Política

Aumento de presencia militar rusa en Nicaragua provoca a Estados Unidos

EE. UU.: “Es una provocación peligrosa”. Aunque el decreto para ingreso de tropas es rutinario, la propaganda rusa desata guerra de palabras

La publicación de un decreto por medio del cual Daniel Ortega autoriza la entrada al país de soldados rusos (y otras ocho nacionalidades), es un indicio de que Moscú sigue muy interesado en aumentar su presencia en Nicaragua, opinan tres expertos en temas de seguridad y defensa entrevistados por CONFIDENCIAL.

El martes 7 de junio, la edición número 103 del diario oficial La Gaceta, publicaba el Decreto Presidencial 10 – 2022, en el que, de forma rutinaria, autoriza la entrada de militares centroamericanos, mexicanos, venezolanos, cubanos, estadounidenses, y rusos, al territorio nacional, en el segundo semestre de 2022, a la vez que autorizaba la salida de uniformados nicaragüenses hacia varios de esos mismos países.

“El decreto no es muy diferente de los que emite la Asamblea Nacional cada seis meses, autorizando el ingreso de tropas extranjeras a Nicaragua, procedentes de diferentes países. También es ordinario que incluya tropas rusas, de Estados Unidos, la CFAC, [la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas], México, o Taiwán”, señaló la socióloga Elvira Cuadra, directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam).

Si bien “eso ocurre desde hace muchos años”, a Cuadra le llama la atención “el énfasis que ponen al insistir en que todas las actividades que van a realizar, son por razones humanitarias. Hay un marcado interés en eso, cosa que antes no detallaban tanto”.

El decreto especifica una ampliación en la participación de tropas rusas, naves y aeronaves en Nicaragua, en ejercicios de adiestramiento e intercambio en operaciones de ayuda humanitaria, misiones de búsqueda, salvamento y rescate en situaciones de emergencia o desastres naturales, con las fuerzas terrestres, Fuerza Aérea y Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua”.

Otro componente se refiere a “intercambio de experiencias, adiestramiento, operaciones en contra de ilícitos en espacios marítimos en el Mar Caribe y aguas jurisdiccionales en el Océano Pacífico de Nicaragua, con la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua”.

El subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental, Brian Nichols, calificó la presencia de tropas rusas en Nicaragua como “una provocación”.

“Invitar a las fuerzas rusas, a las tropas rusas a ejercicios, aunque sean humanitarios en el momento que ese país está invadiendo un país vecino, e incurriendo en violaciones a los derechos humanos en Ucrania, nos parece una provocación por parte del régimen nicaragüense, y es algo un poco peligroso para nosotros”, declaró ante el servicio alemán de noticias en español, Deutsche Welle.

Por su parte, el presidente de Costa Rica, Rodrigo Chávez, declaró la “preocupación” de su Gobierno porque “hay una noticia de que el presidente Daniel Ortega, invitó al Ejército ruso a enviar tropas y equipos a Nicaragua. Nosotros no tenemos Ejército desde el año 1949. Imagínese cómo nos sentimos: preocupados, con mucha razón”, argumentó.

El mayor en retiro, Roberto Samcam, coincide con Cuadra al decir que “es rutinario que se autorice dos veces al año, pero no el nivel de detalle, ni que ahora digan que van a combatir la narcoactividad”.

A su juicio, los rusos no tienen ninguna experiencia de combate al narcotráfico en occidente, porque ellos saben enfrentar a los narcos que transportan heroína, hachís, y otras sustancias por tierra, provenientes de Afganistán, Turquía, Pakistán, etc., pero no por mar, que es por donde transita el grueso de la droga ilegal que busca entrar a Estados Unidos.

“Los rusos no van a sustituir al Comando Sur de Estados Unidos. No tienen posibilidad de interdicción, y más bien van a entorpecer la actividad del Comando Sur en el Caribe”, sentenció.

Un analista en temas de seguridad regional, que pidió mantener su nombre en reserva, dijo a CONFIDENCIAL que los rusos están llegando a Nicaragua desde 2013, pasando de 60 a 250 efectivos entre el primero y segundo semestre de ese año, aunque ese número se elevó a 500 en 2014, y suman (al menos) 180 efectivos en el segundo semestre del presente año.

Provocación a Estados Unidos

Estos tres expertos coinciden en que el énfasis de la presentadora de la televisión oficial rusa, Olga Skabeeva, que presentó la noticia comentando que “si sistemas de misiles americanos, pueden estar cerca de Moscú desde el territorio de Ucrania, es hora de que Rusia despliegue algo poderoso más cerca de una ciudad estadounidense”, ha desatado una guerra de palabras.

El analista en temas de seguridad regional, dijo que cuando Nicaragua comenzó a adquirir lanchas patrulleras, Rusia lo informaba en sus medios afines, incluso antes que lo comunicara el Gobierno de Nicaragua, “para no tener problemas con los estadounidenses, sin usar la vía diplomática… como una forma de obtener su ‘no objeción’, y cuando ellos no oponen resistencia, se considera como un mensaje de aceptación”, explicó.

“Ya hemos tenido presencia naval rusa en Bluefields y en Bilwi, pero los rusos tienen interés en establecer bases navales permanentes en ambas ciudades, y no han podido porque se los impide la Constitución, pero Ortega tiene mayoría suficiente en la Asamblea para cambiar eso, si quiere”, advirtió.

Para el mayor Samcam, la declaración de la periodista rusa, se suma a la amenaza que había dicho Vladímir Putin, al decir que iba a establecer una alianza militar con Venezuela, Cuba y Nicaragua, y que si Estados Unidos y la OTAN ponían armamento en la periferia rusa, que los pusiera en peligro, ellos se arrogaban el derecho de poner armas en América, que alcanzaran territorio estadounidense, para amenazar a la Administración Biden.

La socióloga señaló que “los rusos siempre han tenido interés en posicionarse y ampliar su presencia en Nicaragua y el resto de Centroamérica, y no solo en lo militar, sino también en el ámbito diplomático”, recordando que Serguei Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, participó en algunas reuniones del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), y solicitó que dejaran entrar a Rusia como observador.

La experta también destacó el énfasis que puso la presentadora rusa hizo al anunciar la aprobación del Decreto 10 – 2022, y la moderación que tuvo que hacer la vocera de la Cancillería, María Zakharova, porque “es evidente que fue una subida de tono en público, que en términos generales, lo que hacía es azuzar la confrontación entre Rusia y Estados Unidos, lo que es bastante crítico en el contexto de la agresión de Rusia a Ucrania”.

Rusos ya están aquí

Un efecto adicional de la forma en que Rusia manejó este tema, es que “deja a Ortega en situación comprometida, porque el Ejército Nacional sigue interesado en colaborar con Estados Unidos en el ámbito militar”, añadió, mientras el analista citado desde el anonimato expresó que “ese decreto refuta la tesis de que no hay relación entre el Ejército de Estados Unidos y el de Nicaragua. Al menos, en lo más básico”.

Las condiciones de que gozan los rusos son tan ostentosas, que sus camaradas nicas se refieren al lugar como ‘el hotelito’, señaló el experto, recordando que también hay rusos en el Comando de Operaciones Especiales (COE), y el Segundo Comando Militar Regional.

La fuente también recordó que Rusia y Nicaragua tienen un ‘acuerdo nuclear’, firmado por dos de los hijos de la pareja presidencial, Rafael y Laureano Ortega, “supuestamente con fines pacíficos, pero así se creó la estación Glonass, que la maneja el Ejército de Nicaragua, con fuerte incidencia rusa”.

Samcam también destacó que el decreto especifica que habrá 80 tropas rusas en actividades con el COE, lo que considera “muy llamativo, porque ahí vienen instructores para francotiradores.”, advirtió.

En materia de entrenamiento de efectivos nicas, dijo que es muy probable que Nicaragua envíe militares a la Federación Rusa para adiestrarse en sistemas coheteriles, en referencia a un tipo de artillería reactiva que es superior a las BM-21 que se conocen en Nicaragua desde los años ochenta.


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