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“Las y los minúscules” rescata al individuo en la tragedia colectiva de Nicaragua

“Las y los minúscules” se proyecta en Cine Magaly, San José; Cinépolis Terramall, Cartago, en Costa Rica

Es difícil saber cómo y cuándo, los nicaragüenses en el territorio nacional podrán ver el documental “Las y los minúscules”. La película de Khristine Gillard vuelve esta semana al Cine Magaly de San José, Costa Rica, y varias pantallas en otras ciudades de ese país. Es una buena excusa para considerar esta valiosa cápsula temporal que nos obliga a ver a nuestra realidad con otros ojos.

La cineasta belga inició el proyecto en 2014, con la ambición de registrar la resistencia campesina al proyecto del Canal Interoceánico promovido por el empresario chino Wang Jing, en connivencia con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. A lo largo del camino, la Rebelión de Abril de 2018 absorbió y rebasó esa crisis particular. Curiosamente, Gillard se encontró en la misma situación de los nicas: cualquier plan de vida, eventualmente se ve descarrilado por la violencia. El foco de atención de Gillard se trasladó a documentar las protestas estudiantiles contra la dictadura, que ya revelaba sin pudor su verdadera naturaleza.

El giro narrativo impuesto por la realidad sugiere la volatilidad de nuestra realidad. La violencia y el espíritu de resistencia son constantes, el ‘ying’ y el ‘yang’ de nuestra identidad. La película arranca con activistas campesinos organizándose en la Isla de Ometepe. Tomas largas, contemplativas del paisaje, sugieren el reproche silencioso de la naturaleza. El proyecto del canal cambiaría de manera impredecible el rostro del país. El motivo visual recurrente se mantiene cuando las protestas y la represión de 2018 se toman la película. La voz de la poeta Gioconda Belli lee el texto de su “Carta Abierta a Rosario Murillo”, mientras un reflector recorre una selva tropical nocturna. El contexto es diferente, y las imágenes sugieren la indiferencia de la naturaleza frente a los impulsos destructivos del hombre. Empezó la película como víctima, ahora es testigo.

La historia de Nicaragua es como una aplanadora que aplasta al individuo

Las y los minúscules” supone una corrección, rescatando a la persona singular del colectivo “pueblo”. Tome nota de cómo, al encontrarse en manifestaciones multitudinarias, la cámara se concentra en planos medios que recorren al grupo de gente, o un consistente ‘close-up’ de una persona particular. Así vemos a “doña Chica”, caminando entre la gente en una manifestación que bien puede ser la marcha del Día de las Madres. Su presencia es el hilo conductor que nos permite navegar este tiempo. La próxima vez que la veamos, estará exiliada en Costa Rica, abriendo un nuevo capítulo.

Gillard no pretende explicarle nuestro país al mundo, ni narrar golpe a golpe la historia reciente. Su película es una especie de cine contemplativo y experimental, en el sentido de sumergirnos en la experiencia personal y subjetiva de la persona que circunstancialmente retrata. No hay explicaciones de contexto, ni siquiera nombres –a no ser que otra persona en pantalla use el apelativo–. Escenas en las que estudiantes, ocupando la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en Managua, discuten su visión política del momento contrastan con la observación casual de su rutina en el recinto. Un muchacho baila en una cabaña, otros duermen en un aula convertida en refugio. Uno creería que están de campamento, si no hablaran de cómo un compañero murió de un balazo de AK en la cabeza.

La tensión entre las ideas a las que nos aferramos, y las demandas de existir en el día a día se cristalizan cuando la película se traslada a Costa Rica para documentar el exilio. Un grupo de estudiantes trata de descifrar cómo se usa la máquina lavadora de ropa al mismo tiempo que flirtean. El idilio doméstico se rompe cuando una llamada telefónica impone la necesidad de encontrar atención médica para un compañero que lleva dos semanas con una bala en la espalda. La esquizofrenia que los Ortega-Murillo han impuesto en la vida de todos los nicaragüenses se cristaliza en el momento. Lo mundano y lo brutal, en eterna tensión, compitiendo por nuestra atención.

“Las y los minúscules” logra cerrar en una nota de esperanza. Varios grupos de exiliados se reúnen en un plantón donde celebran la liberación de los presos políticos en 2019. La multitud incluye a campesinos, estudiantes, activistas LGBTI y otros grupos de sociedad civil. Es un destello utópico de lo que puede ser Nicaragua, un país diverso y compasivo, libre de caudillos y represión.

“Las y los minúscules”
Dirección: Khristine Gillard
Duración: 1 hora, 40 minutos
Clasificación: * * * (Buena)


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