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“Bodies, Bodies, Bodies”: una nueva generación juega a autodestruirse

Desde el inicio hasta la anticlimática ironía del desenlace, “Bodies, bodies, bodies” derrocha actitud para ocultar su pobreza.

Le toca a los ‘postmilenials’ pasar el rito de maduración de verse denigrados en un ‘thriller’ mortal. Mi generación tuvo donde escoger, con las franquicias de “Friday the 13th”, “Halloween” y “Nightmare on Elm Street” en los 80. Los jóvenes de hoy se tienen que apañar con “Bodies, Bodies, Bodies”, una anécdota estirada al metraje de una película.

La inminente llegada de un huracán sirve de excusa para que un grupo de amigos pase un fin de semana en la mansión de David (Pete Davidson). Nuestra guía en este mundo enrarecido es Bee (María Baklova), una humilde inmigrante de Europa del Este, novia de la carismática adicta en recuperación Sophie (Amandla Stenberg). Llegan juntas, tarde en la fiesta, donde ya se encuentran Alice (Rachel Sennott) y su novio Greg (Lee Pace), un apuesto manojo de músculos que intimida con su derroche de hombría. Emma (Chase Sui Wonders) es la novia del anfitrión. Jordan (Myha’la Herrold) proyecta hostilidad sin medida. Fuera de cámara se encuentra Max (Conner O’Malley), quien supuestamente abandonó el lugar tras una discusión banal.

El alcohol, la droga y las rencillas personales calientan los ánimos, hasta que un apagón impone una tensa calma. Desesperados por entretenimiento, los amigos inician el juego de salón del asesino. Un villano designado por secreto “mata”, tocando a los demás en la oscuridad, mientras los sobrevivientes tratan de descubrir su identidad. El juego se vuelve mortalmente serio cuando descubren un cadáver en la terraza. La histeria rivaliza con la furia de los elementos. La paranoia y los resentimientos florecen con tal vigor, que realmente no necesitan a un psicópata que los extermine. Ellos pueden hacer el trabajo.

La directora holandesa Halina Rijn trae un ojo foráneo, que observa con desprendimiento clínico los excesos del privilegio estadounidense. La mansión es un templo a la vulgaridad adinerada. Su visión formalista le da un barniz de ambición artística al material: véase cómo introduce a los personajes en tomas que parecen retablos, irónicamente sumergidos en la piscina y viendo hacia la cámara.

Este gesto invoca el espíritu de “Clímax” (Gaspar Noé, 2018), otra película —muy superior— sobre un grupo de gente joven, circunstancialmente aislada, que termina destruyéndose entre sí. Pero bajo el sensacionalismo, Noé decía mucho sobre la debilidad humana, el impulso artístico y la identidad nacional. Rijn es talentosa, pero el guion no le da mucho con qué trabajar. No tiene mucho que decir sobre esta generación, o que representan dentro del orden social.

Los personajes están reducidos a ser una colección de características y símbolos, aderezadas con las personalidades que proyectan en la esfera de la celebridad. Ese es el caso de Davidson y su David. El comediante cultivado en las filas de “Saturday Night Live”, subió en popularidad a través de su noviazgo con Kim Kardashian y otras glamorosas mujeres mayores. Es el gracejo que todos aman odiar, o viceversa. El destino de su David es conectar con la dinámica tóxica de las redes sociales que le han servido como bendición y maldición en partes iguales. Alice produce un pódcast que sus amigas escuchan solamente para burlarse de ella. Emma es una actriz e ‘influencer’, pero claro, ninguno de ellos trabaja para vivir. Los padres invisibles pagan por todo. El único personaje medianamente simpático es Bee, porque es el único con que la audiencia puede identificarse. Más que un ‘thriller’, “Bodies, bodies, bodies” es una fantasía populista: los ricos son tan malos como te imaginas, pero por lo menos, aquí les dan un escarmiento ficticio.

El problema está en que los personajes no tienen vida propia más allá del simbolismo. Las referencias culturales los arropan para cubrir el vacío: por ejemplo, la peligrosidad del novio de Alice repunta cuando descubren que lo conoció a través de una aplicación, apenas días atrás. Los realizadores tienen el acierto de reclutar actrices talentosas, que han sobresalido en filmes notables. Bakalova fue justamente nominada al Óscar como Actriz de Reparto por “Borat Subsequent Movie Film” (Jason Woliner, 2020), pero le será imposible reconocerla. Bee es apenas el bosquejo de un personaje. La única que se salva es Sennott, mostrando que “Shiva Baby” (Emma Selligman, 2020) no fue una anomalía.

Desde el inicio hasta la anticlimática ironía del desenlace, “Bodies, bodies, bodies” derrocha actitud para ocultar su pobreza. Flaco favor le hace a la generación que pretende satirizar.

“Muerte, muerte, muerte”
(Bodies, Bodies, Bodies)
Dirección: Halina Reijn
Duración: 1 hora, 35 minutos
Clasificación: * * (Regular)


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