19 en el país, a partir de informes independientes. Las cifras de mortalidad materna desaparecieron de las estadísticas semanales que el Minsa publicaba en los boletines epidemiológicos y el dato más reciente es hasta el 23 de septiembre de 2020. Entre enero y el 23 de septiembre de 2020, los registros del Minsa contabilizaron 30 muertes maternas, teniendo como principal causa la hemorragia del embarazo, parto y puerperio (periodo de 28 días posteriores al parto).

Embarazadas covid-19
Varias personas son vistas mientras esperan información de sus familiares en las afueras de un hospital público en Managua (Nicaragua).

Esta falta de información, dice la epidemióloga, pudo tener repercusiones en las embarazadas. “Si en Nicaragua no se brinda información sobre el número de embarazadas que han sido afectadas por la covid-19 y los riesgos que tienen las embarazadas al enfermarse, ellas piensas que no están en riesgo”, afirma. Lo que debió y debe hacer el Minsa es informar estos riesgos y las medidas para controlarlos, porque incluso el mismo sistema público de salud puede verse comprometido nuevamente.

La vacunación

Ambas mujeres fueron vacunadas con la vacuna Pfizer, una de las únicas dos vacunas que están autorizadas para administrarse en personas embarazadas y la única que el Minsa está administrando en Nicaragua para esta población. El proceso de vacunación a embarazadas se inició el 13 de octubre. Este grupo de población fue de los últimos en iniciar el proceso de vacunación, ya que el país no había adquirido ninguna de las vacunas certificadas para aplicarse a las mujeres embarazadas. La OMS ha pedido que las mujeres embarazadas sean priorizadas en los esquemas de vacunación porque, aunque la vacuna no evita que una persona se enferme de covid-19, sí disminuye el riesgo de enfermedad grave, hospitalización o muerte.

Toda mujer embarazada que tenga 12 semanas o más puede acudir a vacunarse. En el caso de Nicaragua, la vacuna Pfizer se está aplicando incluso a las personas lactantes hasta los seis meses. Sobre esto, estudios internacionales han asegurado que es una forma de proteger a los bebés porque la evidencia sugiere que por medio de la leche materna se pueden transferir anticuerpos.

María anhela que esto sea así. “Yo confío en que se ha reforzado su sistema (del bebé), tanto por la enfermedad, como por las vacunas y la lactancia exclusiva que está recibiendo”.

*Los nombres de las embarazadas fueron cambiados a solicitud de ellas.


¿Un futuro en silencio? No lo permitás

A pesar de la persecución y la censura del régimen Ortega-Murillo, continuamos nuestra labor en un contexto en el que informar a la población se paga con cárcel. Esta resistencia no sería posible sin tu respaldo. Si está entre tus posibilidades, te invitamos a apoyarnos con una membresía o una donación. Tu aporte garantizará que más nicaragüenses tengan acceso a información confiable y de calidad — sin muros de pago — en un momento crucial para el futuro del país. Gracias por unirte a este esfuerzo colectivo en defensa de la libertad de prensa.

Más en Historias

Share via
Send this to a friend