Política

La “diplomacia” del aislamiento internacional de Daniel Ortega

Exembajador John Feeley: “Como todos los dictadores, Ortega va a morir solo y abandonado”; Jáuregui: “hay resignación” de comunidad internacional

La expulsión del nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag y luego la del jefe de la misión del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR),Thomas Ess, profundizaron en marzo la ruptura del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo con la comunidad internacional.

Ramón Jáuregui, exparlamentario europeo socialista, considera que la expulsión del representante del papa y del funcionario de un organismo humanitario como la CICR es una “nueva y definitiva muestra” de que las autoridades nicaragüenses quemaron “las naves del diálogo” con el único objetivo de mantenerse en el poder.

Jáuregui afirmó que monseñor Sommertag era el representante diplomático más cercano a la pareja presidencial y con mayor influencia en el tema del diálogo, lo que hace que la expulsión evite cualquier posibilidad del mismo y se reafirme en cambio la voluntad inequívoca del régimen de seguir en el poder basado en “unas elecciones amañadas”.

Las tensiones con la comunidad internacional han sido crecientes en los últimos meses. La Cancillería de Nicaragua ordenó en marzo el retiro de su embajador en España, Carlos Midence, argumentando las continuas “presiones y amenazas injerencistas” de las que el país supuestamente era objeto.

En febrero, el Ejecutivo nicaragüense retiró también sus cartas credenciales al embajador de Colombia, Alfredo Rangel Suárez, acusándolo de “inmiscuirse ofensivamente en los asuntos internos del país”.

Hasta antes de estos casos, la medida del bajo nivel de diplomacia de los Ortega fueron los insultos de su antiguo vicecanciller Manuel Coronel Kautz, quien calificó de “diabla” a la embajadora sueca Eva Zetterberg en 2008 o cuando llamó “paisucho” a Holanda un año después.

El 12 de marzo pasado, el Gobierno del papa Francisco valoró como “grave e injustificada” la expulsión de Sommertag y la calificó como una decisión unilateral que no “refleja los sentimientos del pueblo de Nicaragua, profundamente cristiano”.

“Se destruyen puentes con el extranjero. Al quitar al nuncio se debilita el relacionamiento con el Vaticano y ahora seguramente (este se) va a posicionar de una forma más firme con respecto a lo que viene aconteciendo con el régimen de Nicaragua”, interpretó el exembajador argentino en Nicaragua, Marcelo Valle.

Valle dijo que el aislamiento de Ortega busca un control absoluto para que no existan “espejos externos que lo puedan señalar” en materia del fortalecimiento de democracia y DD. HH., un compromiso al que todo Estado se encuentra obligado.

El diplomático argentino señaló que el país vive una situación de franco deterioro institucional y también en lo social; con la población enfrentando restricciones a las libertades individuales y el hostigamiento a la oposición. “Han sido socavadas no solo las instituciones del país, sino organismos de derechos humanos que han querido favorecer la investigación, la reparación y la justicia”, dijo.

Reflejan al mundo su propio aislamiento interno

Para el exembajador de Estados Unidos en Panamá, John Feeley, un diplomático con 28 años de carrera en el Departamento de Estado, Ortega está aislado también de su propio pueblo que rechaza la crueldad de los torturadores en El Chipote, la prisión en Managua denunciada como un centro donde se cometen abusos, según los familiares de los presos políticos.

“Es un comportamiento rechazado hasta por los todavía sandinistas. Entonces este aislamiento de su base, se refleja en su aproximación al mundo. Ortega sabe que solo es bienvenido en tres capitales del mundo y entonces no se preocupa por mantener lazos diplomáticos o personales con líderes extranjeros. Como la mayoría de los dictadores, él va a morir solo y abandonado”, dijo Feeley en un correo electrónico a CONFIDENCIAL.

Feeley participó esta semana, en un panel organizado por el Wilson Center, en Washington, con el exembajador de Nicaragua en la Organización de Estados Americanos, Arturo McFields, sobre las denuncias que el nicaragüense hizo contra la “dictadura” el 23 de marzo pasado.

En esa comparecencia, Feeley abordó la cercanía del régimen de Ortega con Rusia.  “Con (Vladimir) Putin lo que pasa es que Ucrania es mucho más importante para él que lo que pasa en Managua. Entonces todos sus esfuerzos militares, políticos y diplomáticos están concentrados en Ucrania. Daniel Ortega y Rosario Murillo pueden esperar un buen rato a que les contesten el teléfono en Moscú”, afirmó el exembajador estadounidense.

Sin embargo, Jáuregui afirma que, dado el contexto de la invasión rusa, es difícil encontrar un espacio para reiterar la denuncia sobre la represión perpetrada en Nicaragua, que ocupa en este instante un nivel “irrelevante” en el mundo.

“Hay cierta pasividad; una actitud, un poco, de bajar los brazos como suele decirse frente a un Gobierno que reprime toda opción de libertad y democracia. Por tanto, hay una especie de resignación de la comunidad internacional que se está manteniendo en estos meses y días tan difíciles que vive Europa”, lamentó.

El exparlamentario insistió que la comunidad internacional siempre se ha encontrado con la dificultad de dar un salto en las sanciones a las relaciones económicas y comerciales con el país, porque todos saben que un castigo en ese sentido perjudicaría al pueblo. Lamentablemente en este momento, aceptó, tiene un panorama pesimista sobre el futuro nicaragüense.

Demandan aislamiento que no sea retórico

Por su parte, un diplomático nicaragüense comentó desde el anonimato que el reconocimiento de la “ilegitimidad” de las elecciones fue un hecho de gran importancia y muestra cómo el régimen se encuentra aislado por su torpeza, pero también agregó que no ha conllevado a rupturas de relaciones diplomáticas.

“Las condenas tampoco se han traducido en oposición efectiva a la concesión de préstamos a la dictadura de parte de los organismos financieros internacionales. Se necesita en este sentido evaluar el impacto y la efectividad de las sanciones, examinar los mecanismos de evasión, diseñar nuevos mecanismos de presión y, en general, trabajar para que el aislamiento no sea solamente retórico”, sugirió.

El especialista indicó que difícilmente habrá cambios si la presión no es efectiva, con lo que el régimen simplemente prolongará su “agonía”. Sobre la expulsión del nuncio y el representante de la CICR, agregó que ambos personajes dejan un gran vacío difícil de llenar y su salida agrava la situación de las personas condenadas sin fundamento: 177 presos políticos.

El exembajador Valle sostuvo que el cambio debe venir desde lo interno, no desde lo externo. “Todo se debe ir resolviendo desde Nicaragua y en Nicaragua. Por eso la apelación primaria es a la unidad y que haya un cambio en varios sectores de poder en donde aún no se ha visto fisura. Me refiero al Ejército, la Policía y la élite empresarial que, de alguna manera, sostienen a un régimen fallido”.

La expulsiones a los diplomáticos se suma a los insultos proferidos en los últimos meses por el Ministerio de Relaciones Exteriores contra países como Estados Unidos, Canadá, Costa Rica, Colombia y España. La comunidad internacional también ha sancionado al entorno cercano del gobernante nicaragüense, encabezado por la primera dama y vicepresidenta Rosario Murillo, por abusos de derechos humanos y corrupción.


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