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Venganza al estilo vikingo: “The Northman” es un Hamlet más brutal

El grueso de la película es un drama pastoral de intrigas palaciegas en el inesperado escenario de una granja en Islandia.

El pasado le sienta bien a Robert Eggers. Sus dramas con matices de horror sumergen a sus personajes –y al espectador– en persuasivas reconstrucciones de la vida de antaño. En “The Witch” (2015) manifestó a Satanás acosando a una familia de colonos en 1630. En “The Lighthouse” (2021), dos guardas de faro en Nueva Inglaterra, en 1890, se empujan mutuamente a la locura con la ayuda de una sirena.

Su nueva película, “The Northman”, va más atrás, al año 895 AD. También, va más lejos, cruzando el mar hasta los países nórdicos. El joven príncipe Amleth es testigo del asesinato de su padre, Aurvandil (Ethan Hawke), rey de Hrafnsey. El responsable es su propio hermano, Fjölnir (Claes Bang), quien usurpa el trono y el lecho de la reina Gudrún (Nicole Kidman). Amleth escapa con vida y jura vengar a su padre, salvar a su madre y matar a su tío. Repite las promesas como un mantra. Engrosa las filas de una banda de vikingos y se convierte en un musculoso guerrero (Alexander Skåargard). Cada villa que arrasan, es entrenamiento para el caos que desatará.

Cualquier parecido con Hamlet no es coincidencia. Supuestamente, Shakespeare se inspiró en la leyenda sajona del príncipe Amleth para escribir su emblemática tragedia. El guion, acreditado al islandés Sjón y al mismo Eggers, soporta el trabajo más accesible del director, pero también el más convencional. “The Northman” es menos densa y verbal que sus películas anteriores. Las tempranas secuencias de acción, retratando las violentas invasiones vikingas, se registran como escenas de acción para aplacar al público taquillero.

También muestra cierta ambivalencia ante los elementos más fantásticos, cristalizada en una secuencia particular. Un brujo recomienda a Amleth buscar una mítica espada para ejecutar su venganza. Invade una cueva para recuperar una espada de la tumba de un guerrero. El cadáver cobra vida y ofrece resistencia. Amleth prevalece e inmediatamente vemos “la realidad”. La secuencia se repite, pero ahora arrebata el arma de un esqueleto que simplemente se desarma en polvo.

Otros elementos míticos se presentan sin menoscabo alguno. Cuervos que invocan el espíritu de su padre lo rescatan en un momento oportuno. Una legítima valquiria aparece en momentos cruciales, con todo y una vista del Valhalla.
El razonamiento es que si es real para los personajes, nosotros lo vemos como una realidad objetiva, también. Pero el episodio de la espada siembra la semilla de la duda. En “The Witch”, pasamos buena parte del metraje asumiendo que el terror que experimenta la familia ante el extravío de un bebé es producto de simple histeria religiosa, pero la conclusión revela que tenían toda la razón de estar aterrados. En “The Northman”, la revelación acarrea inconsistencia.

Los placeres de las películas de Eggers residen en su insularidad: la atención al detalle, la franca apropiación de la extrañeza del pasado, y lo foráneo del lenguaje. Aquí, delata una novedosa preocupación por el sentido del espectáculo, pero la película funciona mejor cuando deja atrás a las decenas de extras actuando como bandas de vikingos y aldeanos indefensos.

El grueso de la película es un drama pastoral de intrigas palaciegas en el inesperado escenario de una granja en Islandia. Mientras nuestro héroe maduraba en un coloso, el rey de Noruega destronó al usurpador, enviándolo al exilio. Aún en circunstancias disminuidas, Fjölnir administra su finca con despliegues de monarca, con sus esclavos como únicos súbditos. Amleth se hace pasar por uno más, mientras sienta las bases de su venganza. Su mejor aliada es Olga (Ana Taylor-Joy), una hechicera que se convierte en interés romántico del héroe. Necesitaran toda la magia que puedan conjurar.

La trama de venganza se siente familiar, pero la atención a los detalles es fascinante. Si cree que un entierro vikingo no pasaba de quemar un barco, prepárese para sorprenderse, u horrorizarse. Esta no es una película para espectadores de disposición delicada. Tampoco deje que la presencia de una estrella del calibre de Nicole Kidman lo engañe. Hasta ella se entrega a la visión de Eggers y hace propio el chocante espíritu de la época. Pero nada más extraño que Bjork. La cantante sorprende al asumir un pequeño papel, 20 años después de renunciar al cine tras sufrir una experiencia traumática en el rodaje de “Dancer in the Dark” (Lars von Trier, 2000). Si alguien pertenece a ese mundo, es ella.

“El hombre del norte”
(The Northman)
Dirección: Robert Eggers
Duración: 2 horas, 17 minutos
Clasificación: * * * (Buena)


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