Política

Monseñor Silvio Fonseca: Quieren “criminalizar a los sacerdotes”

Autoridades de la Iglesia católica siguen sin pronunciarse sobre detención del sacerdote Manuel Salvador García

La campaña del régimen orteguista contra la Iglesia católica, a través del asedio y persecución policial a obispos, campañas difamatorias en redes sociales, trabas migratorias, amenazas de prisión, cancelación de oenegés y el reciente encarcelamiento del sacerdote Manuel Salvador García, no detiene el trabajo de los religiosos, bajo el principio que “el Evangelio no puede negociarse de ninguna manera”, afirma monseñor Silvio Fonseca, vicario de la Familia de la Arquidiócesis de Managua.

En entrevista en el programa Esta Semana, monseñor Fonseca, también párroco del templo Santa Faz de Managua, señala que se han preguntado “¿por qué tanta persecución, tanta represión, tanto hostigamiento que hay?” puesto que la Iglesia no es un partido político y tampoco tiene aspiraciones en ese sentido. Recordó que la cancelación de las oenegés afectan a los más desfavorecidos, que la migración y la miseria están ganando terreno en una país en crisis. 

A la vez, reconoció que los sacerdotes se sienten amenazados después que la Asamblea Nacional aprobó una informe que abre la puerta a la criminalización de su trabajo, y aseguró que, en su caso, siente “el país por cárcel” tras siete meses que las autoridades de Migración le retuvieron su pasaporte y, hasta ahora, no le brindan una justificación. Sin embargo, su voz es enfática al asegurar que la Iglesia no puede renunciar a la verdad y permitir que se cometan injusticias. 

 ¿Cuáles son las principales preocupaciones que tienen hoy las familias en Nicaragua? 

Primero, la desintegración familiar, la emigración que ha afectado la economía de las familias y tiene que emigrar el papá, la mamá y a veces los hijos y eso trae dificultades en las relaciones familiares y en la estabilidad como tal, como familia; esa es una de las preocupaciones dominantes desde el punto de vista social y también como se ha incrementado la miseria. Usted ve en los semáforos aquí –en Nicaragua– como cada día proliferan gente pidiendo limosna u otro tipo de ventas para sobrevivir. Prácticamente, estamos viviendo en una sobrevivencia económica.

¿Y qué alternativas tienen hoy los ciudadanos frente a lo que usted menciona: la pobreza, la migración y también la represión y el estado policial que se vive en Nicaragua? 

La respuesta no es tan fácil, porque nosotros como tal, yo que soy encargado de la Pastoral Familiar en la Arquidiócesis, urge una cultura y un manejo, una administración de la pobreza que están viviendo ahora las familias. Probablemente, muchas de ellas acostumbradas al derroche, ahora están en la calle y eso trae sus consecuencias psicosomáticas porque ¿qué hacer ahora con esta situación? Estamos en ese acompañamiento con las familias, de administrar los recursos que puedan tener en sus manos.

Recientemente hemos visto un recrudecimiento de la represión y las amenazas en contra de la Iglesia católica, ¿cómo ha afectado eso la labor pastoral de los sacerdotes, la Iglesia y la feligresía?

Es una situación que se está viviendo fuertemente aquí en Nicaragua contra la Iglesia católica, y segundo, nosotros estamos sirviendo desde siempre en el ministerio sacerdotal y acompañando a nuestro pueblo católico en todas sus necesidades a la medida de nuestras posibilidades; tanto espirituales como materiales.

Esta semana, el régimen canceló la personería jurídica de la Asociación de Publicadores Católicos, a cargo de imprimir el periódico La Voz Católica. Anteriormente, canceló otras oenegés ligadas a la Iglesia. ¿A quiénes afecta esta decisión? 

Ha tomado de sorpresa a la Junta Directiva porque siempre se iba al (Ministerio de) Gobernación, se cumplía con los requisitos que ellos nos pedían. Hace tres años pedimos los libros, porque había que hacer unas correcciones. Se compraron unos nuevos libros de actas y se pagó lo que estipulan las tarifas de esta institución. Quedaron de entregarlos a los 15 días y pasaron tres años y nunca los regresaron. Siempre se presentaban los estados de cuentas anuales auditados conforme está regulado por la asociación de oenegés en Gobernación. 

La primera sorpresa es lo que le estoy diciendo porque nosotros siempre cumplíamos lo que hay que hacer, nosotros siempre cumplimos la ley y lo segundo es que el periódico Voz Católica es de contenido esencialmente católico. Todos los que lo conocen saben que ahí lo que hay son las lecturas de cada día, el santoral del mes, consejos para la familia, noticias del Santo Padre. En fin, es un material estrictamente religioso y ha sido un periódico con carácter bibliotecario, porque siempre tiene actualidad. Lo único son los comentarios de las lecturas del mes y el santoral, que cambian cada mes, pero el resto siempre es un material de actualidad, son contenidos estrictamente católicos.

Hay otras organizaciones también ligadas a la Iglesia católica que promovían la salud, la educación, la fe y también la asistencia humanitaria, ¿a quiénes afectan la cancelación de esas organizaciones?  

Primero, afecta a la fe y a la libertad religiosa, porque el pueblo católico tiene derecho de conocer su fe, de tener sus espacios para lo que estamos hablando, y segundo, sí, han sido afectadas oenegés con carácter católico, el servicio a la caridad, que nosotros llamamos, son las obras de misericordia, que estamos llamados conforme Mateo 25: “No tuve hambre me diste de comer, estuve enfermo me visitaste”. Todo esto afecta a la gente más pobre, porque eran servicios gratuitos y los que no podían conseguir en otras instituciones. La Iglesia, de acuerdo a sus posibilidades, siempre estaba pendiente de conseguir estas donaciones para ayudar a los más pobres, de manera que los afectados son los pobres.

En noviembre pasado, usted, disponía de salir del país a un viaje personal pero las autoridades migratorias se lo negaron. ¿Cuáles fueron las razones?

El 7 de noviembre del año pasado –día de las votaciones generales– yo tenía ese viaje porque he tenido un problema de salud, de una crisis neurológica. Me iban a hacer unos exámenes en Estados Unidos. Aproveché unos días, dejé organizado mientras realizaba la Purísima y venir a mis actividades. Cuando llegué a Avianca mi pasaporte funcionó y sigue funcionando porque es válido.

En julio, yo había siempre viajado con mi mismo pasaporte, pero cuando llegué a Migración, me dijo el funcionario: “Está húmedo” y lo probaron, hicieron ellos el simulacro de tres computadoras. “Mire no funciona en ninguna, vaya mañana a la Dirección de Migración y Extranjería y le van a dar el pasaporte”.  

Si lo hice como ellos me indicaron y me atendió el subdirector de Migración, Pablo Morales, nunca se me olvida el nombre. Le dije: “Me dijeron que viniera hoy”; “no” –me dice– “lo vamos a llamar”. Yo le entregué una copia de la constancia médica, que yo necesitaba salir para ver mi estado de salud. Así han pasado, ya llevamos siete meses. Yo visito frecuentemente Migración y siempre la respuesta es la misma: está en revisión y lo vamos a llamar telefónicamente. Hasta hoy eso nunca ha sucedido a pesar de los diferentes llamados que se han hecho por diferentes medios de regreso de pasaporte.

Esa misma semana, a los cuatro días, tanto el cardenal (Leopoldo) Brenes, como el nuncio apostólico (Waldemar Sommertag) escribieron al viceministro de Gobernación, ninguno tuvo respuesta de esas cartas que ellos escribieron, y a medida que han pasado los meses, se va consolidando de que mientras yo no tenga ese pasaporte, siento el país por cárcel, porque nunca me han dado una justificación, ni hay un señalamiento ni tengo restricción migratoria y soy el primer sacerdote en esas condiciones en este país, de que a mis 70 años estoy en estas circunstancias de que me están negando mi derecho de identidad internacional, porque el pasaporte es el que a usted le da ese pase para que sea identificado.  

El problema es que aquí no hay donde acudir cuando pasan estas cosas. Aquí uno está con las manos amarradas de que usted piensa en unas instancias superiores y esa le dice ese es abajo, el de abajo le dice ese es arriba, entonces esta es una situación gravísima.

En el caso de esto, porque no hay aquí dónde acudir para el reclamo de pasaporte y la  imposibilidad de viajar. Para cualquier emergencia prácticamente es como estar preso en su país sin decirlo, pero eso es prácticamente lo que está haciendo.

¿Se trata de una represalia?

Hay que hacer asociaciones. Porque, primero, soy yo el único sacerdote en estas circunstancias, no sé si lo hacen para decirle a los sacerdotes miren: esto les puede pasar a ustedes también. Si se lo hicimos a Silvio, mañana se lo vamos a hacer a Pedro. Por otra parte, no se sabe qué es lo que está pasando, si es lo institucional o lo personal. Lo cierto es que yo, como tal, soy un sacerdote de la Iglesia católica romana, mi obediencia al Papa y todo esto está en conocimiento de la Santa Sede lo que me está pasando, y que todavía a estas alturas no me quieren dar respuesta en Migración. No me quieren regresar mi pasaporte.

Monseñor, el régimen, no solamente ha emprendido una campaña contra sacerdotes y obispos, sino también los amenaza con criminalizarlos judicialmente ¿se sienten amenazados?

Todos, el 100%, es decir, el iceberg, como nosotros le llamamos, el proyecto de una ley que es criminalizar a los sacerdotes, criminalizar su ministerio. Yo no sé si en otro país habrá algo similar de lo que aquí se está pretendiendo. Yo no manejo esta cuestión de la Asamblea, estará en Comisión, estará en qué departamento, ni la menor idea tengo, pero lo cierto es lo que todo mundo sabe: ese proyecto, en que aquí llegar a ser sacerdote o ser sacerdote podría ser un delito especial, porque claro es la predicación, su ministerio el que está ahora en entredicho y es al Estado que le corresponde, decidir sobre el ministerio sacerdotal en caso de que ellos califiquen que se está infringiendo una ley, por ejemplo. De manera que eso para los sacerdotes y para los obispos es una situación nunca vista y que no sé si hay paralelismo con otros países. Pero todos los sacerdotes nos sentimos ya desde hoy, desde que se anunció desde que apareció el proyecto de ley,  que sin ser ley todavía, ya esas cosas se practican en los hechos.

Hace dos semanas, el obispo de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, monseñor Rolando Álvarez, denunció la persecución policial en su contra y él y el padre Harving -Padilla- de Masaya fueron cercados por la Policía por unos días, ¿por qué reprimen a la Iglesia y a sus pastores?

Siempre nos hemos preguntado a qué se debe esa persecución, esa represión contra la Iglesia (…) tenemos que ver esto de fondo, y el fondo es que la Iglesia no puede negociar de ninguna manera su fundamento y su principio. 

Nosotros no podemos cambiar el Evangelio, la dignidad de las personas humanas, la libertad religiosa, la justicia social, el derecho a la paz. Son principios fundamentales en el catolicismo y por ende, nosotros tenemos que respetar el Evangelio, porque somos fieles a ello como se lo dije también en esta entrevista, una de las obligaciones de la Iglesia es el cumplimiento de las obras de caridad y nosotros vemos esto sin distingo de credos políticos, ni religiosos de ningún tipo. Entonces, parece que quieren obligarnos, simplemente, a decir lo que tiene que hacer es esto, y esto no podés hacer. Y nosotros no lo podemos, la Iglesia no puede negociar principios. La Iglesia no puede negociar los fundamentos. Eso es lo que está en el meollo del asunto. Mientras que para unos tienen ya sus concepciones políticas, sus proyectos, lo que sea, nosotros somos una Iglesia fiel al Evangelio desde hace 21 siglos.

Y, por otra parte, la forma como están ellos, los que no nos aceptan o los que no están de acuerdo con la Iglesia, es que nosotros no somos un partido político, nosotros no estamos aspirando ni a ministerios, ni a diputaciones, ni alcaldías, nada absolutamente tiene que ver. ¿Por qué tanta persecución, tanta represión, tanto hostigamiento que hay? Eso pues se lo dejamos a la humanidad que fácilmente ha hecho sus conclusiones de lo que nos puede estar pasando aquí, pero quiero ser enfático: el Evangelio no puede negociarse de ninguna manera.

El miércoles se conoció la noticia del arresto del padre Manuel Salvador García, de Nandaime, ¿cuál es la situación del padre Manuel y por qué lo arrestaron? 

Bueno, circula en las redes, es el pan del momento (…) Ojalá que tuviésemos aquí la oportunidad de una autoridad objetiva que vaya a la verdad. La Iglesia no puede renunciar a la verdad y que no se cometa injusticia con ninguna persona, más con un sacerdote. Los videos no son concluyentes de ninguna manera, se hacen maravillas ahora con esos vídeos, para mal y para bien.

¿Esas amenazas, monseñor, callarán la voz profética de la Iglesia? 

Bueno, eso es lo que se quiere, pero la Iglesia se ha fortalecido en las persecuciones y en su profetismo. Decía Tertuliano, en el siglo IV, que la sangre de los mártires es semilla de cristianos.

No es ni la primera ni la única, ni la última persecución que la Iglesia puede sufrir como lo está haciendo en otras partes del mundo, y como lo ha sufrido según la historia. Siempre el objetivo es el mismo: ‘No estás de acuerdo conmigo, entonces aquí te paso la cuenta’. Esa es nuestra vocación, para eso estamos y nosotros no podemos ser infiel ni a la verdad, ni a la fe, ni a la persona humana.

¿La Iglesia tiene esperanzas de que se supere esta crisis social, política y de derechos humanos?

Nosotros rezamos permanentemente porque, cumpliendo el Evangelio, nuestras respuestas siempre serán de amor, de perdón, de reconciliación, pero también de propuestas concretas, viables porque la naturaleza humana, no solamente la fe, quiere vivir la paz y la justicia.

Eso es un derecho natural y también una necesidad de cualquier sociedad, por lo tanto, nosotros aguardamos la esperanza que esa paz que requerimos todos, porque aquí usted se pregunta ¿cuántos viven en paz en Nicaragua? Pues yo no sé, puede ser que haya alguno, no le digo que el 100%. Siempre habrá esto, pero el ambiente es de mucha tensión.  

Ninguna sociedad puede vivir así de ninguna manera, por ende, nosotros siempre estaremos en esta actitud religiosa, teológica del perdón, de la reconciliación y no perdemos las esperanzas que aquellos que hoy están contra nosotros y tal vez, de una manera feroz, también doblarán sus rodillas a Jesucristo y oramos por ellos también. No solamente oramos por los perseguidos, oramos también por los perseguidores. Nosotros no perdemos la esperanza de que un día Nicaragua se reencontrará como una sociedad cristiana, porque nosotros somos una sociedad cristiana y aquí en Nicaragua la gente ha respetado a la Iglesia, ha respetado a sus pastores. 

De manera que, cuando oímos lo que usted está diciendo, no es la totalidad de los nicaragüenses, pues son grupos que actúan por otros intereses u otras intenciones, no sé qué será, pero en general, nuestro pueblo nicaragüense es respetuoso de la Iglesia, de la fe e insisto, para Dios nada es imposible, nos mantiene esa esperanza de que un día Nicaragua volverá a ser lo que siempre ha sido: tolerante, compartiendo los unos con los otros a pesar de las diferencias, religiosas y políticas y que nos veamos como seres humanos y como cristianos.


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