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El poder de la palabra es el combustible de “Drive My Car”

Inventar, decir, escuchar y recontar, introduce el poder del lenguaje como uno de los grandes temas de “Drive My Car”.

Ryûsuke Hamaguchi es uno de los cineastas más importantes de nuestros días. Gracias al servicio de streaming MUBI, ahora puede descubrir porqué.

Yusuke Fusaku (Hidetoshi Najima) es un director de teatro. Oto (Reika Kirishima) es una guionista de televisión. Juntos conforman un matrimonio feliz, tan fuerte que sobrevive a la muerte de su hija. Que Oto tome amantes ocasionales tampoco hace mella en la unión. Al menos, hasta que un buen día, ella le pide hablar. Su tono es dulce y ominoso al mismo tiempo, pero la plática nunca tendrá lugar. Fusaku la encuentra inconsciente, en el suelo, víctima de un derrame.

¡Esto es apenas el prólogo! Algunas películas son tan elusivas y complejas, que reducir su esencia a unas cuantas líneas es imposible. “Drive My Car” es una de ellas. Hamaguchi ha creado un filme tan rico y humanista, que trasciende a la simple relación de hechos que configuran su trama.

Dos años más tarde, Fusaku viaja a Hiroshima para dirigir un montaje de “Tío Vanya”. El teatro exige que emplee un chofer. Se trata de Misaki Watari (Tôko Miura), una mujer joven con una misteriosa cicatriz en la mejilla. El director se muestra renuente a ceder el timón –a pesar del éxito material, el hombre está apegado a un viejo Saab rojo–. Pero Watari es estoica y eficiente, y pronto se gana su confianza. Juntos en la cabina del vehículo, construyen silenciosamente una especie de complicidad que les permitirá encontrar algo parecido a una resolución para sus traumas. La relación cruza clases sociales e imprime un carácter universal en su narrativa. Burgueses y proletarios sufren por igual.

Hamaguchi ejecuta una legítima proeza de adaptación al tomar el breve relato Murakami y expandirlo en una épica exploración sobre el amor, la mortalidad, el arte y el placer de manejar largas distancias en un carro viejo. Los fanáticos del escritor identificarán elementos de otras historias incluidas la antología “Hombre sin mujeres” (2014). Más que adaptación, estamos ante un ejercicio de expansión y enriquecimiento. El filme tiene una densidad literaria sorprendente. Como una gran novela, en un puñado de personajes contiene multitudes.

El prólogo explora la dinámica de la vida en pareja, a la vez que siembra semillas argumentales que florecerán en el resto de la película. Tome nota de la franca sensualidad. La primera vez que vemos a Fusaku y Oto, están haciendo el amor. En estos tiempos mojigatos, Hamaguchi reconoce el acto sexual como instancia de conexión humana. Para Oto, es un acto de creación, pero no de otros seres humanos –tras la pérdida de su hija, deciden no tener más niños–. En la relajación posorgásmica, la mujer inventa historias que relata cómo en un trance a su compañero de lecho. Al día siguiente, él se las recuerda y ella las escribe.

Esta dinámica, de inventar, decir, escuchar y recontar, introduce el poder del lenguaje como uno de los grandes temas de “Drive My Car”. Las obras de Fusaku reúnen a actores de diferentes nacionalidades hablando en sus lenguas maternas. Las líneas de texto, traducidas, se proyectan sobre las cabezas de los actores para beneficio de los espectadores. El elenco de su “Tío Vanya” incluye a japoneses, chinos, taiwaneses, filipinos y significativamente, a una joven surcoreana muda, que habla en lenguaje de señas. Con intensos ejercicios de lecturas, los actores terminan absorbiendo los fonemas desconocidos. El proceso es mecánico, pero sugiere que no tenemos que entender para cumplirle a los demás. Solo necesitamos escuchar.

Viajando en su carro, Fusaku escucha incesantemente un casete que Oto grabó. Lee todas las líneas de los personajes de la obra, excepto Tío Vanya. Esas las recita él mismo, pues además de dirigir, actúa. O actuaba. Tras la muerte de su esposa, no puede seguir haciéndolo. Exponerse emocionalmente en un escenario es imposible. La grabación, utilitaria, es ahora también un conducto fantasmal, que mantiene a Oto en el presente. Que Misaki no se oponga a escuchar, es como una primera manifestación de empatía.Cuando el pasado irrumpe, es a través de personajes que relatan lo sucedido. No vemos ‘flashbacks’ dramatizados.

Las personas hablan, estableciendo un puente de palabras entre pasado y presente. Al final, solo las palabras pueden vencer a la muerte. Lo difícil es decirlas, y escucharlas. Apenas estoy arañando la superficie de esta hermosa película. No se la pierda.

“Drive My Car”
(Doraibu mai kâ)
Dirección: Ryûsuke Hamaguchi
Duración: 2 horas, 59 minutos
Clasificación: * * * * * (Excelente)
* Disponible vía streaming en MUBI.COM


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