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A 50 años del terremoto de Managua, la ciudad sigue herida y carcomida

Falta de voluntad política para supervisar procesos de construcción y la corrupción, exponen a Managua a la destrucción, ante futuros eventos sísmicos

La vieja Managua es recordada por quienes la vivieron como una ciudad de dimensiones humanas, acogedora y con mucha vida cultural. Una capital centroamericana en ascenso, que terminó en escombros la madrugada del 23 de diciembre de 1972, cuando fue sacudida por un terremoto de 6.2 grados en escala de Richter.  50 años después, los estragos causados por el terremoto continúan presentes.

La Avenida Roosvelt de la vieja Managua. Foto: Cortesía/Nicolás López Maltez.

Una ciudad que cautivaba a sus habitantes

El historiador nicaragüense Nicolás López Maltez asegura que Managua era una ciudad ordenada, limpia y segura. “La mayoría de las personas hacían sus diligencias a pie. Todos vivían enamorados de su ciudad”, expresa con nostalgia.

La Avenida Roosvelt, ubicada anteriormente en lo que hoy es el centro histórico de la ciudad, era una de las calles más concurridas y populares de la capital.

“Era una ciudad que sorprendía por la cantidad de carros y el bullicio de la actividad comercial. Nicaragua venía de décadas de crecimiento económico y en ese momento era una economía en expansión dinámica, pero modernizante”, explica el economista Enrique Sáenz.

Parte de esa modernización se reflejaba en las nuevas construcciones, como el edificio del Banco Central y la torre del Banco de América inaugurados en 1964 y 1970, respectivamente. “Con el centro bancario de Managua empieza a tomar forma una capital que era comparable con cualquiera de las capitales centroamericanas”, agrega López Maltez.

Para el ingeniero civil Agustín Jarquín Anaya, Managua se estaba encaminando hacia una “arquitectura moderna”, pero conservando elementos cuasi coloniales. 

Una Managua en desarrollo, edificada sobre una amenaza inminente.

“Viví Managua hasta el último día”

El 23 de diciembre de 1972, los habitantes de Managua se preparaban para recibir la Navidad. A las 12:35 de la madrugada: un ruido ensordecedor, los edificios se retorcían, oscuridad y silencio total. 

Ilsen Canales nació en Managua seis horas antes del terremoto del 72, en uno de los hospitales del Seguro Social. Ella y su mamá todavía se encontraban en el edificio cuando ocurrió el sismo. “En medio del movimiento y la destrucción, mi mamá logró llegar hasta donde yo estaba. Logró identificarme por mi pulsera y me sacó de los escombros”, relata Canales, de 49 años. “Me salvó el triángulo de la vida, al caer una alacena en medio de mi cuna y la pared”, continúa.

En 30 segundos, Managua quedó devastada. Más del 60 por ciento de las viviendas y edificios quedaron destruidos. Un poco más de 10 000 personas fallecieron, otras 20 000 resultaron heridas y se registraron alrededor de 200 000 damnificados.

Ángela Saballos era periodista del diario La Prensa en ese momento. “No había luz, no había agua. Era una ciudad fantasma. Era una ciudad inhabitable”, rememora. Ella y su familia se resguardaron por algunos meses en León. “Otras personas se fueron a Masaya, a Matagalpa. Toda la gente nos recibió con mucho cariño. Todos veníamos terremoteados”, narra.

Fotografía tomada por el historiador Nicolás López Maltez horas después del terremoto. Foto: Cortesía/Nicolás López Maltez.

¿Por qué tanta destrucción?

En 30 segundos, sólo Hiroshima, y Managua”, se tituló la primera edición del diario La Prensa de 1973, publicada el 1 de marzo. Los meses posteriores al terremoto, la prensa independiente del país se dedicó a reconstruir lo sucedido el día del terremoto y a investigar las razones detrás de los grandes estragos que causó. Hoy, los expertos explican el porqué de la fatalidad de aquel evento sísmico.

La principal razón fue que los sistemas constructivos de la época eran muy frágiles e incapaces de resistir un sismo de tal magnitud. La vieja Managua había heredado las construcciones de taquezal de la antigua Managua, la cual ya había sufrido un terremoto en 1931. 

“Las construcciones que no se cayeron fueron los repartos nuevos que eran de concreto, como Linda Vista y Bello Horizonte”, explica Danilo Saravia, experto en planificación urbana.

Para López Maltez, es lamentable que no se hubiesen aprovechado las lecciones del terremoto de 1931, para edificar construcciones más resistentes y seguras. “Había un proceso de construcción moderna, pero no había progreso en el control de calidad de los materiales de construcción, ni se contaba con los diagnósticos suficientes de sismología”, alega el ingeniero Agustín Jarquín Anaya.

Aunque algunas construcciones resistieron, el centro de la vieja Managua desapareció, al igual que el anhelo de una ciudad próspera. 

El fantasma del terremoto 

El diseño de la reconstrucción de Managua fue afectado por la corrupción del régimen de Somoza y el tráfico de tierras. El impacto de los conflictos políticos internos posteriores al terremoto también dificultaron que Managua lograra recuperarse de lo sucedido en diciembre del 72.

“Algunos estándares económicos y sociales resultado del dinamismo económico de la década de los 50, 60, todavía después de 50 años, no hemos podido alcanzarlos, y la evidencia más latente es que no tenemos una ciudad capital, tenemos retazos de ciudad”, explica Sáenz. 

Para Saravia, hoy en día Managua es una ciudad que a diferencia de todas las demás capitales de América Central, no cuenta con un centro o una avenida central. “Managua ahora es un sistema urbano compuesto por núcleos que se interconectan. Ha tenido un crecimiento principalmente horizontal”, añade Saravia.

“Managua es ahora una ciudad muy desordenada, sucia e insegura”, expresa López Maltez.

¿Está preparada Managua para resistir otro terremoto?

Con el terremoto de 1972, quedó en evidencia que el centro de la ciudad de Managua estaba atravesada por fallas sísmicas, y se crearon programas de descentralización y desarrollo de Managua, con el apoyo de la comunidad internacional. Desafortunadamente, estos planes no se han cumplido. 

A pesar de la modernización de los sistemas constructivos en los últimos años, la falta de voluntad política para supervisar los materiales y procesos de construcción, y la corrupción, exponen a Managua a la destrucción, ante futuros eventos sísmicos.

“Con el tiempo, la aplicación de esas normas de construcción se ha ido relajando. No es necesario ser adivino para percatarse que buena parte de las construcciones de Managua son vulnerables frente a sismos de magnitudes similares”, lamenta Sáenz.


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