Política

La conexión Ortega-Putin y el Ejército de Nicaragua

Autócrata ruso considera que reelección del tirano nicaragüense fue por “abrumadora” victoria, y mantienen en secreto acuerdos militares

Ocho días después de la juramentación presidencial, a la que asistieron solo tres gobernantes de América Latina y un enviado especial de China Continental, una llamada telefónica de Vladimir Putin el 18 de enero de 2022, para reconocer la cuestionada reelección del dictador sandinista, afirmó la alianza entre dos autócratas y activó la máquina de promesas de la propaganda orteguista.

Con notable entusiasmo, la vicepresidenta Rosario Murillo, en su intervención de mediodía el 18 de enero de 2022, exaltó el diálogo telefónico como una conversación amplia de “ambos líderes, en la que tuvimos el honor de participar” y en la que abordaron los esfuerzos que comparten sus países “por la paz en el mundo”, un afianzamiento de relaciones que ocurre cuando más de 40 países desconocieron los resultados de las votaciones de noviembre pasado en Nicaragua.

El ruso externó un nueva felicitación para la pareja presidencial de Nicaragua porque el 10 de noviembre pasado les envió una carta con su embajador en Managua, Alexander Khokholikov, en la que exaltó la “abrumadora victoria” que demuestra el “peso político” de Ortega, ignorando las críticas por los abusos de derechos humanos.

La tarde del 17 de febrero, Ortega recibió también al viceprimer ministro ruso Yuri Borísov, quien prometió a nombre de Putin multiplicar la relación comercial entre ambos países, en tanto, el nicaragüense respaldó públicamente a su aliado, que intenta anexar a Ucrania a la fuerza. La versión del gobernante sandinista es que la lucha rusa es por “la paz”.

Desde antes que autócrata ruso improvisara una visita a Nicaragua en 2014, durante una gira en América Latina, Moscú ha tomado a Managua como uno de sus “principales socios” en la región y recientemente anunció que aumentaría la cooperación militar al régimen de Ortega y sus pares de Venezuela y Cuba respectivamente, liderados por Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel.

El 5 de febrero el embajador ruso en Managua, Alexandr Jojolikov, dijo a la agencia Interfax que, por el momento, no están hablando del emplazamiento en Nicaragua de infraestructuras militares.

“Sea como sea, en caso de necesidad ambas partes adoptarán decisiones adicionales que responderán a sus intereses nacionales. Es su derecho soberano”, defendió el diplomático sobre una relación binacional que calificó de “estratégica” y cuyos pormenores son desconocidos para el público en general.

Jojolikov hizo referencia a que hay una decena de acuerdos entre estructuras militares y explicó que la cooperación técnica va dirigida a garantizar las capacidades de defensa del Ejército de Nicaragua, aunque matizó que no está dirigida “contra terceros países”.

Desde 2008, Putin ha respaldado políticamente a Ortega con decisiones que han favorecido al gobernante sandinista. Según información de la agencia EFE, los rusos le han facilitado al régimen el acceso a 1100 buses para renovar el transporte público, le ha donado 32 266 toneladas de trigo en 2021, con los que el dictador ha hecho proselitismo. “Tenemos el récord (de compra de autobuses) gracias a ese principio de soberanía y solidaridad que practica la potencia de la Federación Rusa”, dijo Ortega en octubre de 2021.

Las decisiones de Putin —correspondidas por Ortega con el reconocimiento de regiones separatistas rusas— han estrechado los vínculos. 

En julio de 2021, mientras las críticas de la comunidad internacional apuntaban a Ortega por apresar a los principales líderes de la oposición antes de las votaciones, el Kremlin recibió a dos hijos de la familia presidencial, Rafael y Laureano Ortega Murillo, a quienes Estados Unidos sancionó por tener un papel importante en el esquema familiar de negocios: el primer como promotor de inversiones y el otro como el administrador local de la opaca cooperación de Venezuela.

El secretismo de la relación con el Ejército

El secretismo es una característica presente en el tema militar, aunque públicamente sean conocidos acuerdos de orden comercial, inversiones y cooperación en telecomunicaciones. En las páginas electrónicas, del Ejército nicaragüense y el Ministerio de Defensa de Rusia, los detalles sobre los acuerdos militares son inexistentes y se resumen a fotografías entre los funcionarios, sin mayor información.

Un experto en temas militares comentó, desde el anonimato para evitar represalias de las autoridades nicaragüenses, que “la información del Gobierno de Ortega es mínima, lo que se sabe de la entrega de armamento lo hemos conocido porque la Federación Rusa lo anuncia a través de los medios de comunicación oficiales como Sputnik, pero al menos lo anuncian, aquí no dicen nada. En ese sentido, Rusia es más transparente que Nicaragua, aunque parezca exagerado lo que te estoy diciendo”.

La instalación de una estación terrestre que permite la conexión con 24 satélites rusos desde un lugar cercano a la Laguna de Nejapa en Managua y un centro de adiestramiento policial contra el narcotráfico, donde se educan oficiales centroamericanos, apunta a la consolidación de la presencia rusa y su proyección en la región.

Tampoco hay detalles precisos sobre la ayuda global de la cooperación rusa a la Fuerza Aérea, o cualquiera de las otras direcciones castrenses nacionales. Uno de los ejemplos más grandes de opacidad ocurrió con el envío de tanques rusos a Nicaragua. 

El general Julio César Avilés, jefe del Ejército, explicó en agosto de 2016 que la adquisición de 50 tanques rusos T-72 no significarán una deuda de 80 millones de dólares para Nicaragua, pero no quedó claro el mecanismo de la adquisición de los mismos, mientras públicamente uno de los aparatos fue exhibido en la Plaza de La Fe, en Managua, en ocasión del aniversario 37 de la institución.

Según el informe de cooperación del Banco Central de Nicaragua, Rusia ha donado al sector público 149.8 millones de dólares entre 2007 y 2015. Recientemente la Asamblea Nacional aprobó la suscripción de un crédito de 16.8 millones de euros a un plazo de siete años con dos años de gracia y también el secretismo rodea este acuerdo. La más inquietante arista de la relación entre el régimen de Ortega y Putin es una nueva arma para perseguir opositores, expresada en un convenio firmado con Rusia, el que, según expertos digitales, abre la puerta a la persecución de críticos del poder en Nicaragua.


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