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Familiares de rehenes políticos del régimen reclaman: “Suéltenlos. Son inocentes”

“Me han dejado sin familia”, exclama Javier Álvarez, exiliado nicaragüense cuya esposa, hija y yerno fueron secuestrados por la dictadura

El nuevo modus operandi de la dictadura en Nicaragua, que atrapa a los familiares de los ciudadanos críticos cuando no puede capturarles a ellos, es “una crueldad” y “un nivel nuevo de barbarie”, opinan Dulce María Porras y Javier Álvarez, dos nicaragüenses que, desde el exilio, reiteraron la demanda de liberación de sus parientes que se hallan en las cárceles del régimen como rehenes.

El 13 de septiembre pasado, la Policía detuvo arbitrariamente a la esposa, la hija y el yerno de Álvarez, de nombres Jeannine Horvilleur, Ana Carolina Álvarez y Félix Roiz. Tanto Jeannine como Ana Carolina son nicaragüenses francesas. Dos días después, el 15, también fue arrestado Freddy Porras, hermano de Dulce Porras. Ninguno de los ahora prisioneros tenía incidencia ni participación política. Su “delito” fue ser familiares de Álvarez y de Porras.

La represión está llevando a este país a una situación de terror”, dijo Álvarez, y agregó que, cuando la dictadura llegó a buscarlo y no lo encontró, decidieron castigarlo, vengarse, “golpear la parte más sensible y esencial de un ser humano, que es su círculo familiar íntimo”, lo que cataloga como “una aberración del derecho… de los derechos humanos… de la lógica. Si no te agarran, van a hacerte pagar de una manera tan dura, como es tocarte el alma, prácticamente”.

También dijo que, aunque la diplomacia francesa ha pedido información sobre el caso legal y que le permitan constatar in situ el estado de su esposa y su hija, “nadie las ha podido ver. Nadie ha podido conversar con ellas. No se les ha permitido ningún contacto físico. Lo único que se sabe es de la ropa sucia que devuelven, las solicitudes que hacen de sus medicinas, (su esposa es sobreviviente de cáncer) y de sus efectos personales”, aseguró.

Porras también considera que capturar a los familiares, es una venganza del régimen contra opositores. Llevarse a su hermano “es un nuevo patrón de la dictadura”. Porras describe a su hermano Freddy como “un hombre dedicado a su trabajo, a su vida en familia, su hogar, su esposa, sus hijos”. Aunque no tiene participación política, “es familiar de un opositor y como tal, tiene que ir a la cárcel”, lamentó.

Juicios del martes son “amañados”

Después de poco más de un mes de encierro, para este martes 18 de octubre, el Poder Judicial subordinado a las órdenes de Daniel Ortega y Rosario Murillo programó los juicios en contra de los familiares de ambos opositores, a quienes acusa de supuestas conspiraciones y presunta propagación de noticias falsas, sin permitirles siquiera interactuar con un abogado que cumpla con la obligación de proveerles una defensa legal apropiada.

Álvarez dijo que sus familiares “primero, estaban en condición de investigación. Ahora ya están en condición de acusación y el 18 van a juicio”, esperando que les declaren inocentes, “porque no han cometido delito alguno”, aunque “ya sabemos cuál es el papel del sistema judicial en este país”, señaló.

Tiene la certeza de que el fiscal acusará a Jeannine “de ser esposa de Javier Álvarez”; a Ana Carolina, “de ser la hija de Javier Álvarez”, y a Félix, de haberse casado “con la hija de Javier Álvarez. Esas son las acusaciones que les van a hacer, porque no tienen ninguna participación en ningún activismo político. Son simple, llana y sencillamente, mis familiares”, recordó.

“Jamás pensé que iban a ser acusados de dos delitos que son totalmente inventados… totalmente infundados. No tienen ningún asidero. No tienen ningún elemento de realidad. No existen”, dijo, cuestionando cómo es que pueden acusarles de “conspirar para menoscabar”, o de “propagar noticias falsas a través de las redes… si a duras penas usan sus redes, y las que usan son básicamente para trabajo”, defendió.

Porras también desea ver a su hermano Freddy en libertad, pero “ellos no hacen eso. Ellos condenan. Son capaces de condenar (a ciudadanos inocentes) y hacer cosas peores”. Por eso, “no espero gran cosa (del juicio), porque lo que hacen es llevarlos y condenarlos”, y añadió que que ningún abogado defensor tiene voz ni voto.

Ella espera que, al no haber cometido delitos, “nuestros familiares sean puestos en libertad. Es una crueldad tener en la cárcel a personas inocentes, como nuestros presos políticos”, y montarles un juicio, acusarlos de algo que es absolutamente mentira, que es inventado. “El suyo es un juicio amañado, mentiroso. ¿De qué lo pueden acusar, si él es inocente?”, reiteró.

Una pesadilla

Si la captura de los parientes de Álvarez fue un hecho totalmente inesperado, la de Porras sí fue un hecho que se podía, al menos, sospechar.

Dulce, la hermana de Freddy, relató que, antes de ser detenido el 15 de septiembre, él le había enviado fotos de individuos a bordo de motocicletas que se detenían en la esquina de su casa, lo perseguían y lo hostigaban, más o menos desde el 18 de julio de este año.

Un mes después de su captura y encierro en El Chipote “nadie lo ha podido ver”. La única certeza que tienen de que él está ahí es porque les regresaron la ropa sucia que él vestía el día que lo secuestraron. Después de eso, no hay información sobre él. No saben cómo está. La familia ha preguntado, pero les responden de mala manera, y “no les dicen, no lo muestran, no lo enseñan”, se lamentó.

El dolor de la señora Porras es mayor, al recordar que este es el tercer hermano que le agreden, después que la dictadura de Anastasio Somoza asesinó a Silvio, hermano de ella y de Freddy, sin que pudieran recuperar el cuerpo. Luego, en las protestas de 2018, balearon a su hermano Wilfredo, y ahora arrestan a Freddy.

Para Álvarez, fue una sorpresa total saber que lo estaban buscando y, más aún, que hubieran actuado en contra de su núcleo familiar. Así como nunca percibió que hubiera una persecución en su contra, “pues mi trabajo ha sido siempre muy pacífico, humanitario”, asegura que tampoco detectó algún tipo de acción o acoso en contra de los suyos.

Lo peor que imaginaba es que iban a llegar a sacarlo de su hogar y que, al no hallarlo, iban a buscar y rebuscar en la casa, a interrogar a su familia, y que, a lo sumo, iban a llevarlos a una estación de Policía, donde pasarían horas interrogándolos, amenazándolos, diciéndoles barbaridades, para después regresarlos a casa.

Pero no fue así. Se los llevaron, algo que él jamás pensó que iba a pasar. “Esto es una pesadilla. Como he dicho antes: me han dejado sin familia. Me han dejado sin familia”.


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