Política

Ortega, el “antimperialista”, se entrega a los intereses de Rusia

Moscú tiene facultad de responder desde Nicaragua a supuestas amenazas a la seguridad internacional de la información, según acuerdo firmado en 2021

Durante más de una década, el dictador sandinista Daniel Ortega ha cultivado con esmero su retórica contra Estados Unidos y la Unión Europea, para proyectar una imagen de revolucionario defensor de la soberanía, pero de manera gradual ha realizado importantes concesiones a Rusia en seguridad que favorecen sus intereses, mostrando al país como una plataforma para su aliado en la región.

A finales de enero de 2022, el presidente ruso Vladimir Putin anunció que reforzaría su “cooperación estratégica” con Nicaragua, Venezuela y Cuba. Y así, en medio de las tensiones en el mundo generadas por su intento de anexar a la fuerza a Ucrania, mostró a Nicaragua como uno de los peones del tablero de ajedrez ruso en una zona geográfica de histórica influencia estadounidense.

El régimen de Ortega respaldó, este 21 de febrero, el despliegue de tropas de Putin en Ucrania. Ortega dedicó su discurso en el aniversario 88 del asesinato del general Augusto C. Sandino, un héroe nacional y símbolo de antintervencionismo de América Latina, para justificar la agresión rusa días después que anticipó su apoyo en Managua al viceprimer ministro Yuri Borísov, un emisario de Putin que le prometió un incremento de la cooperación militar y comercial, sin dar una cifra concreta.

Los principales convenios aprobados en la Asamblea Nacional durante los últimos ocho años, revelan el avance de las concesiones de Ortega a Rusia, de forma gradual y sostenida, hasta la firma del acuerdo sobre ciberseguridad en 2021, un área en que Rusia ha tenido reputación de participar en ataques contra Estados Unidos, que la ha sancionado incluso por intentar influir en las elecciones de esa nación.

En el documento de ciberseguridad, aceptado por Nicaragua, se faculta a Rusia bajo el concepto de colaboración mutua para responder con medidas mancomunadas a las amenazas eventuales de seguridad internacional de la información al país centroamericano (artículo 1, inciso 3), una de ellas el intervencionismo extranjero, perturbar el orden público y el extraño concepto de que se cause daño al “entorno espiritual de otros Estados” al difundir información.

Ortega ha atizado el discurso del enemigo extranjero desde 2018, cuando inició una campaña de represión sangrienta contra los nicaragüenses que exigieron un cambio de Gobierno, que su régimen calificó, sin evidencia, como un intento fallido de golpe de Estado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), adscrita a la Organización de Estados Americanos, documentó el asesinato de 355 personas, 2000 resultaron heridas y 100 000 exiliados. Además, se impuso un estado de excepción que impide nuevas manifestaciones opositoras, la Policía realiza controles estrictos a las puertas de las casas de los críticos al Ejecutivo y el Poder Judicial elevó a 170 el número de reos de conciencia.

Ortega acusó en noviembre de 2021 a los liderazgos opositores encarcelados de ser “hijos de perra del imperialismo”. Pero mientras la comunidad internacional reclamó el respeto a los derechos humanos, Rusia ha mantenido el suyo a la “soberanía” nicaragüense como una de las puntas del relanzamiento de la alianza política entre Ortega y Putin.

De hecho, el Gobierno de Rusia recibió al más alto nivel a Rafael y Laureano Ortega —hijos del mandatario de Nicaragua— en una misión diplomática el 19 de julio de 2021, cuando se conmemoraba el aniversario 42 de la revolución sandinista y Ortega se encontraba aislado internacionalmente en su acto partidario.

Para el analista y exdiputado Eliseo Núñez Morales la explicación es que “Ortega es malinchista. ¡Se desvive por los extranjeros! Estados Unidos no corta flores con él por las violaciones a derechos humanos. Pero si le ofreciera una protección igual que la de Rusia para quedarse en el poder, le besa los pies. Él no tiene ningún problema de tipo ideológico con eso”.

Los documentos legislativos consultados exponen con claridad el avance de los intereses rusos en Nicaragua en el área comercial, farmacéutica, militar-policial y han prometido explotar a su favor la energía nuclear con fines no militares, en anuncios pomposos que han servido para alimentar la maquinaria de propaganda de la Administración sandinista, deslegitimada a nivel internacional por la reelección sin garantías democráticas de Ortega para un cuarto período consecutivo.

2021: “Carta blanca” para monitorear información

“¿Quién tiene la capacidad de enfrentar las amenazas? ¿Nicaragua? El que la tiene es Rusia”, dice con franqueza un especialista informático sobre el acuerdo binacional titulado Convenio entre el Gobierno de la república de Nicaragua y el gobierno de la Federación de Rusia sobre la colaboración en la garantía de la seguridad internacional de la información”, suscrito el 19 de julio de 2021.

El analista sostiene que este documento no solo representa un problema para la ciudadanía por su redacción, sino también por quiénes lo interpretan, lo que conspira contra opositores y sociedad civil, dado los conceptos que definen como amenazas a la “seguridad internacional de la información que provienen de las tecnologías de información y comunicaciones usadas”.

Entre las amenazas se mencionan las siguientes: a) actos contra la soberanía, la seguridad e integridad territorial de los Estados, b) fines terroristas, c) acceso ilícito a información computarizada, d) injerencia en asuntos internos y perturbar el orden público, y d) difundir información que inflige daños al sistema sociopolítico y sistema socioeconómico, así como al entorno espiritual, moral y cultural de otros Estados.

“Van contra todo tipo de información que no quieran que se divulgue. La ayuda rusa está implícita. La Federación se está convirtiendo en un protector de Nicaragua hacia las amenazas, lo que pasa es que la definición de las mismas es tan amplia que ellos pueden tomar acción ante una gran cantidad de divulgaciones de información”, consideró el experto, quien pidió que no se revelara su identidad y enfatiza en que Ortega le está dando “carta blanca a Rusia para que monitoree” información en el país.

El régimen de Ortega obligó en 2021 a las telefónicas a guardar un año los datos de los usuarios según una normativa para preservación de datos, aprobada por la Asamblea Nacional, los cuales podrían ser solicitados por las autoridades usando la Ley Especial de Ciberdelitos o “Ley Mordaza”, que es usada como instrumento para perseguir, encarcelar y condenar a opositores y nicaragüenses en general, en contra del derecho a la libertad de expresión.

2017: instalan estación satelital rusa en Managua

Es el más enigmático de los proyectos rusos del país y su funcionamiento ha estado siempre bajo sospecha. “No es para espiar a nadie”, dijo Orlando Castillo, el entonces director del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones (TELCOR), en 2017. 

La estación terrestre satelital “La Gaviota” —el sobrenombre de la astronauta soviética Valentina Tereshkova— está ubicada cerca de la Laguna de Nejapa, ubicada a tres kilómetros de la sede de la Embajada de Estados Unidos y es la única de su tipo instalada en Centroamérica, aunque Rusia tiene también cuatro similares en Brasil y otras en Cuba. 

Se trata de un sistema de monitoreo satelital que enlaza a la estación terrestre con 24 satélites rusos, cinco de los cuales estarían emitiendo información continua a Nicaragua; útil supuestamente para el combate al narcotráfico y el sistema de ordenamiento territorial, apunta la información oficial. 

En términos técnicos, el sistema es similar al Sistema de Posicionamiento Global (GPS) estadounidense o al GALILEO europeo, aunque hay diferencias en el origen de cada uno. 

“GPS y el GLONASS tuvieron su origen en el ámbito militar y se les ha dotado de aplicaciones para el uso civil. GALILEO por el contrario nació en el ámbito civil y luego fue modificado en gran medida para habilitarlo para usos militares”, explicó otro especialista consultado para este análisis.

La estación es administrada en Managua por la Agencia Espacial Rusa, conocida como Roscosmos. Sin embargo, el experto apunta que el personal ahí lo integran tanto civiles como militares, mientras el control operativo y administrativo lo lleva la misión diplomática rusa en el país.

Laureano Ortega Murillo, hijo del presidente de Nicaragua, junto a las entonces autoridades de Telcor y la embajada de Rusia en Managua durante la inauguración de la estación satelital en 2017. Foto/19 Digital

Un nombre se destaca entre todos. El agregado militar es el teniente coronel Oleg Surov, quien además es el director del centro de adiestramiento policial ruso al que acuden para educarse en la lucha antidrogas otros mandos de seguridad pública provenientes de la región centroamericana. 

“La estación rusa en Managua ha sido dotada de un sistema de antenas que evidencia que trabaja adicionalmente en la recepción e interceptación de señales de radio en otras bandas de frecuencias diferentes. Es un pequeño número, sin embargo, se le ha dotado de troncales de fibra óptica que perfectamente pueden ser utilizados para instalar antenas en otros sitios de Managua o incluso el país entero y llevar las señales hacia la estación en donde puedan ser procesadas y analizadas”, añade este experto en telecomunicaciones.

Según el especialista, Nicaragua tiene buenos expertos en seguridad informática, pero los mismos no tienen preparación en inteligencia para el procesamiento digital de señales radioeléctricas. El apoyo ruso con el Ejército y la Policía está limitado a la lucha contra el narcotráfico, lo que explica en parte que las instituciones estatales hayan sido sujetas a ataques cibernéticos meses atrás, una situación agravada por la ignorancia de quienes ocupan los puestos en el Estado, la mayoría “recomendados de la vicepresidenta”.

“Hasta donde conozco no se han reportado ciberataques desde la estación a redes en Estados Unidos. La estación es de escucha y procesamiento digital de señales vinculadas a inteligencia, aunque no descarto que pueda ser utilizada como centro de origen de ciberataques. Un ataque de este tipo es muy difícil enmascararlo en el poco tráfico internacional que tiene Nicaragua”, sostuvo.

En la actualidad, el régimen no cuenta con una política nacional de seguridad informática. El experto confirmó que la estación está instalada ahí por la cercanía de las estaciones radioeléctricas estadounidenses, pero también porque ahí estuvo la antigua estación Intersputnik de los años ochenta, la cual fue modernizada y se le quitó a ENITEL que era la propietaria en virtud de la privatización de los años noventa.

2015: buques rusos

Si la posibilidad de realizar espionaje informático, o a través de escuchas, son realidades probables de acuerdo con las fuentes consultadas, el jefe del Ejército, el general Julio César Avilés, y el ministro de Defensa ruso firmaron otro acuerdo en 2015 que facilita el atraque de buques rusos en Nicaragua.

Una nota de la agencia Sputnik, del 2 de febrero de ese año, indica que, según el ministro ruso Serguei Shoigú, se facilita con esto la cooperación militar bilateral. Sin embargo, los detalles del acuerdo son desconocidos.

“Las naves rusas pueden repostar en puertos nicaragüenses sin previo permiso, esto es para cargar agua, comida y otro tipo de avituallamiento, no militar, a la hora de un conflicto te pone al lado de Rusia por convenio. Tenés ese y otra serie de convenios que han fortalecido esa relación”, valoró Núñez.

El alcance del compromiso de Nicaragua con Rusia no ha sido explicado por nadie en Nicaragua. Ese mismo hermetismo rodea las operaciones de fortalecimiento de la capacidad militar de Nicaragua, una aspiración que los mandos castrenses han expresado basados en los lazos de los años ochenta con la URSS.

El experto en seguridad Roberto Cajina, uno de los más conocidos en Nicaragua, dijo en un artículo de la revista Envío, desde 2016, que se estaba dando una “remilitarización de Nicaragua”, lo que estaría ocurriendo en paralelo al reposicionamiento geoestratégico de Rusia.

“La pregunta básica trata de comprender la lógica, si alguna tiene, de la reciente adquisición que Nicaragua ha hecho de medios y equipos militares de la industria militar rusa: tanques y aviones de guerra, coheteras y patrulleras marítimas, una decisión de alto impacto tanto en nuestro país como en Centroamérica y, en alguna medida, en el hemisferio occidental. Si Nicaragua no está en guerra y no existe evidencia de una eventual guerra convencional, ¿para qué el gobierno de Daniel Ortega ha adquirido ese material bélico, tanto ofensivo como defensivo?”, preguntó Cajina.

2013-2017: Centro de entrenamiento policial

El centro de capacitación del Ministerio del Interior de Rusia en Nicaragua ha impartido cursos en 2020 a la Policía local sobre “la lucha contra los delitos en el campo de la información computarizada” , según una nota de prensa de la embajada rusa en Managua.

De acuerdo con el documento, en la graduación de policías en esa materia, participó el director del centro de adiestramiento, Oleg Surov, y el subdirector de la Policía, el comisionado general Ramón Avellán, señalado de dirigir la Operación Limpieza que costó la muerte de decenas de personas en los meses previos a julio de 2018.

El comisionado general Ramón Avellán, subdirector de la Policía– señalado de cometer delitos de lesa humanidad– saluda a las autoridades rusas en Managua durante la graduación de oficiales que participaron en un curso de “lucha contra los delitos en el campo de la información computarizada”, celebrado en diciembre de 2020. Foto/Visión Policial

El camino para este centro de adiestramiento tuvo como respaldo el convenio en el área de “superación profesional del personal en el área de estupefacientes, sustancias sicotrópicas y sus precursores”, firmado en 2013 y válido durante diez años por la entonces primera comisionada Aminta Granera, jefa de la Policía de Nicaragua, y un representante del Servicio Federal de Control de Drogas de Rusia.

Según la nota publicada, el alcance del centro de adiestramiento es regional y en el sitio se capacitarían policías de Centroamérica. Fue inaugurado en 2017. Pese a la propaganda sobre el mismo, los expertos no encuentran otra lógica a la escuela que no sea que permita la realización de inteligencia.

“Ese centro es una buena fachada para seguir haciendo inteligencia. Geopolíticamente no hay justificación –explicó un analista para este análisis periodístico–. No hay gran incidencia del crimen organizado de Rusia hacia la región, no somos país productor, sino de tránsito. No hay transacciones comerciales financieras que demanden una labor de inteligencia tan continua”.


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