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Historias

¿Mamá a la cocina y papá al trabajo?: ¿Cómo romper los estereotipos de género en Nicaragua?

Sí es posible luchar y romper los estereotipos de género en la pareja y tener una mejor convivencia, confirma socióloga María Teresa Blandón

A las mujeres tradicionalmente se les demanda dedicar su vida al cuidado de los otros: hijos, pareja, padres o cualquier otra persona dependiente. A los hombres, por el contrario, se les privilegia al eximirlos de las mismas responsabilidades. “Allí tenemos un problema serio”, advierte la socióloga y feminista nicaragüense María Teresa Blandón, quien conversó con Revista Niú sobre la construcción de nuevas masculinidades en Nicaragua, a propósito del próximo Día del Padre Nicaragüense, que se celebra cada 23 de junio.

Bajo una nueva perspectiva sobre el ejercicio de la paternidad en el país, en Revista Niú nos hemos propuesto analizar cómo podemos avanzar hacia una verdadera equidad de género e igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres y el papel de los roles de género en la paternidad y la maternidad.

Sobre los estereotipos o roles de género, Blandón sostiene que “es necesario cuestionar estas ideas, generadoras de desigualdad y de violencia” y propone alternativas de cambio.

La socióloga y feminista habla sobre “una nueva masculinidad” y explica cómo “transformar ciertas prácticas, creencias, y hábitos”, inculcadas a los hombres.

“Nuevas masculinidades se refiere a una manera más humana, dialogante, con mejores formas de comunicación, responsabilidad con los vínculos afectivos, también con las relaciones y las forma de comportarse en los espacios públicos; que no atenten contra la dignidad y la libertad de otras personas”, detalla.

Se trata, continúa, de “no reproducir un modelo que a la larga hace daño a los niños, niñas y adolescentes” y también “es una manera de decir que los hombres no están condenados a ser como la cultura machista históricamente ha dicho”.

Según Blandón, “necesitamos encontrar un nuevo equilibrio en las relaciones entre hombres y mujeres en todos los ámbitos: en lo sexual, lo económico, en lo político; tenemos que trabajar para cerrar la brecha de desigualdad”.
La brecha que existe entre hombres y mujeres no se le limita únicamente a la distribución de actividades domésticas, explica la sociologa y feminista.

En términos generales, los roles de género se refieren a las “construcciones sociales que conforman los comportamientos, las actividades, las expectativas y las oportunidades que se consideran apropiados en un determinado contexto sociocultural para todas las personas”, según detalla el sitio web de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Blandón indica que es necesario que los hombres reconozcan el efecto negativo que tienen “algunas concepciones viejas” de la masculinidad y que reproducen conductas machistas, como la violencia de género, la homofobia y la lesbofobia. Asimismo, destaca la importancia de reflexionar sobre esta problemática, no solo en el hogar, sino en otros ámbitos de la sociedad para eliminar toda esas prácticas desiguales y abusivas.

¿Cómo cree que los roles de género impuestos a la maternidad y paternidad influyen en Nicaragua? ¿Cómo cree que condicionan la lucha por la igualdad entre los géneros?

Aún hay demasiada gente que sigue considerando que a las mujeres les debe de tocar, por encima de todo, el cuidado de la vida, no solo parir, porque evidentemente podemos hacerlo; amamantar y cuidar las criaturas, sino que eso se prolonga sin límites.

Las mujeres son las que tienen que dejar sus trabajos, abandonar proyectos o tienen que renunciar a otros deseos para concentrarse, muchas veces, exclusivamente en el cuidado de los niños y de las niñas, pero ya no solo eso, sino también de los enfermos y de las personas con necesidades especiales. Entonces, ya se nos considera para dedicar nuestra vida al cuidado de los otros.

Los hombres, en cambio, tienen una serie de “privilegios”; uno de esos es precisamente que no tienen las mismas responsabilidades que se le asignan a las mujeres, en el ámbito de la reproducción y del cuidado de la vida. Allí tenemos un problema serio, porque todos reconocemos que la sociedad quiere reproducirse, no solo en un sentido físico-biológico, sino también en un sentido cultural, entonces el problema es que los hombres —demasiados en realidad— se desentienden de esto que debería de ser el centro de nuestras preocupaciones y de nuestros compromisos.

¿Qué se puede hacer para cambiar esta realidad?

Para empezar tenemos que reflexionar sobre estos temas, y la necesidad de cambiar. Necesitamos transformar todos estos imaginarios sociales que refuerzan esas desigualdades e injusticias, que se cometen a partir de esa estructura de género desigual. Tendríamos que hacerlo todos y todas. Es una responsabilidad de todos los ciudadanos y las ciudadanas, cuestionar todas aquellas ideas que fomentan prácticas desiguales abusivas u opresivas. Para poder avanzar hacia una verdadera igualdad de derechos y de oportunidades entre hombres y mujeres, es necesario cuestionar estas ideas, generadoras de desigualdad y de violencia también.

¿Qué son nuevas masculinidades? ¿Y cómo impacta este concepto en el ejercicio de la paternidad?

Cuando hablamos de nuevas masculinidades nos estamos refiriendo a una masculinidad que es convencional, tradicional o antigua, y que desde nuestro punto de vista tiene rasgos muy negativos para los hombres. Pero también para los vínculos que establecen con otros hombres, con las mujeres, y también con la familia, etcétera. Hablamos de una nueva masculinidad porque pensamos que hay que transformar ciertas prácticas, creencias, y hábitos, que les han inculcado a los hombres.

Nuevas masculinidades se refiere a una manera más humana, dialogante, con mejores formas de comunicación, responsabilidad con los vínculos afectivos, también con las relaciones y las forma de comportarse en los espacios públicos; que no atenten contra la dignidad y la libertad de otras personas. Es no reproducir un modelo que a la larga hace daño a los niños, niñas y adolescentes, es una manera de decir que los hombres no están condenados a ser como la cultura machista históricamente ha dicho.

Con frecuencia a las madres se les pide participar más en las actividades del hogar que a los padres ¿De quién depende cambiar esta realidad?

Es una responsabilidad de hombres y mujeres. Por ahora son las mujeres las que han llevado la batuta, digamos, para reflexionar sobre estos temas, para evidenciar su malestar y su demanda de transformación de las relaciones entre hombres y mujeres, pero los hombres se han quedado rezagados, es decir, hay muy pocas iniciativas en Nicaragua y en otros países, de hombres que estén reflexionando sobre esta problemática.

Para empezar, hay una responsabilidad principalmente por parte de los hombres quienes se han tardado, ya estamos en el siglo 21. La mayor parte de los hombres en Nicaragua son jóvenes menores de 40 años, tienen que asumir el compromiso de cortar con viejas tradiciones que reproducen la desigualdad, eso por un lado, y por el otro, está el papel de las organizaciones sociales, el rol de las Iglesias para poder actualizar sus relatos y poner en primer lugar la dignidad de las mujeres, para acabar con la violencia y así construir relaciones saludables. Asimismo, el Estado, por supuesto, tiene una enorme responsabilidad en generar políticas públicas que puedan atender y corregir esta brecha de desigualdad entre hombres y mujeres, que operan en todos los ámbitos: en el social, económico, político y cultural, etcétera.

¿Cómo desmontar los roles de género para alcanzar la maternidad y paternidad responsable?

Necesitamos encontrar un nuevo equilibrio en las relaciones entre hombres y mujeres en todos los ámbitos, en lo sexual, lo económico, en lo político; tenemos que trabajar para cerrar la brecha de desigualdad. Porque si no lo hacemos, vamos a seguir teniendo muchísimas mujeres, pero también muchísimos niños y niñas, viviendo en situaciones de precariedad, de violencia, en situaciones de discriminación y de abandono. Necesitamos corregir eso si realmente estamos comprometidos con la vida, pues tenemos que estar también comprometidos con la equidad de género, es decir, un mejor reparto de responsabilidades y de oportunidades para hombres y mujeres, concretamente en el ámbito de la maternidad y la paternidad.

Y necesitamos, sobre todas las cosas, reducir la enorme carga que tienen las mujeres y eso solo se puede lograr si los hombres, todos los hombres, asumen la responsabilidad que les corresponde en la reproducción y en el cuidado de la vida.


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