Política

“Ortega cree que reprimiendo se va a mantener en el poder. Así creyó Somoza”

Entrevista con el senador Emilio Álvarez Icaza, quien cuestiona política exterior de AMLO: “comparsa de las violaciones a los DD. HH. en la región”

El presidente de Chile, Gabriel Boric, se vio sorprendido durante su visita de cortesía al Senado de México, por una protesta de parte tres senadores que avanzaron al frente de la tribuna, y desplegaron una manta en la que se leía: “Boric no protege a asesinos en Nicaragua como AMLO”.

Uno de los tres protagonistas de ese acto de protesta fue el senador Emilio Álvarez Icaza, experto en derechos humanos y exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quien fue entrevistado en el programa Esta Semana sobre el mensaje de su denuncia.

Álvarez Icaza es un fuerte detractor de la política exterior del Gobierno del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, a quien califica como “sumiso y omiso” con las violaciones a los derechos humanos y libertades democráticas en Nicaragua y Venezuela.

El legislador deja claro su indignación con lo que denomina la “dolorosa prostitución de la revolución sandinista” hecha por Daniel Ortega, pero afirma que su dictadura, que se sostiene debido a la represión y violencia política, caerá como ocurrió con el régimen de la familia Somoza.

Usted participó en una denuncia sobre la represión en Nicaragua, mientras se llevaba a cabo una comparecencia del presidente de Chile, Gabriel Boric, emplazando además al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. ¿Cuál es el mensaje político de esta comparecencia?

Esencialmente tiene que ver con tres ejes. El primero es la solidaridad con el pueblo de Nicaragua, que vive momentos oscuros y dolorosos por la traición del dictador Ortega, que representa hoy los motivos justos por los cuales él se levantó en armas en la revolución sandinista, hoy prostituida infeliz y dolorosamente. Yo soy de esa generación que creció con la esperanza de un continente libre de dictaduras que Nicaragua inspiró. Hoy, la dictadura de Nicaragua abusa, maltrata, tortura y asesina. Decidimos, quienes formamos el Grupo Plural (este servidor, el senador Germán Martínez y el senador Gustavo Madero) tener un gesto de solidaridad, denunciando al asesino de Ortega.

Segundo, denunciar lo que pasa en Nicaragua, desde una óptica de congruencia con los derechos humanos. Gabriel Boric ha decidido, en un acto de congruencia, no callar, no cerrar los ojos con lo que pasa en Nicaragua. Tiene particular importancia, porque Gabriel Boric viene del comunismo chileno. Él ganó la Presidencia con una coalición de centroizquierda. Con independencia de su origen político ideológico, él asume una postura crítica en congruencia con el tema de los derechos humanos, y eso lo ha puesto en el horizonte del debate latinoamericano. Nos pareció un momento importante hacer saber el contraste.

Ahí voy el tercer eje. El contraste entre lo que ha hecho Gabriel Boric y lo que ha hecho Andrés Manuel López Obrador. Los espejos ayudan a ver la dimensión real de las cosas, más allá de los discursos. Gabriel Boric ha decidido levantar la voz y denunciar lo que pasa con las violaciones a los derechos humanos y persecución política en Nicaragua en materia de presos políticos, persecución a la prensa, asesinatos de estudiantes, líderes opositores encarcelados, universidades cerradas, medios de comunicación cerrados, obispos perseguidos, religiosos acorralados. Es decir, todo aquello que entendemos como reglas básicas de una democracia y, en materia de libertades y derechos está absolutamente amenazado y restringido en Nicaragua.

En esa comparecencia, el presidente Boric nuevamente dijo que no se puede olvidar, no se puede apartar la mirada de la crisis de Nicaragua. Sin embargo, el Gobierno del presidente López Obrador sigue manteniendo su silencio o complacencia. Ustedes en ese mensaje también demandaban al Gobierno de López Obrador, hasta romper relaciones con la dictadura de Ortega. ¿Qué esperan realmente del Gobierno?

Lo hemos hecho así porque, infelizmente, México, a través del Gobierno López Obrador, ha asumido un papel de complicidad con la dictadura de Ortega. México ha decidido cerrar los ojos, y no solo en las relaciones bilaterales. Hay foros multilaterales, como en la OEA, donde ha habido resoluciones en contra de las violaciones de derechos humanos en Nicaragua, y México ha sido omiso. Justo lo que dijo el presidente Boric, de que no se puede voltear la cara ante los perseguidos políticos. Yo celebro que el presidente chileno haya decidido asumir el tema y no darle la vuelta, pero este tema en el Senado mexicano no es la primera vez que hemos insistido.

Hace una semana, estuvo el canciller mexicano Marcelo Ebrard en el Senado. Insistimos que el Gobierno mexicano tiene que romper relaciones con la dictadura de Ortega, con esta prostitución de la revolución que representa muy dolorosamente. Creemos que México debe asumir congruencia con su historia, cuando –por ejemplo– rompió relaciones con (Augusto) Pinochet, cuando rompió relaciones con (Francisco) Franco, cuando rompió relaciones con (Anastasio) Somoza.

Es un mandato constitucional, porque la Constitución establece los derechos humanos como guía de las relaciones de México con el mundo. El Gobierno de Andrés Manuel ha sido omiso y sumiso. Por eso que se ampara en la llamada ‘Doctrina Estrada’, de no interferir en asuntos internos de otros países, es que no lo va a hacer, pero esperamos que este gesto que se tuvo en el Senado mexicano sirva para prender la chispa, para que muchos más hagan expresiones de solidaridad, para presionar no solo al Gobierno mexicano, sino también al Gobierno del asesino Ortega.

¿Cómo reaccionó el resto de la comunidad política, las otras bancadas en el Parlamento mexicano, la opinión pública, ante este emplazamiento?

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene un discurso y una narrativa que podríamos calificar hasta de agresiva en materia de derechos humanos, pero en la práctica no tiene nada que ver, tanto en México, como en su política exterior. México vive una crisis de derechos humanos muy severa. En los foros internacionales, México ha dejado de jugar un papel de liderazgo. Hoy ese liderazgo lo ocupa gente como Gabriel Boric, que pasa a denunciar lo que sucede en materia de derechos humanos o gente como Gustavo Petro, que ha decidido decir no a la militarización.

Andrés Manuel estaba previsto para que jugara un papel de liderazgo, y no ha sido más que una comparsa de las graves violaciones a los derechos humanos en la región. Por eso ha habido una reacción, primero de mucha sorpresa y luego de mucho eco, con nuestra denuncia. Tuvo un enorme impacto en la prensa nacional, en redes sociales, en foros diplomáticos. 

Tuvo un enorme alcance en términos de poder retomar esto como una línea de acción en el Senado mexicano. Hubo una reacción muy positiva cuando el presidente chileno tocó el tema de Nicaragua. Fue ovacionado. Fue un excelente discurso, porque habla de congruencia, del feminismo, de la violencia, de la inclusión. Habla de lo que queremos y esperamos de un Gobierno que se dice que incluye a los más necesitados. El presidente Boric tuvo la capacidad de no eludir el tema. Es momento de volver a organizar la solidaridad con las decenas de miles de nicaragüenses que han dejado su patria por la persecución.

¿Puede tener esto alguna incidencia en el futuro político de la competencia política interna? Me refiero a los potenciales candidatos a suceder a López Obrador. ¿Van a continuar esta política actual o podría modificarla y qué perspectivas hay desde el ángulo de la oposición mexicana?

No hay duda que la discusión de la política exterior es un tema que está presente en la agenda política en México. Las ausencias de López Obrador a los foros internacionales; su liderazgo mediocre, la sumisión ante Estados Unidos, bien sea (Donald) Trump o Joe Biden, el silencio ante las graves violaciones a los derechos humanos en Nicaragua o Venezuela, la contradicción tan hipócrita de apoyar medidas como el tratado México-Estados Unidos-Canadá y luego pelearse con los socios, la pérdida de oportunidades en la generación de nuevas alianzas económicas, forman parte de una agenda crítica sobre cuál es el lugar de México en el mundo.

Es muy vergonzoso el papel que México juega al hacer el trabajo sucio a Estados Unidos, conteniendo a la migración centroamericana. Hoy México deporta más centroamericanos que Estados Unidos, hoy las vejaciones en México –muy tristemente– son peores que las que se viven en Estados Unidos.

Quienes compiten por la candidatura presidencial en Morena han decidido alejarse de la política de López Obrador, quien tiene la hegemonía absoluta del partido. Yo parto de la hipótesis que ojalá el pueblo de México castigue en las urnas a quien tanto los ha engañado. Espero que no sea entonces un Gobierno de continuidad.

Hace un poco más de un año, en este mismo programa, usted brindó una entrevista en la que analizó la crisis de Nicaragua, y precisamente dijo que Daniel Ortega sería hoy el líder de la contrarrevolución en Nicaragua. Esa entrevista tuvo una amplia difusión y muchas personas la reprodujeron en las redes sociales, entre ellos el sociólogo y economista Irving Larios, quien meses después fue secuestrado por la Policía. Luego se le abrió un juicio político en el que una de las pruebas para condenarlo, y por la cual está en la cárcel, es de haber reproducido las opiniones que usted brindó sobre Nicaragua. ¿Qué opinión le merece esa criminalización que se ha hecho de su opinión y por el otro lado de la libertad de opinión de Irving Larios?

Me indigna y me ofende que el Gobierno represor y dictatorial de Ortega encierra a la gente por difundir una opinión. Pareciera que lo único que quieren son aplausos y engañar a la gente de que no hay crítica. Es absolutamente antidemocrático. Me duele que le pase eso a Irving, como a cualquier persona.

Yo trabajé en el Centro Nacional de Comunicación Social, una asociación civil mexicana que se dedicó a difundir todo lo que pasó con la revolución nicaragüense. Yo soy de las personas que nos formamos en México dando a conocer lo que pasaba con la gesta heroica del pueblo nicaragüense. Soy de la generación de mexicanos en la que muchos amigos se fueron a Nicaragua en solidaridad. Me parece vergonzoso, me parece un acto de corrupción brutal humana moral y ética lo que hoy hace Ortega con su esposa en Nicaragua. Es un pequeño dictador con sueños bananeros.

Como secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos conocí de cerca violaciones a los derechos humanos y vejaciones en Nicaragua. Me indigna profundamente y me duele, y por eso vamos a levantar la voz cada vez que sea necesario. Ortega cree que reprimiendo se va a mantener. Así creyó Somoza. Ortega representa hoy la contrarrevolución. Está haciendo justamente todo el tipo de cosas contra las cuales un pueblo se levantó y no tengo duda que habrá un momento otra vez, como ha hecho la esperanza y la enseñanza del pueblo nicaragüense, que va a recuperar su libertad.


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