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Canciller de Costa Rica: “Diálogo con Nicaragua”, respeto a derechos humanos y democracia

Migrantes

Rodolfo Solano: “El pragmatismo marca relaciones diplomáticas” con Nicaragua. Espera que el Gobierno se apresure a realizar “reformas electorales”


SAN JOSÉ, COSTA RICA.- Diálogo para trabajar una agenda binacional, diálogo para convencer, para generar confianza. Diálogo “franco y honesto” y pragmatismo con Nicaragua. Así resume la estrategia del Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica con su vecino del norte, el canciller costarricense Rodolfo Solano en entrevista a CONFIDENCIAL.

Costa Rica es el principal país afectado por la crisis de derechos humanos que estalló en Nicaragua en abril de 2018 cuando el Gobierno reprimió de manera letal las masivas manifestaciones ciudadanas en su contra, dejando más de 300 muertes y violaciones de derechos humanos documentadas por la CIDH, la ONU, y el GIEI -que incluso catalogó los abusos como crímenes de lesa humanidad-, y la salida de decenas de miles nicaragüenses. Desde entonces Costa Rica, ha recibido 116 mil solicitudes de refugio de nicaragüenses

Durante la administración del presidente Carlos Alvarado, que empezó en mayo de 2018, han ostentando el cargo de canciller primero, la vicepresidenta Epsy Campbell; y luego Manuel Ventura, ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte- IDH). Ambos funcionarios señalaron de manera frontal las violaciones de derechos humanos por parte del Gobierno del presidente Daniel Ortega. 

Campbell fue la primera en denunciar ante la OEA, en junio de 2018, en medio del conteo de fallecidos por la represión estatal: “Que se acabe el baño de sangre y que Nicaragua pueda encontrar una salida”, pidió. En agosto de 2019, Ventura dijo a este medio que veía “gravísima” la crisis en Nicaragua. No hubo comunicación a nivel gubernamental con Managua en ese entonces, más bien mucha tensión, de vieja y de nueva data. Ni siquiera había un embajador costarricense, solo un encargado de negocios entre agosto de 2018 hasta hoy, pero eso podría cambiar pronto.

El actual canciller costarricense Rodolfo Solano, que asumió en febrero de 2020, habla ahora de dialogar con Nicaragua en aras de una agenda binacional que beneficie a los ciudadanos de los dos países. También lo pone en práctica: restableció encuentros con su par nicaragüense Denis Moncada y con otras autoridades nicas. “El pragmatismo, la realidad objetiva, es lo que tiene que marcar las relaciones diplomáticas de un país”, pero, sin dejar a un lado “la institucionalidad democrática, el respeto absoluto y la promoción efectiva de los derechos humanos”, dijo.

En esa misma línea, comentó que espera se realicen las reformas electorales previo a las elecciones presidenciales previstas para noviembre en Nicaragua. Esos cambios en el sistema electoral han sido parte de las demandas de la comunidad internacional en los últimos años para lograr una resolución pacífica de la crisis por medio de una votación libre, justa y transparente.

¿Cómo ve la Cancillería la situación de los solicitantes de refugio nicaragüenses aquí en Costa Rica? Hay 52 mil nicaragüenses que tienen su carnet vencido. Eso les impide ir al banco, a casa de remesas, se le dificulta también conseguir empleo. ¿Cuál es el plan de gobierno para este 2021 para atender a esta población? 

No cabe duda que la situación de la pandemia ha puesto a todas las institucionalidades a prueba. Tenemos que avanzar más eficientemente en los trámites que se prestan a los usuarios y yo estoy confiado que las autoridades de Migración estarán implementando las acciones y los mecanismos que permitan, en el menor tiempo posible regularizar la documentación de los solicitantes de la condición especial de refugio. 

Pero, independientemente de eso, la ventaja es que el aparato institucional costarricense les permite que, mientras están los trámites en proceso, puedan tener acceso a servicios básicos que tiene toda la población que vive en Costa Rica.

Desde 2018 hasta la fecha, según Migración y Extranjería, 116 mil nicaragüenses han solicitado refugio. ¿Ustedes consideran que este nuevo flujo ya terminó o seguirá en 2021?   

Usted sabe que Costa Rica tiene una tradición de dar refugio. Esto es un proceso sumamente dinámico, es muy cambiante. En el caso particular, lo importante es generar las condiciones administrativas e institucionales para que esto sea un proceso muy dinámico, que no genere trabas para que puedan tener acceso a condiciones laborales mejores, prestación de servicios. 

¿Cree que puedan venir más nicaragüenses en 2021?

Eso es variable. En estos momentos, no solamente Costa Rica, sino toda la región centroamericana, estamos enfrentando cinco grandes olas: La sanitaria, la reconstrucción económica, la movilidad humana, la degradación de la biodiversidad y el cambio climático. Esas cinco olas generan movilidades humanas, así que un país como Costa Rica tiene que estar prevenido y listo para atender cualquier alteración en los flujos migratorios que se puedan presentar. 

Usted ha dicho que Costa Rica tiene la autoridad moral para hablar de derechos humanos y de defensa de la paz. ¿Cuál es la postura del gobierno sobre la crisis sociopolítica y de derechos humanos en Nicaragua que entra a su cuarto año consecutivo?

Nosotros tenemos dos pilares fundamentales: El primero de ellos es la institucionalidad democrática, y el segundo es el respeto y la promoción efectiva de los derechos humanos. 

Si bien es cierto, hay situaciones, no solamente en Nicaragua, sino en otros países, que deben llamarnos la atención y la preocupación, lo importante es acompañar todo el esfuerzo de la comunidad internacional para que esos procesos puedan ser observados y atendidos en el menor tiempo posible. Cada vez que nosotros descuidamos principios de institucionalidad democrática o respeto y promoción efectiva a los derechos humanos, hay un impacto directo en el ciudadano. 

Por eso señalaremos con respeto, pero con vehemencia, cuando consideramos que hay situaciones de institucionalidad democrática, derechos humanos, que son importantes atender. No somos islas. Estamos en una aldea global y cualquier situación que sucede en las aldeas globales impacta directamente en toda la comunidad. 

¿Y en el caso de Nicaragua?

En el caso de Nicaragua nosotros tenemos una posición que ha sido clara. Usted pudo haber visto nuestras posiciones en Naciones Unidas, cuando fue la Asamblea General en septiembre del año pasado, y cuando celebramos también la Asamblea General de la OEA. Ahí hicimos un llamado atento y respetuoso para que los procesos democráticos se puedan respetar, se puedan atender también las recomendaciones de misiones y comisiones internacionales, porque aquí lo importante es que se den las condiciones necesarias para ese ejercicio pleno. 

Lo importante es mantener esa actitud de permanente diálogo y convencimiento… no cabe duda que la institución democrática, el respeto a los derechos humanos son fundamentales. Sin eso, usted no va a tener ni educación, ni acceso a vivienda, ni trabajo digno, bien remunerado. 

Usted dijo al inicio al inicio de sus labores, en febrero del año pasado, que una de sus prioridades serían las relaciones con Centroamérica y también mencionó un par de encuentros que tuvo con el canciller nicaragüense Denis Moncada, ¿cómo está en este momento la relación bilateral con Nicaragua?

A raíz de la pandemia, se dieron condiciones para que todos los países centroamericanos estableciéramos un nuevo impulso al diálogo político. 

Hemos desarrollado con Nicaragua, con Panamá, por ser nuestros países limítrofes, y también en el Pacífico con países como Ecuador, una relación de mucho más diálogo. Es importante hablar. Cuando usted tiene un diferendo, lo primero que tiene que hacer usted es hablar, pero se habla de manera franca y de manera honesta. Usted le tiene que decir a sus vecinos qué piensa y cómo puede usted colaborar para solucionar un problema determinado. 

He tenido dos encuentros presenciales y uno virtual con las autoridades nicaragüenses, no solamente con el canciller Moncada. 

Tenemos una frontera en más de 300 kilómetros, tenemos temas binacionales que son importantes de atender. Hay 365 000 nicaragüenses viviendo en Costa Rica, tenemos cerca de  1 600 costarricenses viviendo en Nicaragua. Nuestras relaciones comerciales superan una balanza comercial promedio anual de unos 600 millones de dólares. 

El pragmatismo, la realidad objetiva, es lo que tiene que marcar las relaciones diplomáticas de un país, y eso sí, quiero ser muy claro, sin dejar de lado los pilares fundamentales que marcan la política exterior de Costa Rica, entre ellos, y repito, la institucionalidad democrática y el respeto absoluto y la promoción efectiva de los derechos humanos.

¿Cómo se da ese diálogo franco con un vecino cuyo gobierno ha sido acusado de serias violaciones de derechos humanos, de ser un régimen autoritario?

Mire, nosotros tenemos que entender que no somos una isla. Hay una realidad. Cuando usted va a dialogar, tiene que partir de bases pragmáticas. 

Y esas bases pragmáticas pasan por tres elementos fundamentales: diálogo oportuno, que es fundamental, reconocer cuáles son las diferencias y, tercero, cómo generar las condiciones para superar esas diferencias. Eso no se hace de un día para otro. Se hace construyendo mecanismos de concertación y de diálogo que permitan agilizar una agenda binacional que pueda impactar, sobre todo, la calidad de vida de nuestros ciudadanos, que es el objetivo de todo gobierno. 

Costa Rica tiene la presidencia pro témpore del SICA de enero a junio, ¿cómo se ve la situación en Nicaragua desde el SICA en su agenda, en la que tienen la defensa y promoción de derechos humanos como prioridad? 

Este año tenemos procesos electorales importantes en la región. Tenemos elecciones parlamentarias en El Salvador este mes, tenemos elecciones presidenciales en Nicaragua en noviembre, al igual en Honduras y Costa Rica también inicia su proceso electoral. 

La región tiene una oportunidad valiosa para mandar un mensaje al mundo: que el ejercicio pleno de los derechos democráticos, a través de una elección democrática, transparente, accesible, verificable, donde todos los actores tengan las mismas condiciones de participar, pueda dar una lección al mundo y decirle a las nuevas generaciones: ‘Aquí está el inicio de un proceso que no tiene vuelta atrás’. 

En octubre del año pasado en la Asamblea de la OEA, en la resolución sobre Nicaragua, Costa Rica, El Salvador y Panamá votaron a favor de una reforma electoral, pero Honduras y Guatemala se abstuvieron. ¿Usted cree que esta división, al final, puede causar alguna traba a la hora de trabajar en esta agenda? 

Yo no lo veo como división. Al igual que nuestra mano, los cinco dedos son totalmente diferentes. Hay particularidades y hay diferencias. 

Lo importante es cuando en el marco de esas diferencias nunca se abandonan las oportunidades de diálogo.

La nueva política requiere siempre la disposición y la claridad conceptual para, a pesar de lo difícil de las circunstancias, garantizar al menos una ventana de diálogo. ¿Cómo solucionamos nuestros problemas si no estamos dialogando? ¿Qué hace usted manifestando posiciones posiblemente fuertes, que tienen que ser contundentes, si no se acompañan de las posibilidades de dialogar con aquellos con los que usted necesita aclarar esas diferencias? 

El diálogo pasa por generar confianza y por convencimiento.

Precisamente, esta resolución de la OEA aboga por la restitución de libertades públicas en Nicaragua y las reformas electorales. Esto no se ha dado. Al día de hoy hay un estado policial y no hay reformas electorales. ¿Cómo ve Costa Rica la elección en Nicaragua y la gestión de la OEA? 

Nosotros hemos seguido con atención las últimas promulgaciones de legislación en Nicaragua en diferentes campos. 

Hay también un informe en la OEA que recomienda a Nicaragua cambios importantes en el proceso electoral para garantizar una libre participación, que todos los actores tengan las mismas condiciones de participación, que las elecciones sean supervisadas, que sean transparentes y que sean verificables. 

Faltan todavía algunos meses para las elecciones, el tiempo se acorta y abrigamos la esperanza, la confianza de que en todos los países de la región Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, todos tengamos ese compromiso por generar los estándares mínimos que un proceso electoral demanda. 

Repito: tenemos y abrigamos la esperanza que las observaciones que le ha hecho la comunidad internacional al gobierno nicaragüense para apresurar las reformas que generen mayores condiciones de participación, se puedan dar en tiempo y forma.

En los medios costarricenses se habló recientemente de la posibilidad de enviar a un nuevo embajador de Costa Rica a Nicaragua ¿Se va dar el nombramiento? 

Costa Rica tuvo embajador hasta el año 2018, cuando el anterior embajador fue trasladado a una nueva responsabilidad aquí en el Poder Ejecutivo. Sin embargo, hemos hecho las valoraciones de orden geopolítico, de conveniencia y oportunidad, y estaremos tomando una decisión en las próximas semanas. 

La discusión entre designar un embajador o no, pasa por un reconocimiento a circunstancias que tal vez no estén bajo la misma óptica política. Pasa también por que las circunstancias demandan la mayor representación de un país con el que se tiene relaciones diplomáticas plenas, para garantizar una presencia efectiva al más alto nivel cuando se tenga que dialogar de manera apropiada, contundente, franca y honesta. 

Va a ser un año convulso… de incertidumbre digamos, por la elección, ¿cree que será apropiado enviar el nuevo embajador este año? 

Me parece que no hay razón alguna para que en este proceso de cambio político que se da en la región nosotros no tengamos un alto representante en Managua. Más bien es una oportunidad de acompañamiento a todos los procesos institucionales que nosotros quisiéramos acompañar.

 


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