Nación

Más de 60 familias indígenas huyen de colonos y abandonan zonas productivas

La Fundación Prilaka contabilizó que unos 348 ciudadanos se refugiaron en la comunidad de Sang Sang, donde no tienen casa ni tierras para cultivar

Las nuevas amenazas de ataques de colonos armados, sumado al avistamiento “nuevos carriles” (caminos), provocó que 68 familias indígenas miskitos abandonaran sus zonas productivas y se refugiaran en la comunidad de Sang Sang, ubicada a orilla del río Coco en el territorio Li Lamni, en el caribe norte de Nicaragua, donde no tienen trabajo, casa o tierras para cultivar.

Juan Carlos Ocampo, de Fundación Prilaka, detalló en entrevista con CONFIDENCIAL que realizaron un censo en el que contabilizaron a 348 personas desplazadas, que integran a 68 familias; 48 que vivían de forma permanente en las zonas productivas y 20 temporales que solo iban y venían para trabajar.

“El juez comunal de Sang Sang, preocupado por la seguridad de los comunitarios, se fue avisarles de nuevas amenazas que le hicieron llegar los colonos. El noche del 17 de abril, llegó a la montaña, la zona productiva donde trabajan los indígenas, y las familias empezaron a salir desde el 18, huyendo hacia el centro de la comunidad de Sang Sang”, explicó.

CONFIDENCIAL conversó con dos miembros de las familias desplazadas, que pidieron el anonimato por temor a represalias y explicaron que —previo a las amenazas de los colonos a través de audios que llegaron al juez comunal— varios de los comunitarios reportaron que “habían visto a los colonos armados” y “nuevos carriles (caminos) dentro de las zonas productivas”.

“María”, de 54 años, indicó que —antes de irse de la zona productiva Kika Langni— uno de sus ocho hijos vio a grupos de colonos armados que rondaban la zona.

“Mientras mi hijos recolectaban el bastimento, los colonos iban haciendo un carril, un camino, para dividir, y salieron hasta la milpa, y cuando los muchachos quisieron correrse les dijeron que se fueran o los mataban”, denunció.

“Salí con otros 20 miembros de mi familia. No tomamos nada, agarramos a los niños y salimos”, relató.

La ciudadana afirmó que, en sus tierras, habían cultivado yuca, malanga y plátano; y dejó “dos quintales de frijoles cosechados, unos 40 quintales de arroz, como diez cabezas de ganado, unas 30 gallinas y ocho cerdos”.

“Trabajamos tanto y ahorita, por salir del bosque por la amenaza de los colonos, no tengo cómo suplir las necesidades de mi familia”, lamentó “María”.

“Dicen que van a matar a todos”

“José”, 68 años, es otro indígena miskito que se vio obligado a dejar el área donde trabajaba. Explicó que salió de la zona productiva Killwia, ubicada a unas cuatro horas de camino desde Sang Sang, el mismo 18 de abril, junto con unos 40 miembros de su familia, luego que el juez comunal les advirtió de los posibles ataques.

“El juez comunal de Sang Sang llegó a la zona productiva, donde nosotros, a decirnos que teníamos que salir. Nos puso los audios que los colonos habían enviado, en los que dicen que van a matar a todos, sin distinción, hombres, mujeres o niños, entonces no tuvimos más remedio que salirnos”, indicó.

“No pudimos tomar nada de comida. Tomamos un poco de ropa, sacamos a los niños, los ancianos, caminamos, unos agarramos la balsa y otros se fueron caminando”, relató.

El hombre dejó en Killwia unas 40 cabezas de ganado, 20 quintales de arroz, diez de frijoles, diez cerdos, 20 gallinas y plantaciones de yuca y plátano.

Aseguró que vivía en la zona productiva desde hace 48 años y ha visto cómo se ha agudizado la invasión de colonos en la zona. 

“En 2018 me topé con colonos y me dijeron que dejara mi machete en suelo, que me acercara a ellos y que iban a hablar conmigo y me dijeron que iban a ocupar nuestras tierras por las buenas o por las malas. Ahorita el miedo es que se cumplan las amenazas, vemos tantos carriles que están haciendo, saliendo en los tacotales, tomando ranchos de la zona, entonces teníamos mucho temor de que nos llegara a nosotros”, apuntó.

“Queremos regresar seguros a nuestras tierras”

“María” y “José” resaltan que su denuncia la hacen no solo por ellos sino por los más de 300 indígenas miskitos que al igual que ellos se vieron obligados a salir de sus tierras.

“Aunque solo somos nosotros dos los que estamos hablando, somos más de 300 personas las que sufrimos por la invasión. Muchos no hablan porque los colonos pueden ir a matarnos hasta nuestras fincas”, resaltaron.

Explicaron que en Sang Sang, aunque están “un poco seguros”, no tienen casa, trabajo, comida o tierras para sembrar.

“Algunas veces comemos un tiempo, en otras dos, porque aquí en la comunidad no tenemos tierras, no tenemos arroz. Salimos a buscar bastimentos en fincas ajenas, tratamos de pescar, pero nuestra preocupación es cómo hacemos para regresar de forma segura a nuestras tierras”, destacó María.

  • Familias indígenas miskitas desplazadas por colonos de sus zonas productivas en Li Lamni, Caribe Norte de Nicaragua. Foto: Cortesía/Prilaka.

“Estamos tristes, impotentes, queremos libertad para trabajar nuestra tierra, quiero regresar a mi tierra a trabajar con seguridad”, remarcó.

“José” lamentó no tener tierras, casa o alimentos en Sang Sang, pero también agradeció a “algunas familias han ayudado con alimentos y otros nos han dado trabajo por comida”.

“Estamos en una situación muy delicada, por la falta de comida, y pedimos a la comunidad internacional y la gente de ayuda humanitaria que tomen en cuenta la situación alimentaria que pasamos en Sang Sang. Alzamos nuestra voz porque queremos que las autoridades nos escuchen y resuelvan este problema de invasión”, comentó “José”.

Un análisis de datos realizado por CONFIDENCIAL, a partir de los reportes de ataques de los últimos años, comprueba que, desde abril de 2018 a enero de 2021, las invasiones de colonos incrementaron y dejaron un saldo de al menos 17 indígenas miskitos y mayangnas asesinados, sin que hasta ahora se conozca la detención o condena de los responsables.


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